Sobre este blog

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La izquierda ante el dilema de Andalucía

Archivo - Imagen de recurso de la exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.

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Esta semana pareciera que las ondas del terremoto político originado en la lejana falla tectónica murciana llegan a Andalucía. Lo harán replicando tres fenómenos que ya venían expresándose en la política española, pero que solo se han constatado con total nitidez en este 4M madrileño.

1. Los movimientos tectónicos de la política española

En primer lugar la desaparición de Ciudadanos. La implosión de este espacio político no es un fenómeno madrileño, data de diciembre de 2019, cuando la derechización de Rivera -aquella foto de Colón- anuló su propia razón fundacional y existencial, ser un partido de centro liberal, bisagra para el PP y el PSOE. Entonces quedó reducido a su mínima expresión en el Congreso, pero su completa desaparición no había tenido aún oportunidad de reflejarse en los ámbitos autonómicos (en Galicia y Euskadi Ciudadanos nunca existió y en su Catalunya natal se le presumía cierta resistencia). Ha culminado en Madrid, el resto será mero epílogo.

En segundo lugar la fortaleza de las izquierdas apegadas al territorio, izquierdas locales y con formas y estética moderna, que además conectan con los anhelos de las generaciones postfordistas, las más precarizadas de la historia, generaciones preocupadas por el cambio climático, nativas digitales y crecidas y educadas en democracia, generaciones también reacias a las viejas formas autoritarias de los partidos y que huyen de la confrontación entre bandos irreconciliables que caracterizó la transición y a sus partidos -incluyendo a IU, ahora en Unidas Podemos-. Es la generación que vivió el 15M de 2011. Es una izquierda urbana, profundamente arraigada en su territorio, que conecta con la idiosincrasia local y entiende al pueblo al que quiere representar, un pueblo que en España no es igual en Murcia que en A Coruña, en Euskadi que en Cádiz. Esta izquierda moderna y que se siente mejor representada por las formas femeninas de hacer política ya ha triunfado en el pasado. Lo ha hecho en la Barcelona de Colau, en la Valencia de Oltra o la Galicia de Ana Pontón, además de en la Cádiz de Kichi y el Santiago de Compostela de Martiño, con dos dirigentes con fuerte raigambre local. También lo había hecho ya en Madrid. Recordemos que gracias a ese arraigo al territorio Más Madrid ya había obtenido un 15% de los votos en 2019 en la Comunidad de Madrid mientras se estrellaba en las generales con apenas un 2,3%. Es un hecho también que tras las últimas elecciones generales en las que Galicia, Euskadi, Catalunya, Valencia, Canarias, Navarra, Cantabria y Teruel consiguieron representación, en España se ha instalado una lógica federalizante de fondo, en la que cada Comunidad envidia tener representación propia y sin tutelajes a la luz de un Congreso en el que cada cual mira por lo suyo. El trabajo apegado a la comunidad, en el día a día, jornada a jornada, en la Asamblea madrileña, plaza a plaza y pueblo a pueblo, hicieron el resto para que Mónica García pudiera sostener el impulso pasado de Carmena y mejorar sus resultados llegando al 17%.

Finalmente Unidas Podemos. Hasta el pasado domingo Unidas Podemos venía transitando un paulatino ajuste a un espacio político fuertemente ideologizado de izquierdas. Efectivamente, según el último barómetro del CIS, si nos fijamos en la escala izquierda/derecha que ordena a quienes votan por motivos ideológicos, en el extremo izquierdo -el 1 y el 2- se sitúa un 12% de los votantes. En las pasadas elecciones generales Unidas Podemos se ajustó casi exactamente a ese espacio, con un 12,97% de los apoyos. En este 4M madrileño sin embargo cayó al 7,2%. El desgaste por su ejercicio de gobierno y una erosión en su campo -la izquierda- cuando compite con fuerzas de izquierda moderna y arraigo local explican esta cifra. Esta erosión tampoco es nueva. Ya hemos visto cómo Unidas Podemos sufre desgastes incluso superiores cuando compite con Compromís en Valencia, Bildu en Euskadi o el BNG en Galicia.

El paso atrás de Pablo Iglesias y el nuevo liderazgo de Yolanda Díaz son sin duda fruto de esta reflexión. Yolanda Díaz encarna hoy no sólo lo mejor del gobierno de coalición sino también los valores y las formas de hacer política que han llevado a Colau, Oltra o García a poder representar a la izquierda moderna y apegada al territorio y los problemas de la gente, esos valores y formas que lograron llevar al Podemos de 2015 al 21% de los votos antes de que nuestros propios errores -los de Podemos- y la inédita y brutal campaña de desgaste sin límites contra Iglesias, se desplegara con toda intensidad. Díaz además no es militante de IU o de Podemos por lo que podría tener menos dificultades para buscar alianzas con estos espacios fuertemente arraigados al territorio, extendiendo la alianza con Colau de Unidas Podemos al Compromís de Oltra y ¿por qué no? al Más Madrid de Mónica García.

