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De lo que no hablaron Rajoy y Felipe VI

El presidente habla de la realidad que le conviene y se olvida de las víctimas que agonizan bajo sus cifras. El rey habla de la realidad solo lo conveniente. De corrupción pero no de su hermana, de los pobres pero no de quienes los provocan

Como diría William Randolph Hearst: "No permitas que la realidad te estropee un buen discurso de Navidad"

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Nadie espera a estas alturas que el presidente hable del país en el que vivimos la mayoría sino solo del País de las Maravillas en el que él se ha refugiado con los suyos, y la verdad es que no decepcionó esta falta de expectativas en su comparecencia navideña para hacer balance del año. Rajoy ve la realidad al otro lado del espejo, esto es, al revés de como la ven los que la sufren a este lado. Del rey, sin embargo, se esperaba el diagnóstico preciso de la situación que debería hacer el Gobierno y, a falta de nada mejor, bastó con que acentuase el papel de monarca atribulado para que la mayoría de los medios y partidos cayesen a sus pies rendidos. El reino también está al otro lado del espejo, todo del revés: el rey habla como si fuera presidente, el presidente habla como si fuera rey; y a la realidad, que le corten la cabeza.

Porque eso es lo que han hecho ambos: cortarle a la realidad la cabeza. El presidente, porque no habla más que de la realidad que le conviene. El rey, porque habló de la realidad solo lo conveniente. Dijo lo justo para que pareciese un discurso realista, pero no dejó de ser un discurso monárquico. Denunció la corrupción y la pobreza, pero reivindicó el sistema que las ha provocado. Se solidarizó con los que sufren, pero alabó los resultados de las políticas del Gobierno que causan tanto dolor. Atacó a los síntomas, pero defendió la enfermedad. Habló de la realidad, pero solo de aquella que se puede nombrar sin molestar. En resumen: parecía que se dirigía a nosotros pero, como siempre, como su padre, les estaba hablando a ellos.

De eso se trata, ni el presidente del Gobierno ni el jefe del Estado nos hablan a nosotros. Solo se envían mensajes entre ellos usando a los ciudadanos como excusa y a los periodistas como vehículo. El fin último no es mejorar nuestras vidas, sino mantener las suyas. Por eso no hablan de la gente. Por eso no hablaron de los 70.000 desahucios de este año, unos 200 al día; ni del aumento de las ejecuciones hipotecarias porque el Gobierno no ha hecho nada para detener esta hemorragia sangrante. Tampoco hablaron de los enfermos de hepatitis C que han acampado esta Navidad en el 12 de Octubre porque se mueren esperando a que el ministro de Sanidad les reparta el medicamento que les podría salvar la vida, ni del millón de inmigrantes a los que se ha expulsado del sistema sanitario ni de los cientos a los que se golpea y expulsa ilegalmente. 

Ni hablaron de los 31.000 ciudadanos con “gran dependencia” que en 2014 perdieron la ayuda, ni de los 63.000 dependientes que la han perdido desde que llegó este Gobierno, ni de las 300.000 personas con dependencia moderada que han seguido excluidas un año más. No hablaron de los ancianos a los que han congelado las pensiones y han obligado a repagar los medicamentos. Ni de que en España hay 3,5 millones de hogares que están mantenidos por los ingresos de los jubilados. Ni de las familias que no tienen para comer ni para alimentar a sus hijos ni para poner la calefacción o encender la luz este invierno. Ni de que hay políticos que se niegan a abrir los comedores escolares en Navidad para dar de comer a esos niños.

No, ellos hablaron de la “modélica” (Rajoy) y “ejemplar” (Felipe VI) sucesión, pero se olvidaron de explicar cómo la policía y la prensa cortesana silenciaron a los que querían aguarles la fiesta. Ellos hablaron de Cataluña, pero se olvidaron de los catalanes. Ellos hablaron de la corrupción, pero parecía que el problema fuese con otros. Ni Rajoy acusó recibo de los delitos de su partido, ni el rey se acordó de su hermana.

Ellos hablaron de la realidad que les interesa, no de la que les afea. De lo que no habló el presidente es de las víctimas que agonizan bajo sus cifras. De lo que no habló el rey es de la realeza. Ni de cómo va a modernizarse y legitimarse la Corona. Como hubiera dicho el magnate de los medios William Randolph Hearst, que tan buena propaganda habría hecho con ambos: “No permitas que la realidad te estropee un buen discurso de Navidad”.

Javer Gallego es director de Carne Cruda. Escucha el programa los martes y jueves a partir de las 12:00 en www.carnecruda.es.

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