📩 BOLETÍN | La piel del oso
Hola,
También hoy amanece, que no es poco. ¡Buenos días!
Esta mañana hablamos de…
... los aires de remontada en la izquierda
El terremoto que ha provocado en la derecha la victoria de Lula en Brasil ha contagiado de euforia a la izquierda española. Mientras Sánchez cree que lo que ha sucedido allí también ocurrirá aquí, Ada Colau dice que en España toca tomar el relevo e Irene Montero celebra la victoria frente a “los dueños del mundo”. Sin embargo, las encuestas para el 29N siguen dando mayoría absoluta a las derechas, aunque muestran cierto repunte de una izquierda que se está movilizando.
Y quizá sea porque la derecha española, al igual que ha hecho la brasileña, está cruzando ciertas líneas rojas en comunicación política y está consiguiendo activar a votantes de izquierda que quizá no pensaban votar. Lo analiza aquí Iñigo Sáenz de Ugarte. Para que haya ‘juego limpio’, Colau ha llegado a pedir por carta a Feijóo, Sánchez y Abascal que se comprometan a no usar la IA en campaña.
Es difícil que el PP y Vox accedan. Quieren usar todos los recursos y no se fían del todo de las encuestas: lo muestra el acuerdo al que finalmente han llegado para tratar de asegurarse un rodillo de 3/5 en el Senado. Como escribía este fin de semana Ignacio Escolar, con ese pacto buscan incumplir la Constitución y tomar el control del Tribunal Constitucional. Se trata de un acuerdo de mínimos, por el que Vox no se presentará en seis provincias y se integrará en las listas del PP, y los de Feijóo harán lo mismo en Gipuzkoa, Girona y Tarragona, dejando que Vox los represente allí.
- Entre tanto ruido, un silencio. Ayer falleció un alcalde de los que dejan huella en los vecinos y en su ciudad. El socialista Alfredo Sánchez Monteseirín, quien más tiempo ha estado al frente del Ayuntamiento de Sevilla (entre 1999 y 2011), murió a los 69 años. Los elogios se han sucedido desde todo el arco político para recordar al alcalde que logró llevar a Sevilla hacia el siglo XXI.
¿A quién benefician los disturbios en Europa?
En el inminente ciclo electoral en el que se sumerge la Unión Europea, con elecciones en España, Francia, Italia y Polonia, hay alguien muy interesado en que los partidos de ultraderecha lleguen al Gobierno. Ese alguien es Vladímir Putin. Por eso, tras los disturbios de estos días en medio continente, el diagnóstico de Kirill Dmitriev, enviado presidencial del Kremlin para la inversión extranjera, es clavado al de Trump –diciendo que París será pronto una ciudad musulmana– o el de Abascal –avisando de que Catalunya se va a convertir en un califato islámico–. Los incidentes en Europa, según el dirigente de Putin, son una muestra del “suicidio de la civilización occidental a causa del caos migratorio”. Rusia quiere Gobiernos ultras en Europa que se alineen con Trump y aflojen su apoyo a Ucrania. Ahí sí que Occidente se pegaría un tiro en el pie, quedando a merced de una mayor influencia rusa, pero eso a la extrema derecha europea le da igual.
En cuanto a los disturbios en Barcelona, todavía no se sabe quién los instigó, pero la convocatoria en redes sociales –en los llamados grupos Blocus– no parece haber sido espontánea: era muy similar a la de otras ciudades y países, mediante carteles hechos con IA, llenos de lemas desconectados de la realidad local, mezclando banderas independentistas sin ninguna alusión en catalán y con mensajes genéricos contra “el sistema” o por la calidad “del instituto” (sic). Ayer los Mossos identificaron a varios jóvenes ante una nueva convocatoria en redes. Esta violencia teledirigida es ideal para neutralizar el efecto de las protestas pacíficas desde la izquierda y movilizar hacia la derecha al electorado moderado. Huele raro.
- El agitador agita. El ultra Vito Quiles había planeado un acto en Bilbao que luego canceló, lo que no evitó graves disturbios a última hora de la tarde en la capital vizcaína. Hubo una veintena de detenidos. Previamente, dos protestas antifascistas terminaron sin incidentes y, para añadir más ruido a la jornada, un juzgado de Madrid emitió una orden de arresto contra Quiles por un delito de odio contra una mujer con discapacidad intelectual.
