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La recuperación más grande jamás contada

Rosa María Artal

Debe de ser verdad esta vez que la recuperación económica ya está aquí y ha venido para quedarse. Nos lo dicen personas de intachable credibilidad como Mariano Rajoy o Cristóbal Montoro ¿Alguien podría dudar de su palabra? ¿Y sólo de la suya? Incluso el heredero de traga marrones gubernamentales y declara sin mover una pestaña que esa recuperación “tiene cimientos sólidos” y “datos elocuentes”. Y el banquero Botín ve el dinero llegando a España a raudales en ese momento “fantástico”. Cómo será que los medios de eso que gustan llamar los extremos del espectro político se apuntan con similar entusiasmo a este momento sin par.

¿Cómo, pues, podemos cuestionar ese maná que ya llega con sus varios cuernos de la abundancia prestos a desparramarla sobre nosotros? Son fruto además de la eficaz, valiente y lúcida gestión de un hombre como pocos: Mariano Rajoy. Se lo dice él mismo. Esta esplendorosa situación que vive España se debe a sus reformas. Un solo hombre al mando de un equipo de deslumbrantes primeras figuras “ha dado la vuelta a los augurios catastrofistas”, como jalea ABC. No eran datos, no lo son, es bola de cristal la que evidenciaba la entrada en la precariedad y ésa se ha ahuyentado. También los mercados “auguran” recuperación –en este caso, y ahora– en la versión de El País, que proclama que “España se despide de la recesión más larga de la democracia”. Adiós, bon voyage.

La recuperación, en su entrada triunfal en España, ha dejado en la cuneta, eso sí, a millón y medio de españoles más –duplicando la cifra previa a la crisis– recién caídos en la bolsa de la pobreza severa. Esa lluvia de millones –de euros, dólares, juanes o billetes del Monopoly– que descarga sobre este país los ha arrojado a una esquina donde parece que hay poco más que hambre. Y varios millones más guardan turno en la antesala. Ya no hacen falta más recortes, ni repagos. Los casi nuevos 20.000 millones de tijera que promete el Gobierno a hasta que acabe la legislatura son por el gusto por la austeridad que hemos adquirido los españoles. Los de a pie, que los dirigentes del PP se sacrifican con jugosos complementos a su sueldo en, ay, quizás algunas cosas más que nadie –dicen– podrá probar. Quizás.

Volverán las pensiones, que seguirán siendo casi las más pobres de Europa pero al menos sin recortar, como se ha aprobado ya. Volverán las mamografías. Volverán las vacunas para la varicela. Vaya, pues si acaba de comenzar su restricción en plenos brotes verdes de recuperación. Volverán, a este paso, hasta las oscuras golondrinas.

Fluirá el crédito para las empresas y no tendrán que cerrar 9.000 más este año como prevén sus organizaciones. Pagarán sus deudas adquiridas y se alejarán del récord de morosidad que acaban de alcanzar. Y crecerán el consumo y las ventas en la industria y en el sector servicios, que están cayendo en picado. Ahora mismo, en un momento fatal y de lo más insolidario con el discurso del Gobierno, la banca, el Príncipe y los medios informativos de referencia: mira que no enterarse de la recuperación.

Habrá empleo, al menos se podría volver a las cifras en las que lo cogió Rajoy de un millón de parados menos. Regresarán a casa los emigrantes de todas las edades. En este punto no deja de ser curioso que el presidente, al tiempo que hablaba de la milagrosa recuperación de España, agradeciera a los países iberoamericanos la acogida de emigrantes españoles. Pues ¿no era hasta ahora al revés, que ellos venían aquí? Un momento óptimo vive España.

Se han reactivado un poco las exportaciones, es un signo trascendental. La bolsa está que se sale y nosotros, los ciudadanos, no damos abasto a recoger beneficios. La cola del paro se entretiene mirando el progreso de las cotizaciones. Entra el dinero a espuertas al punto de cegar a banqueros, príncipes y medios informativos del partido, o en apuros económicos. La verdad es que vienen a rapiñar en esta España que el PP ha puesto en venta y de saldo. Fondos buitres para que especulen con nuestros ahorros, solares, edificios u hospitales. Y hasta con el jamón, el pan y la horchata, nada está ya vedado. Y grandes fortunas rusas, chinas, a las que no se pide su historial –limpio o sucio–, adquiriendo propiedades y nacionalidad.

Y a la postre, el relaxing café con leche de siempre. El inflar expectativas que tratan de confundir deseo y realidad para ganar unas pocas voluntades –al menos, de las escasamente aficionadas a cuestionamientos–. No hacen falta muchas, las suficientes para mantener el tinglado. En Portugal –que también ha “salido” de la recesión– anda la gente a voz en grito porque, recuperados y todo, protestan los muy ingratos de que continúen los brutales recortes.

¿“Cimientos sólidos”? ¿La “recuperación”? ¿Qué ha cambiado del modelo económico? ¿Se ha reactivado la ciencia o se la ha cercenado? ¿Pulirse todo el patrimonio público español –y hasta privado– en la nueva versión de la burbuja es un proyecto perdurable? ¿La radical desamortización del Estado emprendida garantiza nuestros derechos? ¿Seguir masacrando a los españoles con recortes de sueldos y servicios sienta alguna base de desarrollo?

Hay un país que ve el Gobierno, los banqueros, los medios de comunicación más poderosos y O eso nos cuentan. No estaría de más que nos invitaran a vivir en él. Por cierto, ¿y qué tal Bárcenas?

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