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Las claves del conflicto del metal en Cádiz: “del 25% de paro al 100% de cabreo”

Secretario de Desarrollo Industrial de CCOO de Andalucía
Imagen aérea de la manifestación del martes 23 de noviembre de 2021 en Cádiz

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Esta frase pronunciada por Nuria López, Secretaria General de CCOO de Andalucía, en la puerta de la sede de los empresarios del metal de Cádiz (FEMCA) durante la asamblea de trabajadores en el octavo día de la huelga indefinida, en referencia clara y concisa al origen y la consecuencia de la actual situación, seguida de una petición al Ministerio del Interior que se concretaba en "más industria y menos tanquetas", me han incitado a la reflexión que a continuación se expone.

Lo ocurrido en Cádiz en estos últimos días a raíz del bloqueo del convenio del sector siderometalúrgico, me ha llevado a plantearme si se hubiera llegado a esta situación sin el recorte de derechos a los trabajadores y trabajadoras que contenía la reforma laboral impuesta del Gobierno del PP en materia de Negociación Colectiva. La respuesta, al menos para mí, es rotundamente no.

La virulencia manifestada en este conflicto es consecuencia clara de la desesperación y la impotencia ante el desequilibrio producido en la Negociación Colectiva y las condiciones de trabajo por los gobiernos de la derecha política en favor de la derecha económica y con el silencio de la derecha mediática, que utilizaron la mentira para instalar en la opinión pública que los culpables de la crisis financiera y de los incrementos de IPC eran los salarios y las condiciones de trabajo. De aquella tormenta, estos lodos.

¿Qué habría pasado en Cádiz si el Gobierno actual hubiese cumplido con sus compromisos sobre la regulación de la Negociación Colectiva y el conflicto se hubiese desarrollado en una situación de equilibrio y en un contexto de recuperación de derechos de las personas trabajadoras? Es esta tardanza timorata en el cumplimiento de abordar la regulación de la Negociación Colectiva lo que ha hecho más difícil el entendimiento entre las partes y la ha dificultado. Y es ese desequilibrio, y la desproporción entre los intereses legítimos de mantener el poder adquisitivo y el creciente margen de beneficio de las rentas de capital (beneficio empresarial) con salarios congelados desde principio de 2020, el que derivó en huelga indefinida.

El contexto de costes laborales, que en Andalucía son tres puntos porcentuales inferiores a la media de España, nos ha llevado a un progresivo trasvase de rentas del trabajo a rentas del capital durante casi una década facilitado por las reformas del Gobierno del PP.

Desde una visión sindical, lo que se reivindicaba en representación de las personas trabajadoras se resume en un trabajo digno, que limitado a los aspectos salariales se traduce en lo suficiente para una vida familiar digna, manteniendo una proporción justa de reparto de la riqueza generada.

Es por esto que la patronal del metal de Cádiz ha entendido que había tanto en juego, que merecía la pena el riesgo de forzar esta convocatoria de huelga indefinida anunciada con antelación. Y puestos en situación y "hablando en oro" (más que en plata), una huelga como esta para ser eficaz debía ser necesariamente contundente, o no conseguiría ninguna eficacia.

Mi experiencia de 47 años me hace estar convencido de que los empresarios del metal de Cádiz, como cualesquiera otros, solo cambian su propuesta en razón del riesgo de sus beneficios. No cambian de postura por su preocupación por el orden público

En una disputa por la mejora de las rentas salariales es un tremendo error dimensionar la contundencia generalizada de su seguimiento por el número de contenedores quemados, barricadas, calles cortadas, policías en acción, munición o tanquetas empleadas, porque estoy convencido de que nada de esto movería la posición de los empresarios y empresarias. A ellos, el malestar social e incluso el de la ciudadanía en general, les importaba más bien poco. Algunos incluso lo habrán aplaudido en la intimidad, por lo que beneficia a su interés ideológico para descalificar la actuación de los sindicatos y de los trabajadores y trabajadoras.

Soy consciente de que estas afirmaciones generan incomodidad, especialmente para determinados colectivos supuestamente de izquierda radical, pero ¿cuántas veces nos tiene que demostrar la historia que hay posiciones y actitudes que terminan justificando los peores envites de nuestra contraparte?