Hoy, en Un tema Al día
Elecciones en Israel: el genocidio en una papeleta
Este martes en el podcast, abordamos cómo Israel acude hoy a las urnas tras el genocidio en Gaza y más de 70.000 muertos. Benjamin Netanyahu, líder más longevo del país con 19 años en el cargo, busca la reelección mientras se apoya en Donald Trump. Analizamos estas claves y su impacto en Washington junto a Andrés Gil, corresponsal en esa ciudad, y Francesca Cicardi, periodista de elDiario.es vetada para cubrir la cita en suelo israelí.
Que no se te pase
- Si estás en València mañana, esto te interesa: nos trasladamos a Catarroja dos años después de la dana para conversar sobre los retos pendientes. A las 18:30, Raquel Ejerique, adjunta al director de elDiario.es, moderará una conversación con Sergi Pitarch, director de nuestra edición valenciana; Ruth Moyano, integrante de los Comités Locales para la Reconstrucción, y Lorena Silvent, alcaldesa de Catarroja. Reserva aquí tu entrada.
- 'Coliving' la vida cutre. La Justicia ha frenado la cruzada de una comunidad de vecinos de Madrid contra el propietario de un piso que alquila habitaciones con derecho a baño y cocina (lo que en jerga pijo-inmobiliaria se llama coliving). Los jueces dicen que el veto a los pisos turísticos no afecta a esta modalidad de alquiler, y como el Supremo no ha dicho ni mu sobre el 'coliving', a los vecinos solo les queda modificar los estatutos de la finca y prohibir así el troceo especulador. Pero para reformar los estatutos, toda la junta de vecinos debe votar de forma unánime (entrañable quimera).
- Esas sucias manos sobre Elvis... A la inteligencia artificial de Anthropic le ha dado por rocanrolear sin pagar entrada: los herederos de los derechos de Elvis la han demandado por usar 274 canciones de 'El Rey' para educar a sus algoritmos. La empresa jura ser inocente, pero los derechohabientes (bello palabro) le exigen la módica cifra de 41 millones de dólares, casi 150.000 por canción
El bisturí de la lengua
Empuje
Este sustantivo deriva del verbo 'empujar'. Hasta ahí, todo fácil. Pero dice la RAE que 'empuje' quizá provenga del latín tardío impulsare 'impulsar'. También lo dice el diccionario etimológico de Joan Corominas, y añade varios elementos curiosos.
Uno, que 'empuje' se fijó en castellano tarde, en la segunda mitad del siglo XVIII (mucho después que 'empujón', que llegó en 1495). Otro, y aquí empieza lo problemático, que 'pujar' es una palabra afín a 'empujar', pero solo cuando procede del latín pulsare y significa “hacer fuerza para pasar adelante”. Sin embargo no hay que confundirla con otro 'pujar', que significa 'aumentar el precio' o 'subir', que provendría del latín vulgar podiare y de podium (altozano), y este del griego πόδιον ('pie' o 'base'). De ahí llegaría también al catalán en palabras como puig (pico o cima) y al castellano en las maravillosas 'poyo' y 'poyete'. En definitiva, que hay polémica: ¿por qué la terminación '-puje' de la palabra 'empuje' tiene que venir de pulsare y no de podiare? En estos berenjenales la RAE no entra.
En inglés –y esto sorprenderá a más de uno–, 'pujar' pasó desde el latín pulsare a convertirse –a través del francés medio– en el verbo to push. De pulsare también procede el verbo asturiano 'puxar' –del grito 'puxa Asturies'–, en el mismo sentido que el castellano 'pujar': hacer fuerza para pasar adelante. En Física, el 'empuje' es una fuerza que se opone a otra. Se fundamenta por la tercera ley de Newton, quien lo explica con esta célebre frase de sus Principia: “Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria”. Ese mecanismo de acción-reacción es instantáneo en la Física. En la vida real, la reacción quizá tarda algo más en llegar. Pero llega.
Esto es todo por hoy.
Un abrazo,
Toño
Sobre este blog
‘Un boletín Al día’ es la newsletter matinal de elDiario.es que presenta al lector los asuntos más importantes de la actualidad, con las claves para evitar el ruido y neutralizar la desinformación, desde la mirada propia de Toño Fraguas.
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