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Los nuevos inseguros en la sociedad 5-75-20

Es necesario rediseñar las políticas públicas para relanzar la predistribución y dar seguridades de las clases de en medio

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En la sociedad 5-75-20, la parte central está constituida por los "nuevos inseguros".  Y todo ello en unos momentos en que no sólo aumenta la desigualdad, sino que como apunta Thomas Picketty en su libro ya referencial, El capital en el siglo XXI, la desigualdad basada en la renta heredada se va a reproducir como en el XIX y a principios del siglo XX. ¿No se ha logrado nada tras estos años de aplicación de las doctrinas socialdemócratas para una vida decente, como lo ponía  Olof Palme, desde la igualdad y la comunidad? ¿Estamos en estos términos donde estábamos hace un siglo o incluso antes? ¿En una nueva, pese a la crisis, Belle Époque para unos pocos?

Policy Network, un think tank europeo que emana del laborismo británico, ha elaborado un  buen análisis sobre esta sociedad y lo que debe hacer la socialdemocracia para triunfar, o volver a triunfar en ella. La sociedad 5-75-20 se refiere, más allá del famoso 1%, al 5% de ricos y que además van a ser más ricos con el "capitalismo patrimonial" que anuncia Picketty, la élite corporativa en la que, pese o gracias a los salarios de estos años en algunos sectores, va a volver a contar más de qué familia proviene uno o en qué colegio ha estudiado que qué trabajo tiene; a un 20% de pobres y marginalizados metidos en un círculo vicioso de bajos ingresos, desempleo, y cuando tienen trabajo, salarios sumamente bajos; y a un 75% en medio, que constituye la nueva mayoría. Pero es una mayoría de inseguros, con menos posibilidades vitales, menos oportunidades, más incertidumbre y en muchos casos reducciones salariales y de ingresos, y más precariedad. En Europa, es a estos en los que están haciendo mella los populismos que roban votos no sólo a la derecha sino también a la izquierda. Son los nuevos inseguros, que han de hacer frente al impacto de la globalización y de la tecnología. Los que antes, clase media, se sentían seguros, pero que ahora, cuellos azules y también cuellos blancos, compiten en el mundo con trabajadores lejanos, sobre todo de Asia, que les pueden quitar el quehacer, el trabajo. Son los preocupados por mantener a sus familias y cuidar a sus ancianos, pues la ayuda a la dependencia tiende a reducirse por doquier. Y temen que sus hijos vayan a vivir peor que ellos.

La izquierda debe atenderlos sin por ello desatender al 20% más castigado. Y para ello no bastará, indica el citado informe, la redistribución compensatoria. "La desigualdad, la polarización y la creciente inseguridad caracterizan la nueva estructura de clases de los países industrializados", se señala. Incluido, naturalmente, el nuestro. Con algunos datos significativos sobre el papel de los 20 millones de pequeñas y medianas empresas (PYMES) en la UE responsables del empleo de 90 millones de personas, y de un 85% de su aumento entre 2002 y 2010. Todo ello en un entorno en el que se han debilitado las estructuras de negociación colectiva que habían venido protegiendo a los empleos y niveles de vidas de los ingresos medios. Ni siquiera el sector público, como hemos visto en España, se ha mantenido con refugio seguro del empleo. A la vez, los sistemas impositivos son menos progresivos y menos redistributivos. A lo que hay que añadir la revolución inacabada de género, además del envejecimiento de nuestras sociedades.

¿Qué hacer en tales circunstancias? La predistribución –hacer que los mercados trabajen para la clase media, como la define Jacob Hacker-, y una gobernanza a distintos niveles. Y se proponen una serie de medidas, entre ellas reformas para corregir los desequilibrios sectoriales y de distribución; sistemas impositivos más progresivos; una reconfiguración de la estrategia educativa para hacer frente al reto de la tecnología y la automatización; democratizar el capital humano y la propiedad de los activos; la expansión de empleos en el sector del cuidado para aumentar las oportunidades de trabajo y mejorar la atención social; el impulso a la igualdad de género; etc. Es decir, que se está buscando una salida que no consista en una vuelta a una socialdemocracia defensiva o conservadora. Pues ese ha sido el destino de la socialdemocracia: haber inventado el mejor sistema del mundo, pero haberse convertido en una fuerza conservadora, aunque haya muchas cosas dignas de conservar como recordara Tony Judt. Que se diseñen políticas de bienestar que resulten atractivas para ese 75%, y beneficien a la vez, al 20%, más que centrarse en la desigualdad entre lo de más arriba y los de más abajo, que es el debate que domina al fijar la atención en el famoso 1% más rico.

Con lo que volvemos a Picketty que, pese a su análisis sombrío, también concluye que las políticas públicas pueden marcar una enorme diferencia. Y de eso se trata. De rediseñarlas.

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