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La cultura no se destruye

Juan Manuel Gil

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Lo que ha estado dándolo todo durante esta semana ha sido el Hay Festival de Cartagena (Colombia). No busques creadores por las calles de tu ciudad. No busques escritores en los bares de la bohemia. No vas a dar con ellos. Están cruzando el Atlántico de vuelta a casa. Si el otro día rescataba aquí las palabras de Álex de la Iglesia sobre el cine y Hollywood, ahora tengo que hacer lo propio con el escritor Javier Cercas, que también ha tenido su momento allende los mares.

Resumen de la idea principal: desmiente en parte que la cultura esté inmersa en una dura crisis. Cosa que, la verdad, nos alivia bastante en un continente donde la prima de riesgo, el índice de transparencia y la cifra de desempleados emergen con las primeras luces del día. Según la Agencia EFE, Javier Cercas afirmó que no cree “que la cultura vaya a desaparecer, se va a transformar, el problema es hacia dónde va, porque la cultura no se crea ni se destruye, sólo se transforma, la cuestión es hacia dónde va a cambiar, hay que intentar que cambie para bien y no para mal”.

El autor de Las leyes de la frontera fue ambicioso en sus planteamientos e indicó que el verdadero desafío de los tiempos que corren es que los lectores crezcan hasta llegar a la alta cultura, y no a la inversa. Por eso, según él, el Hay Festival es un espacio adecuado para aproximarse a los libros, a sus autores y a sus ideas. “Leer libros y después escuchar a sus autores es una experiencia muy enriquecedora, la conversación espontánea con un escritor te da cosas que no te da un libro”, señaló el escritor. “Escuchar la pasión que pone en su manera de hablar Mario Vargas Llosa cuando algo le importa verdaderamente es ese tipo de cosas que no se pueden traducir a la escritura”. No descubre la penicilina, pero subraya verdades.

Nos quedamos con la dosis de optimismo de su mensaje: la cultura no está tan en crisis como se airea por ahí. Nos quedamos con su explicación: la cultura, al igual que la energía, sólo se transforma. Nos quedamos con los beneficios balsámicos de acercarnos a los autores: hay cosas que no se pueden imprimir en las páginas de un libro. Y, sobre todo, nos quedamos con las más de 47.000 personas que acudieron al Hay Festival de Cartagena. Esa cifra por sí sola da respuesta a alguna que otra pregunta importante. Sobre todo en España. Al parecer, en contra de lo que algunos vociferan, la cultura es un deber viable y sostenible. Siempre y cuando los dirigentes de un país no la lleven a la asfixia con vendettas ideológicas e impuestos irracionales.

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