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El futuro de Doñana

Salvar Doñana pasa por conseguir que nuestros gobiernos se llenen de personas que entienden que el ecologismo y la protección del medioambiente no son una opción más

Una delegación del Parlamento Europeo inicia este miércoles una visita para conocer la situación de Doñana

Una delegación del Parlamento Europeo inicia este miércoles una visita para conocer la situación de Doñana

Nueve años después de que se presentara la primera denuncia ciudadana en Bruselas en forma de petición, una delegación del Parlamento Europeo visitará durante los próximos tres días el parque natural de Doñana, un enclave medioambiental único y un verdadero puente de biodiversidad entre África y Europa.

Esta misión de investigación -promovida y defendida cada año durante los últimos cinco por el grupo de Izquierda Unida en el Parlamento Europeo- nace del trabajo incansable de numerosas organizaciones políticas y asociaciones ecologistas que, hartas del abandono y la desprotección por parte de la Junta de Andalucía y de los diferentes Gobiernos centrales, decidieron acudir a las Instituciones europeas para evitar que uno de los parques naturales más importantes de Europa acabe convertido en un mero parqué especulativo en forma de almacén de gas.

Al igual que muchas otras organizaciones ecologistas, cuando desde IU registramos nuestra petición en el año 2013, lo hicimos porque entendimos que quienes rechazamos este proyecto especulativo y defendemos Doñana estamos jugando una partida con las cartas marcadas. Una partida trucada de inicio por los estrechos vínculos e intereses compartidos por el PSOE y el PP con la empresa Gas Natural-Fenosa, la encargada del proyecto.

Vínculos estrechados gracias a cuantiosas ayudas económicas concedidas por el anterior Gobierno de España a Gas Natural - como los 6,3 millones concedidos el pasado enero en relación al proyecto en Doñana- e intereses compartidos entre empresas y miembros de los partidos al frente de las administraciones competentes con forma de puertas giratorias y generosos salarios, como los recibidos por Felipe Gonzalez (PSOE) o Nemesio Fernández-Cuesta (PP) en su etapa como miembros del Consejo de Administración.

Si a esta relación casi simbiótica entre empresas y gobiernos sumamos la irresponsabilidad sistemática a la hora de proteger el medioambiente que nos convierte en el país líder de la UE en infracciones medioambientales, es comprensible la desconfianza de asociaciones y organizaciones sociales, pero también de las Instituciones europeas, hacia el Gobierno central y la Junta de Andalucía a la hora de proteger el parque Natural de Doñana.

Desconfianza ante gobiernos que aceptaron la fragmentación fraudulenta del proyecto de almacén de gas en cuatro subproyectos, dando por buena esta forma de ocultar su verdadero impacto medioambiental. Administraciones que fueron concediendo los permisos pertinentes a la vez que ignoraban el rechazo mayoritario de la ciudadanía y las numerosas irregularidades –cuando no ilegalidades- que dinamitan por los aires los dos principios rectores del derecho medioambiental europeo: la prevención y la precaución.

Irregularidades a la hora de dar por válida una Declaración de Impacto Ambiental que no recoge los efectos acumulativos del proyecto, no tiene en cuenta el elevado riesgo sísmico por las extracciones e inyecciones de gas en el terreno, ni tampoco analiza la "peligrosidad alta" por posible inundación de la zona. 

A todas las organizaciones y asociaciones que estamos citadas a participar estos días en la misión nos toca trabajar para asegurar que los y las eurodiputadas conozcan durante su visita toda la verdad sobre este proyecto y sobre la alarmante situación en la que se encuentra actualmente el Parque Natural.

Mostrando la verdad, la principal conclusión de esta misión coincidirá con lo que piensa la inmensa mayoría de andaluzas y andaluces: el futuro de Doñana no pasa por convertirse en un gran almacén de gas, si no por medidas urgentes para su conservación y protección.

Pero mantener vivo este Patrimonio andaluz para la Humanidad requiere de la implicación de todas y cada una de nosotras y del refuerzo del imprescindible papel que están desempeñando para su conservación movimientos como la Plataforma Salvemos Doñana u organizaciones como Ecologistas en Acción, WWF o Greenpeace.

Ni esta misión, ni las Instituciones comunitarias van a salvar Doñana. Salvar Doñana pasa por conseguir que nuestros gobiernos se llenen de personas que entienden que el ecologismo y la protección del medioambiente, hoy en día, no son una opción más; son una obligación y una responsabilidad con nuestro presente y, sobre todo, con nuestro futuro como sociedad.  

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