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PP borroka

Manifestantes en contra de Pablo Casado ante la sede del PP el pasado domingo.

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La lucha callejera ha vuelto a nuestro país, si es que alguna vez se fue. Ha sido la capital la que nos ha enseñado a los pobres provincianos, justo al día siguiente de unas deslucidas manifestaciones por la Sanidad Pública, lo que de verdad se puede conseguir mediante la propaganda por los hechos. “Rodea la Sede”: ese podía ser el lema que este domingo llevó a miles de enfurecidos militantes a coordinarse para intentar asaltar el cuartel general de una organización “política” que, según algunos juristas de reconocido prestigio y solvencia, hace tiempo debería estar ilegalizada. El grito de guerra era unánime: “Libertad” frente a los “traidores del pueblo”, según recogen las crónicas de los más intrépidos periodistas desplazados al corazón del conflicto.

Fue una acción directa ejemplar: la enfervorecida masa logró cortar una calle del centro de la capital, ni más ni menos que la de Génova. A pesar de semejante altercado, en un alarde de admirable astucia, los activistas lograron evitar cualquier posible reconocimiento facial: sus rostros estaban convenientemente cubiertos por mascarillas quirúrgicas, que por lo demás exhibían los emblemas de esta épica batalla: la estrella marxista (camuflada como parte de la bandera de la Comunidad de Madrid, aunque a mí no me la cuelan), o las franjas rojigualdas, que nos representan a todos, a todas, a todes. Las mascarillas unen y salvan vidas del pueblo, las traiga de gratis una ONG o el hermanísimo comisionista. No es tan difícil de entender.

Aún sigo sobrecogido a causa de algunos de los vídeos que he podido ver en Twitter, en especial con la primera línea, esa vanguardia de señoras de edad. Se trata, sin duda de otro alarde de tacticismo, otra lección magistral: ningún antidisturbios, ni siquiera los de la serie esa tan malintencionada, se atrevería a cargar contra semejante columna. ¿Es o no una genialidad? Con sus peinados enhiestos de laca podrían causar en cualquier momento un incendio sin necesidad de los engorrosos cócteles molotov. Por si fuera poco, para desorientar a las fuerzas represivas, esas señoras se hacían las despistadas, como si fuera su primera acción, como si precisamente no estuvieran curtidas en el fragor de la guerrilla urbana. De ese modo fingían no darse cuenta de que algo, la rima sin ir más lejos, no terminaba de funcionar en su cántico: “Luego dirán que somos cinco o seis”. A mí, repito, no me la cuelan.

Aún sigo sobrecogido a causa de algunos de los vídeos en Twitter, en especial con la primera línea, esa vanguardia de señoras de edad. Se trata, sin duda de otra lección magistral: ningún antidisturbios se atrevería a cargar contra semejante columna

Aquello fue una especie de festival de la fraternidad, el Génova Fest. Nunca antes habían cobrado tanto sentido los versos de la catalana, con perdón, Rigoberta Bandini: “Paremos la ciudad sacando un pecho fuera al más puro estilo Delacroix”. Esa letra contiene un mensaje cifrado. Pongan unas estrellitas a la bandera del famoso lienzo y sustituyan el rostro de la insulsa francesa por el de nuestra nueva reina Isabel (reina nunca monárquica, sino del pueblo, popular, que no se me malinterprete). Comprenderán así que, en realidad, la cancioncilla de la teta no es tal, sino el himno que llamaba a los disturbios madrileños; nuestro Grândola carpetovetónico, para entendernos. De ahí que los poderes mediáticos y fácticos sabotearan la votación del Benidorm Fest, faltaría más. Pero no les sirvió de nada.

No sabemos si se cumplirá eso de “¡Casado, bandido, deja el partido!”, aunque todo indica que sí, que los nuevos “borrokas” de la lucha social se apuntarán un tanto inolvidable, que harán que suene otra vez aquel viejo tema de los argentinos Las Manos de Filippi: “Los mejores, los únicos, los métodos piqueteros./ Corte de ruta y asamblea”. Seguramente no sigan con los siguientes versos: “Que en todos lados se vea/ El poder de la clase obrera”. O sí, aunque con algún cambio que otro: “Que en todos lados se vea/ El poder de los cayetanos”. Total, ya hemos comprobado que esta revolución acabará incluso con rémoras como la rima. Así que, desde aquí, mi más sincero agradecimiento.

Gracias Casado, Ayuso y asesores respectivos. Nos habéis devuelto la esperanza: a las barricadas, que la lucha sigue.

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