‘La generación del mollete’: de los sueños rotos del 92 al resurgir del andalucismo

Jesús Jurado, autor de "La generación del Mollete"

Alejandro Luque


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En medio de las aguas revueltas de la política andaluza, y con unas elecciones autonómicas a la vuelta de la esquina, el politólogo Jesús Jurado (Málaga, 1986) ha querido ofrecer su perspectiva, la de un millenial que tenía seis años cuando Curro desfilaba por la Expo de Sevilla, y que ha visto cómo se pasaba de los sueños rotos del 92 a un curioso resurgir del andalucismo, que se manifiesta no solo en el ámbito político, sino también en el social y el cultural.

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“Yo no tenía previsto escribir ningún libro, hasta que el editor Jorge Lago, que había leído algunos de los artículos que yo venía escribiendo desde 2018, me propuso participar en su colección de los Episodios nacionales”, recuerda. “Yo nunca había escrito ficción, me interesaba más hacer un libro colectivo que aglutinara asuntos como el feminismo andaluz, la gente que trabaja el tema desde el meme, como Malacara, o la renovación del andalucismo en el ámbito musical, con artistas como Rocío Márquez, La Tremendita o Califato ¾… Al final, la única forma que encontré de encadenar todo esto era a través de episodios de mi propia vida, por lo que me salió una crónica de los últimos años en primera persona”.

Pasamos de la Andalucía del subdesarrollo a albergar unos sueños ambiciosísimos, y de ahí acabar emigrando al mismo sitio donde emigraban nuestros abuelos, y que nosotros habíamos visitado como Erasmus

La etiqueta Generación del mollete, dice, se le ocurrió al final como un modo de reflexionar sobre qué es ser millennial en Andalucía, se compartan o no los postulados del libro. “Somos la primera generación de andaluces que nace en la autonomía. Con una identidad construida no contra el poder, sino desde el poder. Celebramos el día de Andalucía con el mollete con aceite en el recreo, coloreando banderas y tocando el himno de Andalucía en la flauta, siguiendo una tradición que no es popular, sino establecida por la Junta hacia el 91”.

“Y vivimos marcados por la Expo’92 como un gran éxito”, agrega. “Íbamos a ser la generación más preparada y nos topamos con una crisis que dinamitaría todas las expectativas. Pasamos de la Andalucía del subdesarrollo a albergar unos sueños ambiciosísimos, y de ahí acabar emigrando al mismo sitio donde emigraban nuestros abuelos, y que nosotros habíamos visitado como Erasmus”.   

Los mismos retos

Su conciencia de estos cambios se remonta a unos años atrás, cuando trabajaba y militaba en Podemos Andalucía. “Descubrí que lo que nos faltaba venía del hecho de movernos en una oscilación entre la parte oficial y autocomplaciente, la del PSOE, que plantea los retos del andalucismo como algo superado, y el polo de la izquierda que perdió la transición y el proceso autonómico. Nos falta pensar en el 92, cómo la década de los 90 configura la identidad política andaluza, generando una serie de expectativas que se rompen con la crisis de 2008-2010”.

El hecho generacional explica, en su opinión, el resurgir del andalucismo, “con una relectura de la propia identidad y un detalle curioso: los mismos retos que tuvieron nuestros padres en la década de los 60 y los 70: desempleo, problema agrario permanente, una brecha territorial brutal… todo eso debía tener una traducción cultural y luego política. Pero esos son procesos que no se hacen de la noche a la mañana”.   

Ahora se está recorriendo el camino inverso, y nos hemos dado cuenta de que lo que más nos señala es nuestra forma de hablar

Uno de los indicadores de que algo se está moviendo en los últimos años gira en torno al acento. “En el andalucismo clásico, el de la Transición, cuando lo mainstream era ser materialista, se daba poca importancia al hecho diferencial. Era un andalucismo de clase que no tenía en cuenta estos elementos culturales. Ahora se está recorriendo el camino inverso, y nos hemos dado cuenta de que lo que más nos señala es nuestra forma de hablar. Y lo que percibimos es que, de la misma manera en que, en 40 años, no se ha avanzado en las brechas sociales con España y Europa –más bien se ha retrocedido– seguimos viendo andalufobia a nuestro alrededor. Frente a ello, los comunicadores andaluces empiezan a usar el andaluz sin complejos y enfrentándose a quienes tenían nuestra habla relegada a la esfera del humor”.

