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La invasión de Ucrania y la manipulación españolista del relato histórico

Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Huelva
Vladimir Putin. EFE/EPA/SERGEI GUNEYEV/SPUTNIK/KREMLIN POOL

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Según el diccionario de la RAE, invadir equivale a “irrumpir, entrar por la fuerza”, y también a “ocupar anormal o irregularmente un lugar”. Teniendo en cuenta la fuerte carga peyorativa asociada a esa segunda acepción, que permite diferenciar la idea de “invasión” de la de una mera “conquista”, no resulta extraño que el Gobierno de Putin haya prohibido a los medios de comunicación rusos usar dicha palabra, entre otras, para describir la acción militar sobre Ucrania.

El deseo de evitar que Rusia aparezca como agresora se corresponde con la necesidad de crear un relato de los hechos afín a sus intereses, un relato que permita justificar la intervención en Ucrania, presentándola, no como una “ocupación anormal o irregular” de ese territorio, sino como una acción lógica y necesaria. Se trataría de una legítima intervención en el territorio que estaría en el origen mismo de la nación rusa, el Principado de Kiev, fundado por la dinastía rúrika a mediados del siglo IX. Todos los tiranos saben que fomentar el patrioterismo manipulando el pasado es la mejor forma de legitimarse a sí mismos, y Putin no constituye una excepción al respecto, como ya ha demostrado en ocasiones anteriores.

El de Ucrania no constituye un caso único, sino todo lo contrario. La selección del vocabulario como técnica de manipulación de la información y del relato representa una constante que podemos analizar en cualquier conflicto político o social

La dramática guerra de Ucrania revela, en toda su crudeza, cómo el poder intenta manipular la información, pero también indica, al mismo tiempo, la importancia que posee la utilización del vocabulario en ese proceso. Una importancia que, frente a lo que algunos pretenden, no reside en una mera cuestión de corrección política, sino en la necesidad de controlar la elaboración del relato de los acontecimientos. El de Ucrania no constituye, desde luego, un caso único, sino todo lo contrario. La selección del vocabulario como técnica de manipulación de la información y del relato representa una constante que podemos analizar en cualquier conflicto político o social, sea del presente o del pasado. El complejo desarrollo del período medieval en la Península nos ofrece un observatorio idóneo para comprobar la aplicación de esta técnica de manipulación a lo largo de un amplio período, que se extiende desde el siglo XIX hasta la actualidad. El pasado medieval, en efecto, ha sido utilizado de forma sistemática para fomentar sentimientos patrioteros, sobre todo españolistas, en un ejemplo paradigmático de subordinación del relato histórico al discurso identitario nacionalista.

Tal vez el mejor ejemplo al respecto sea, precisamente, la extraordinariamente tendenciosa utilización de la palabra “invasión”. Hasta épocas muy recientes, “invasión” ha sido la única palabra empleada para describir la llegada de los musulmanes a la Península a comienzos del siglo VIII. Asimismo, de forma similar, se ha utilizado para caracterizar la intervención de las sucesivas dinastías beréberes entre los siglos XI y XIV (almorávides, almohades y meriníes). En cambio, nunca se ha usado en sentido contrario. Es decir, la palabra “invasión” jamás ha servido para definir el proceso de expansión de los reinos católicos peninsulares sobre el territorio musulmán, de tal forma que la expresión “invasión católica de al-Andalus” resulta, sencillamente, inexistente. En su lugar, la historiografía españolista acuñó, ya desde el siglo XIX, la palabra Reconquista, que contiene una fuerte carga de tendenciosidad, al presentar la conquista de al-Andalus como la legítima recuperación de un territorio previamente arrebatado.

Pero Reconquista no ha sido el único término usado en la historiografía española para legitimar la nunca nombrada “invasión católica de al-Andalus”. Con frecuencia se ha recurrido, asimismo, a la palabra “incorporación”, otro artificio léxico que, mediante un sencillo cambio del sujeto de la acción, permite soslayar la violencia asociada a la actuación del agresor. En efecto, en la expresión “la incorporación de Granada a la Corona de Castilla” (título del libro de un célebre medievalista), el sujeto de la acción no es una Castilla que conquista o invade el emirato nazarí Granada, sino que es Granada la que se “incorpora” a la Corona de Castilla, enmascarando, así, el hecho de que dicha “incorporación” fue, en realidad, el resultado de la guerra librada por los Reyes Católicos. Huelga decir que tampoco a ningún historiador español se le ha ocurrido nunca hablar de “la incorporación de Hispania al califato Omeya de Damasco” para describir los hechos que comienzan en 711.

El uso selectivo, tendencioso y sesgado de la noción de "invasión" en la tradición española nos dice mucho respecto a qué sectores son los que han conseguido imponer su relato histórico hasta el momento actual en nuestro país

Precisamente coincidiendo con la conmemoración de la Toma de Granada, hace unos años un conocido dirigente de la ultraderecha española afirmaba que la Reconquista no terminó en 1492, sino que sigue estando vigente contra “la invasión del islamismo radical”. No puede resultar extraño, por lo tanto, que desde la derecha más ultranacionalista se continúe usando dicho concepto para legitimar un discurso xenófobo dirigido en contra de la inmigración musulmana, no solo en España, sino en toda Europa.

A juzgar por la forma en que se ha usado la palabra “invasión”, se diría que al-Andalus ha sido la Ucrania, por excelencia, del españolismo. Pero no se trata de la única. Creo que no me equivoco al decir que ha sido en febrero de 2022 cuando, por vez primera, dicha palabra ha aparecido en el título de un libro académico publicado en España por un autor español para describir la acción de la Monarquía Hispánica en el continente americano. No parece que se trate de una mera casualidad. Desde la perspectiva españolista siempre se ha preferido hablar de “descubrimiento” o de “evangelización” de América, vocablos que permiten transmitir una perspectiva mucho más amable de dicha empresa colonial que el de “invasión”.

El afán del Gobierno de Putin por imponer una narrativa sobre la guerra de Ucrania en la que no se utilice el término “invasión” pone de manifiesto que el uso de las palabras no constituye, en absoluto, un aspecto baladí. Muy al contrario, indica el reconocimiento de que no basta con vencer, sino que hay, además, que tratar de convencer. Implica, en definitiva, que la guerra ideológica, la batalla por el relato, tiene tanta importancia como el triunfo militar en el campo de batalla. El uso selectivo, tendencioso y sesgado de la noción de “invasión” en la tradición española nos dice mucho respecto a qué sectores son los que han conseguido imponer su relato histórico hasta el momento actual en nuestro país.

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