2. Andalucía, el muñeco roto de la izquierda

Una verdadera confederación de fuerzas políticas con arraigo amalgamadas de igual a igual con Unidas Podemos. Solo hay un problema: en la principal federación del país, Andalucía, a pesar de que la crisis del PSOE-A abre un espacio enorme para crecer, la izquierda hoy no es más que un muñeco roto.

Efectivamente, el PSOE-A se encuentra en un proceso cainita en el que unas durísimas primarias aparato contra aparato van a licuar las ilusiones de su militancia. Además, gane quien gane solo podrán ofrecer a los andaluces a un exconsejero -Juan Espadas- o una exconsejera -Susana Díaz- del Gobierno de Chávez-Griñán. Más que una renovación parece un lavado de cara.

Con un PSOE-A incapaz de renovarse y despertar ilusiones, atrapado por su pasado, jamás la izquierda alternativa había tenido tanto espacio disponible para crecer. A este espacio en el eje izquierdo se le añade otro campo electoral en paulatino pero sostenido crecimiento: el andalucismo.

En Andalucía el andalucismo nunca se ha expresado como soberanismo. Nuestro andalucismo es un andalucismo que se rebela contra los privilegios, contra los abusos, las inequidades y la injusticia. Y jamás el centralismo había representado mejor los privilegios, los abusos y la desigualdad. Jamás el centralismo madrileño había sido más repudiado en Andalucía, nunca Madrid había sido tan simbólico del despotismo chabacano ni los andaluces habíamos estado más hartos de escuchar los problemas de los madrileños hasta en la sopa mientras los nuestros se olvidan. Y por si fuera poco nunca había sido tan evidente nuestro triste destino como la “playa” de otros, de otros que llegan desde lugares con mayores tasas de contagio y con poco o ningún hábito de respeto a las normas de prevención ante la COVID-19.

En este contexto, la izquierda a la izquierda del PSOE parte de un suelo sólido. Según el CIS de 2015 y de 2018, realizado después de las elecciones andaluzas, un 6,4% de los andaluces se situarían en ese espacio de izquierda, entre el 1 y 2 de la escala izquierda/derecha. Esta cifra permanece estable en Andalucía desde hace más de una década. Diego Valderas sacó un 7% en 2004 y 2008, el mismo 7% que logró Antonio Maíllo en las andaluzas de 2015 contra un Podemos en apogeo y una Teresa Rodríguez exultante).  

Pero ese suelo puede crecer. En las elecciones de 2015 Podemos obtuvo un 15% (mientras IU mantenía su 7%). Sin duda uno de los factores a tener en cuenta como herramienta para la transversalización del voto andaluz de izquierdas fue precisamente el andalucismo, esa forma particular de conexión con el territorio que como decíamos tan bien le funcionó a Mónica García, Oltra, Carmena o Colau y que en aquellas elecciones encarnaba en Andalucía una aún desconocida Teresa Rodríguez. Una encuesta reciente del Centro de Estudios Andaluces indicaba que el el 11,8% de los andaluces se siente más andaluz que español. El doble que los que se sienten de extrema izquierda y una cifra cercana a ese 15% que obtuvo Rodríguez. Es un hecho también que tras las últimas elecciones generales Andalucía entera envidió tener la representación propia y sin tutelajes en el Congreso que tenían incluso territorios como Teruel.

Y en este escenario de nuevo aparentemente propicio, ante esta nueva ventana de oportunidad, ¿qué hace la izquierda andaluza a la izquierda del PSOE?. Autodestruirse. Dividirse hasta el absurdo, atomizarse y arriesgarse a desaparecer del Parlamento Andaluz dándole la oportunidad a la derecha de Bonilla y VOX de arrasar en las urnas.

De un lado Adelante Andalucía, la marca de Unidas Podemos en Andalucía, está en plena guerra civil con sus cuitas aireadas y judicializadas. Con esos mimbres y a estas alturas ya claramente arrinconada en el extremo izquierdo del tablero y con enormes dificultades para transversalizarse con el factor andalucista, dos formaciones competirían por separado por ese 7%, la de Teresa Rodríguez y Kichi de un lado y Unidas Podemos de otro. Las probabilidades de que ambas queden bajo la barrera del 3% que da paso a obtener un parlamentario en cada circunscripción en Andalucía son enormes, si bien en el caso de la coalición Unidas Podemos, una vez Podemos Andalucía ha quedado reducido a su mínima expresión tras la salida de los anticapis y errejonistas -que constituían el 90% de la militancia- sus fuerzas reposan casi en exclusiva sobre el socio más experimentado, Izquierda Unida, que probablemente pueda retener a gran parte de sus votantes más fieles (ese 7% de Valderas en 2004 y 2008, el de Antonio Maíllo en las andaluzas de 2015 ). De ser así Teresa Rodríguez y los anticapitalistas se quedarían sin espacio. Es más, en el eventual escenario de unas elecciones andaluzas que Moncloa hiciera coincidir con las elecciones generales (algo nada descartable dado que electoralmente esta coincidencia le ha dado inmejorables resultados al PSOE en el pasado), una candidata como Yolanda Díaz, la ministra más transversal de Unidas Podemos, una dirigente que tiene incluso mejor valoración (un 8) entre los votantes de Más País que entre sus propios votantes de UP, podría ampliar enormemente el espacio electoral de Unidas Podemos en Andalucía.