Andaluz normativo

Claro que esta reacción ha venido acompañada de cierto victimismo, aunque el autor lo discute: “Hasta cierto punto puede haber exageraciones victimistas, pero lo andaluz se asocia sistemáticamente hacia un estereotipo negativo: falta de capacidad, vagancia, todo lo que tiene que ver con lo subalterno, y eso se ha sufrido como algo natural. Cualquier identidad se basa en este tipo de agravios, pero es que esos agravios existen, sin duda”.

En cuanto al lenguaje como campo de batalla, con propuestas de traducción del acento andaluz a una escritura normativa, Jurado opina que “una ortografía nueva requeriría obviamente un esfuerzo de aprendizaje, y al mismo tiempo las letras de Califato, si las escribes en castellano, no te van a coincidir ni la métrica ni la rima, de modo que puede ser funcional en ese aspecto. Pero sobre todo tiene un valor en términos de provocación y dignificación, precisamente por toda la polvareda que levanta. Estas polémicas al final evidencian la relación entre lenguaje y poder. Cuando los libros escolares siguen calificando los rasgos lingüísticos del andaluz como vulgares, están perpetuando los estereotipos. No escribo en EPA, pero me parece una iniciativa interesante y respetable”.

Por otro lado, no descarta que “el día de mañana pueda darse un proceso de institucionalización, como el que se ha dado en castellano. Si la RAE y las instituciones culturales fueran más sensibles hacia la plurinacionalidad de nuestro país, quizá no saldrían estas iniciativas, o no despertarían tanto escándalo”, apunta.

“Durante mucho tiempo, sobre todo en los 90, parecía incompatible afirmarte en tus raíces y tradiciones, subvirtiéndolas si era necesario, y al mismo tiempo ser europeo y moderno. Este nuevo andalucismo parte de todo lo contrario, asume la tradición cuestionándola, pero también reivindica orgullosamente las señas de identidad de Andalucía”.

La voz de las urnas

¿Y en las próximas elecciones, cómo se reflejará todo esto? “En la última legislatura se ha visto una disputa por apropiarse de los signos andalucistas, creo que por dos motivos fundamentales: el hecho de que el PP llegue por primera vez al poder supone un enorme reto para los populares, porque hereda una institución en la que durante años se han estado confundiendo los límites entre la identidad andaluza y el partido que estaba en el poder. Ahora tienen que diseñar un andalucismo a su medida, y Juanma Moreno se ha empeñado en diseñar un andalucismo moderno, liberal, del siglo XXI. En cualquiera de los casos, se trataba de construir una identidad compatible con su proyecto político, y apropiarse de los mitos”.

Qué pasará si Juanma Moreno va a buscar el apoyo de la ultraderecha, o seguirá con su proyecto de defensa, conservación y renovación del patrimonio simbólico y constitucional andaluz

“Y luego nos encontramos con la irrupción de Vox: por primera vez hay una formación que rompe los consensos de Andalucía como comunidad autónoma”, prosigue. “De manera que la identidad se convierte en caballo de batalla entre una ofensiva reaccionaria y el resto de fuerzas que buscan defender el statu quo autonómico e incluso ampliarlo en un sentido progresista. Lo interesante será el resultado: qué pasará si Juanma Moreno va a buscar el apoyo de la ultraderecha, o seguirá con su proyecto de defensa, conservación y renovación del patrimonio simbólico y constitucional andaluz”.

¿Y la izquierda, qué papel jugará en este tablero? “El único examen posible es la consolidación o no de Adelante Andalucía como retorno del andalucismo a las instituciones, asevera Jurado. ”El proyecto original de Adelante Andalucía contaba con Unidas Podemos, pero éstos han renunciado a ese camino y su proyecto hoy es totalmente confuso a este respecto. Se hizo patente en 2015, con la propuesta plurinacional de Podemos, en la que no había representación andaluza. Lo relevante es pues: ¿Vendrá algún partido a llenar ese vacío anómalo?“.

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