Julián Casanova, historiador: “La gente está tan polarizada porque ya no hay pensamiento analítico”

El historiador Julián Casanova.

Javier Ramajo


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Julián Casanova (Valdealgorfa, 1956) ha estado en Sevilla con motivo de unas jornadas pedagógicas por el 50º aniversario del Colegio Aljarafe, un centro educativo que tiene integrada la memoria histórica en todos los niveles y en diferentes asignaturas. El historiador y catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza habló a profesorado, alumnado y familias sobre 'Historia y mitos del franquismo. Casanova ha escrito varios libros sobre la Segunda República, la Guerra Civil y el anarquismo, y es profesor visitante en numerosas universidades, entre ellas el Queen Mary College (Londres), Harvard (EEUU) y la Central European University (Hungría). Atiende brevemente por teléfono a elDiario.es Andalucía antes de acudir a la cita en el centro.

¿Cómo acerca la historia y la memoria en un contexto educativo?

Trato de hacer un balance de la dictadura para que vean que los mitos no son tanto los que el franquismo y Franco creó, que eso los hemos visto, sino los usos políticos. Los mitos están desmontados por todas las investigaciones: Franco no fue un modernizador ni un desarrollista. El tema no es tanto eso sino cómo una batalla sobre la historia no es una batalla sobre el conocimiento sino una batalla sobre las memorias, las propagandas, lo que me han contado y lo que yo quiero escuchar. La historia creo que está clara y hace mucho tiempo hemos dado una vuelta de tuerca muy clara a la España contemporánea, pero lo que no hay tanto, y ahí creo que estamos un palmo todavía por debajo de otras historiografías, es la precisión a la hora de contar, de escribirlo para que la gente lo entienda. Es decir, cómo contar la historia y escribirla sin perder el rigor, porque los historiadores a veces usan un lenguaje difícil. Hemos hecho poca síntesis para trasladárselas a la gente, y creo que sigue habiendo un déficit, pero la investigación empírica ha hecho mucho.

¿Es más difícil explicar la historia o lo que fue el franquismo en una sociedad tan polarizada como la actual?

La formación y la cualificación profesional ha crecido mucho en los últimos años, aunque no siempre ha llevado conectada una buena educación, una formación teórica e interpretativa de los grandes problemas del mundo. No debes ser solo un ingeniero técnico y obviar otras cuestiones. Tampoco los de letras sabemos mucho sobre los grandes descubrimientos científicos. De alguna forma, hay una especie de desprecio de desconocimiento de todo lo que no sea que te sirva para ser un buen profesional. Eso también sucede en los medios de comunicación, con cierto presentismo, cortoplacismo y ausencia de conocimiento.

¿Cree que falta sosiego y perspectiva a la hora de analizar la historia y la actualidad?

Nada es blanco o negro, eso está clarísimo, pero esa polarización nos ha llevado a conocer solo lo nos importa, lo que nos gusta escuchar. La gente está tan polarizada porque ya no hay pensamiento analítico, ni se apuesta por escuchar a la otra persona para ver si tiene un argumento que me convenza. El cortoplacismo lleva también a una falta de debate sosegado que se ve perfectamente en estos días. Y pasa otra cosa: ya casi nada está más allá de la opinión. Todo el mundo ha aceptado que todo el mundo opina de todo, que se da una opinión, buena o mala, pero es opinión y nadie reconoce lo que hay detrás de alguien que puede hablar como enseñanza, con una lectura política porque tienes algún agravio con alguien, con necesidad de estar contra el mundo. Hay que saber dudar, hay que saber dónde están las certezas, saber que la verdad es relativa y no absoluta, saber que las ortodoxias están muy bien para agarrarte a ellas pero a la hora de la verdad no van a ningún sitio. Todo eso es lo que está detrás de una buena investigación.

Los representantes públicos también suelen echar mano de la historia para defender sus posicionamientos. ¿También con un objetivo cortoplacista para convencer a los suyos?

Las pocas veces que se aproximan a la historia es con la condición de que puedan asumir el material que se le suministra para decir tal o cual declaración. Si políticamente no lo pueden asumir, no tiene ningún beneficio. Lo que realmente se echa en falta es que, si alguna vez se da una batalla sobre la historia, se deben fiar más de los didactas o pedagogos que están al lado del partido que de la gente que le dice. Si el consenso que quiere crear lo quiere crear alrededor de los ideólogos de su partido, por llamarles de alguna forma, entonces no hacemos nada. Y eso es lo que ha pasado cada vez que han intentado decir algo sobre la historia. Tenemos muy claro que, para llevar la historia a una categoría atractiva, no hace falta meter todos los instrumentos políticos de la actualidad.

El Colegio Aljarafe está muy implicado en el abordaje de la memoria histórica. ¿Cree que hay, a nivel político, un interés real en desarrollar esas cuestiones en nuestro país?

No hay un acuerdo de cómo poner en práctica la ley, pero hay acuerdos básicos que están por encima. El primero, que nada tiene que ver con la política, es que las víctimas del franquismo y sus familias tienen que recuperar sus restos. Es un tema de dignidad. No es política ni nada, es de justicia. Y además, reconozcamos que hubo una memoria abrumadora de los vencedores, que la pueden enseñar en cada cementerio, en cada cuneta. No se puede legislar desde el punto de vista ideológico, pero sí se puede legislar para aportar financiación y profesionales. Y si se quiere realmente hacer memoria histórica, hay que dejar paso a que las investigaciones donde hay acuerdos básicos, fundamentales, sean las que marquen el ritmo de lo que se estudia en las escuelas.

¿Por qué cree que no hay un consenso social en ese sentido?

Mientras sigan los medios de comunicación con sus discursos políticos, mientras no haya un acuerdo básico en que esto de la memoria no es un cuento de la izquierda para renacer las viejas heridas que están sin cerrar porque perdieron la guerra y la quieren ganar ahora, y ese tipo de cosas, o mientras no se diga que tuvimos una gran anomalía de 30 años, o mientras no se reconozca que esa parte de la historia nos llevó por caminos muy diferentes a las demás sociedades democráticas, no habrá nada que hacer porque los que no están a favor tendrán el poder para obstaculizarlo. Y, aparte, cada vez que montan ruido, la gente de la calle percibe eso de otra vez la misma narrativa.

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