¿La conexión con el territorio de Rodríguez y la transversalidad de Errejón son sumables o una Teresa muy escorada a la izquierda puede anular la transversalidad de Errejón y el centralismo del madrileño puede anular el andalucismo de la gaditana?

En lo que respecta a Mas País Andalucía probablemente no pueda emular la operación madrileña o valenciana en Andalucía. Y no podría porque, como hemos dicho, esa operación tiene un componente fundamental: la conexión con el territorio, con el pueblo y la particular idiosincrasia de la gente a la que en cada lugar se quiere representar. En Andalucía a día de hoy MP no cuenta con el factor Mónica García y su trabajo silente pero constante de oposición en la Asamblea Madrileña, ni con las decenas de concejales que le dieron la base a Más Madrid para mirar de tú a tú al PSOE, ni con la herencia de Carmena. Con escasísima presencia mediática y su carácter extraparlamentario es difícil que puedan superar ese escollo en los próximos meses. De otro lado arrastran un hándicap añadido. Sin caras visibles andaluzas tendrían que fiar sus esperanzas a que Íñigo Errejón se volcara en la campaña lo que cortocircuitaría sus posibilidades de apelar a un incipiente andalucismo no soberanista y despertaría los anticuerpos ante un nuevo desembarco de madrileños en Andalucía.

Los incentivos para sumar las marcas son enormes para Teresa Rodríguez y Errejón -que no quiere llegar a las elecciones generales con una derrota en Andalucía-. Pero, ¿1+1 = 2?, ¿La conexión con el territorio de Rodríguez y la transversalidad de Errejón son sumables o por el contrario una Teresa Rodríguez muy escorada a la izquierda puede anular la transversalidad de Errejón y el centralismo del madrileño puede anular el andalucismo de la gaditana?, ¿son compatibles el veto a pactar con el PSOE de los Anticapitalistas con la mano tendida a éstos de Errejón? Lo cierto es que a día de hoy ambos espacios son agua y aceite. El andalucismo de los ex de Adelante Andalucía casa mal con subordinarse de nuevo a un espacio aparentemente dirigido desde Madrid y por otro lado gran parte de la militancia de Mas País Andalucía salió de Adelante Andalucía-Unidas Podemos precisamente porque Teresa Rodríguez era su Secretaria General. Una combinación explosiva con más incógnitas que certezas.

3. ¿Hay salida?

No quiero terminar este lúgubre retrato sin esbozar -soñar quizá- alguna opción de salida a la crisis. Y es que creo que solo un terremoto de generosidad podría cambiar el ánimo derrotista y frentista que rodea hoy a la izquierda andaluza. Quizá, solo quizá, un gran acuerdo entre los tres actores a la izquierda del PSOE, un acuerdo netamente andaluz y fraguado en Andalucía podría proyectar un clima diferente para quienes desde la izquierda andalucista esperamos poder volver a votar con ilusión. Sería un acuerdo que trasladaría que los andaluces no somos menos que los de Galicia, Euskadi, Catalunya, Valencia, Canarias o Teruel; nosotros también podemos tener representación propia y sin tutelajes. Ese gran acuerdo demostraría además que sus actores y actrices tienen la altura de miras suficiente como para poner a los andaluces por delante de sus efímeros intereses partidistas. Al mismo tiempo se erradicaría la imagen de lucha fratricida y personalista por los sillones del Parlamento. Sería un acuerdo en el que, por qué no, podrían sentirse de nuevo convocados los movimientos y activistas sociales huérfanos de espacios de participación política. Ese gran acuerdo en definitiva podría interpelar no solo al andalucismo y a la izquierda sino a todo el universo progresista andaluz que anhela otra forma de hacer política que no huela a naftalina y personalismo.

Me gustaría ser optimista pero me temo que este acuerdo no será posible. Solo un nuevo reset de los andaluces en las urnas permitirá salir de este empate catastrófico poniendo a cada cual en su sitio. Y aunque las tres fuerzas sueñan con que en ese “solo puede quedar uno” electoral serán ellos los agraciados, lo más probable es que tras las próximas elecciones, a la izquierda andaluza solo nos reste recomponer los restos del naufragio.

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