Mi experiencia, de militancia desde el pragmatismo sindical durante 47 años, me hace estar convencido de que los empresarios del metal de Cádiz, como cualesquiera otros, solo cambian su propuesta en razón del riesgo de sus beneficios. No cambian de postura por su preocupación por el orden público, no es por sus sentimientos (si los tienen), ni por compromisos con la convivencia ciudadana, ni por responsabilidad social, ni por amor a Cádiz. ¡Es únicamente el dinero!

Efectivamente en esta disputa lo que ha estado en juego es el dinero (de los beneficios) y se ha hecho desde el heroísmo del riesgo económico solidario de las personas trabajadoras y sus familias que han secundado y apoyado la huelga.

Los empresarios y sus organizaciones solo miden la contundencia de la huelga en función del número de personas que la ejecutan cada día desde el convencimiento (aunque sea disimulado), por el número de empresas paradas y la bajada de producción; en conclusión, por las pérdidas que económicamente les repercuten. Es entonces, cuando ven en riesgo sus beneficios, cuando están dispuestos a ceder. Porque entienden que esa cesión les compensa y es más valiosa para sus intereses. Nada nuevo bajo el sol de Andalucía; es la lucha de clases.

El convencimiento normalmente es más el real que el percibido. No pocas veces, las personas trabajadoras, para no poner en riesgo más allá de lo razonable en el respaldo de la convocatoria de huelga, necesitan de la solidaridad del conjunto para justificar su participación convencida.

La fuerza colectiva en la huelga se representa por quienes la dirigen y gobiernan el conflicto, porque esta no es más que una herramienta para conseguir el reconocimiento del valor del trabajo. Para que el sacrificio colectivo no resulte estéril es imprescindible la negociación y que se alcance un acuerdo que dé valor de ley a los contenidos, cuantificándolos, concretándolos y consolidándolos. Esto plantea una nueva reflexión: ¿el gobierno del conflicto ha estado difuso en la quema de contenedores o en la comisión negociadora legalmente constituida y representativa? Solo desde el reconocimiento mutuo de las fortalezas y representatividad de cada parte es posible un acuerdo con garantías y nos hubiéramos ahorrado mucho tiempo y esfuerzo si los empresarios hubieran reconocido la capacidad representativa (incluso movilizadora) de la parte social sin necesidad de llegar a la situación que ha tensionado Cádiz estos días.

Llama la atención que el protagonismo mediático se centre en la quema de contenedores y el uso desproporcionado de tanquetas, que induce a pensar que quienes gobiernan el conflicto laboral son una minoría que protagoniza estos actos

Llama la atención sin embargo que el protagonismo mediático se centre en la quema de contenedores y el uso desproporcionado de tanquetas, que induce a pensar que quienes gobiernan el conflicto laboral son una minoría que protagoniza estos actos, que por una parte pueden generar admiración por su rebeldía e incluso llegar a ser considerados por su valentía por los riesgos físicos a los que se exponen. Pero este diálogo entre quema de contenedores y actuaciones de las fuerzas del orden no genera mayores apoyos a los asalariados huelguistas. Estos últimos son, en realidad, los auténticos héroes y el objetivo debe ser que la huelga indefinida sea siempre lo más corta posible y esto solo se consigue con la máxima participación.

El escenario entre un manifestante con pasamontañas y un policía con casco sobre la tapa de un contenedor ardiendo no puede resolver el conflicto, es imposible que firmen un acuerdo reflejando las condiciones en un papel sobre una superficie ardiendo y entre dos partes que no son representativas ni de unos ni de otros. En este escenario solo pierden los asalariados porque se utilizará esto como excusa para descalificar e incrementar la presión sobre ellos, legislando a favor de los empresarios cuando puedan, llegando incluso a desincentivar la participación en movilizaciones que deben ser pacíficas para que sean masivas y no minoritarias.

Es en una mesa donde hay que negociar, con la cara visible y la frente bien alta, los pies calientes, y la cabeza fría para no levantarnos de la silla hasta conseguir nuestros objetivos; proteger los intereses y derechos de los trabajadores y trabajadoras. Así es como nos enseñaron en CCOO a hacer las cosas, así lo ejemplificó Marcelino Camacho y tantos otros que dedicaron toda una vida a la defensa de la clase trabajadora. Nadie más ha estado más cerca de los conflictos laborales que los representantes sindicales de CCOO. ¿Alguien vio alguna vez a Marcelino con la cara tapada?

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