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¿Nos engañan los dispositivos de seguimiento de aves?

La visión integrada de los animales y su ambiente puede ofrecernos grandes descubrimientos en los próximos años

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FOTO: CSIC

Los sistemas de seguimiento con tecnología GPS están integrados en el día a día  de los ciudadanos de cualquier país industrializado. Estos sistemas han supuesto una revolución en campos como la aviación, la agricultura o la seguridad pública. Nos permiten usos tan diversos como orientarnos hacia un destino, aplicar herbicidas en agricultura de precisión o planificar estrategias de salvamento en casos de catástrofes.

En el campo de la biología, la miniaturización de estos dispositivos durante las últimas décadas ha permitido la adquisición de sorprendentes nuevos conocimientos en el campo de la ecología animal. Hoy en día, la aplicación de los sistemas de seguimiento mediante GPS o satélite al estudio de la ecología del movimiento animal permite recopilar datos sobre comportamiento, reproducción o alimentación de especies tan diferentes como insectos o ballenas, en prácticamente cualquier rincón del planeta.

Hoy en día es posible conocer la ubicación, con una precisión de metros, de cualquier animal marcado, y seguir su movimiento continuo de forma remota desde los despachos de los gestores e investigadores. Todo ello permite profundizar cada vez más en la biología y ecología de estos animales, además de ofrecer una herramienta insustituible al gestor, que puede  conocer en todo momento dónde se encuentran, o a qué peligros se enfrentan los animales de su zona.

Rutas migratorias

Un caso particular son los estudios de seguimiento de aves, tanto para conocer su comportamiento como sus rutas migratorias. En estos casos, siempre dependiendo de la especie, tanto el tamaño como el peso del dispositivo son importantes para el éxito del programa de seguimiento.

Debido al bajo peso de estos animales, y la imposibilidad muchas veces de volver a capturarlos para retirarles el dispositivo, en marcajes a largo plazo se utilizan dispositivos que se recargan mediante paneles solares. Esta fuente debe proporcionar la energía suficiente para permitir la descarga de miles de localizaciones en un tiempo a veces casi real. La exigencia de datos es cada vez más alta, configurándose en ocasiones para que nos informe de la posición del animal marcado cada pocos segundos.

A partir del registro detallado de posiciones los investigadores infieren lo que los animales hacen a lo largo del día y del año. Pero, ¿podemos fiarnos de las conclusiones que obtenemos a partir de los datos que nos ofrecen estos dispositivos? La tremenda demanda de datos a la que se somete a estos dispositivos, ¿no estará de alguna manera sesgando los datos que finalmente llegan a los investigadores?

Dependientes del sol

Las conclusiones obtenidas a partir de un estudio de la Estación Biológica de Doñana con quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) en Pirineos y en la Cordillera Cantábrica, ha puesto de manifiesto los sesgos implícitos a la recopilación de datos por este tipo de sistemas que dependen de placas solares. Los dispositivos dependen de la insolación para cargar las baterías. En nuestro clima, durante el otoño y el invierno, la reducción de horas de luz provoca una peor carga de los dispositivos, lo que conlleva irremediablemente una pérdida de localizaciones. Así que hay que prestar especial atención a conocer cómo los datos ofrecidos por el sistema se desvían de los inicialmente planificados.

Menos datos pueden interpretarse como menos movimiento durante esos intervalos de tiempo, o como un aumento de actividad en determinadas horas del día o meses del año. No solo se pierden datos en condiciones de menor iluminación. Otros factores, más conocidos por trabajos previos, que también influyen en que la pérdida de datos no sea al azar, son la orografía del terreno y la actividad del animal. Zonas abruptas y comportamientos sedentarios influyen directamente en la pérdida de datos.

Intervalos sin datos

La principal conclusión que obtenemos es que no siempre más datos equivale a más información. El coste de exigir demasiados datos a un sistema que energéticamente no puede soportarlo, puede llevar a una interpretación errónea de la actividad de los animales. Otro problema asociado a las programaciones muy exigentes de los dispositivos es que se generen intervalos sin datos durante algunos periodos de tiempo. Esto puede dificultar mucho la tarea de los gestores y responsables de conservación de una especie, para los cuales, tener la información de su paradero en tiempo real y no "perderlos de vista" es uno de los objetivos primordiales de los programas de seguimiento.

Teniendo en cuenta estas pequeñas limitaciones que se van conociendo a partir del uso de dispositivos de seguimiento remoto en fauna, y ajustando la adquisición de datos a la disponibilidad de energía del medio, los datos obtenidos abren una puerta de enormes posibilidades al conocimiento de la biología de las especies. Los animales objetos de seguimiento pueden equiparse además con sensores secundarios, que recopilen información fisiológica o del ambiente donde se encuentra el animal. Esta visión integrada de los animales y su ambiente puede ofrecernos grandes descubrimientos en los próximos años.

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