Aragón Opinión y blogs

Sobre este blog

Chapuzas Azcón: compromisos sin presupuesto

23 de septiembre de 2026 06:01 h

0

La chapuza es un arte que concilia esfuerzo, voluntad, incapacidad y falta de recursos. Somos expertos en apaños, da igual que hablemos de carpintería humana o de bricolaje casero. Una chapuza es un error al que alguien ha puesto presupuesto. Pero la mayoría de los cambalaches vienen más de la previsión de los números que de la ejecución de las cifras. Las chapuzas requieren planificación y contundencia. Tendemos a relacionarlas con hechos y acciones concretas en el terreno de lo material, pero somos expertos haciéndolas en cuestiones del comportamiento. Decía el psicólogo norteamericano Abraham Maslow: “Si la única herramienta que tienes es un martillo, resulta tentador tratarlo todo como si fuera un clavo”. Analizaba de esta ingeniosa manera un sesgo cognitivo muy común que terminó conociéndose como la 'ley del martillo'. Nos gusta golpear a los demás, con palabras y desprecios, convirtiendo a nuestros vecinos en meros clavos de una crucifixión social a la que contribuimos.

Las chapuzas son los chapuzones de ingenuidad que divierten a los observadores para vergüenza de sus protagonistas. Hasta que ese atrevimiento ingenuo se transforma en beneficio. Tenemos chapuzas que terminan siendo un negocio. Y negocios que acaban por ser una gran chapuza. Es la diferencia que existe entre la finalización de las risas y el inicio de las envidias. En 1968, el químico estadounidense Spencer Silver, investigador de 3M, trabajaba en el desarrollo de nuevos adhesivos. Y el encargo parecía bastante sencillo de explicar: conseguir pegamentos cada vez más fuertes, resistentes y eficaces. Silver hizo justamente lo contrario. Obtuvo un adhesivo extraordinariamente débil, formado por pequeñas microesferas, capaz de pegarse a una superficie, pero también de despegarse de ella sin dañarla y, además, volver a pegarse. El error se convirtió en el éxito millonario de los pósit. En Aragón, recordamos la intervención con el Ecce Homo de Borja. El santo “fistro” de Cecilia Giménez ha derrotado, turísticamente, al santo Cristo de la versión artística. Al final, la diferencia entre innovación y chapuza no es cometer un error, sino saber reconocerlo, corregirlo o encontrarle utilidad.

Las chapuzas intentan arreglar pequeños problemas. Pero no hay nada insignificante que una buena chapuza no pueda convertir en enorme. Lo vemos en la política a diario. La derecha europea, con la española a la cabeza, intenta solucionar su brecha con la ultraderecha utilizando su propia mecha. Pero la combustión prende a sus protagonistas. Con el fascismo no se compite, se le combate. El fracaso de sumarse a sus postulados, siendo su cara amable, se va consumando en cada nueva cita electoral europea. Previsiblemente, la socialdemocracia regresará al poder en Suecia. En Alemania, la derecha asimilada al PP queda fuera incluso del parlamento de Mecklemburgo-Pomerania Occidental al no llegar al umbral del 5%. En Berlín, la izquierda recupera el gobierno. A Feijóo se le está poniendo cara de Mertz. Viendo al alemán, ya sabemos la evolución física del gallego tras las próximas elecciones.

Hay gobiernos que dejan huella y otros generan goteras. Azcón y Chueca son nuestros particulares chapuzas. La alcaldesa gestiona los agujeros de la ciudad como un topo de la política que solivianta a la ciudadanía. Quizás por eso le llaman la 'gestopa' de las obras. Tan pronto justifica un sobrecoste en la Huerva, como un retraso en los arreglos de la Avenida de Valencia, el Coso o regala adjudicaciones a sus amigos en la mal llamada 'ciudad del cine'. El presidente es un experto es anunciar sin presupuestar. Eso sí, inversiones supuestamente millonarias, que no cuentan con presupuesto ni dotación de recursos, que hipotecan Aragón sin desarrollar una planificación estratégica global previa. Luego, si eso, ya le echaremos la culpa al gobierno de España por cuidar nuestro equilibrio frente a la voracidad de unos negocios que sólo van a repercutir en el bolsillo de sus propietarios. Unos dueños a los que, por cierto, perdonamos impuestos con los que castigamos a nuestros pueblos. Una chapuza muy consciente para hacer de Aragón un territorio inconsistente.

Azcón es un míster Bean maño que ha gestionado las culpas del incendio de Riglos con la gasolina de su incompetencia. La jueza de Jaca investiga en el Pignatelli la posible comisión de un delito de filtración de datos del procedimiento con relación a la investigación que se seguía sobre esa catástrofe. Por menos se ha condenado al fiscal general del Estado. Atentos porque Azcón y Chueca son unos 'spa-guettis' reincidentes del salvaje escándalo de Ranillas que sigue su curso en los tribunales.

Al final, hasta las chapuzas necesitan talento. Spencer Silver convirtió un pegamento que no pegaba en un negocio universal. Azcón parece empeñado en recorrer el camino contrario: convertir grandes anuncios en compromisos que tampoco pegan. Quizá por eso el pósit sea la metáfora perfecta de esta legislatura: mucho amarillo para llamar la atención, adhesión provisional y promesas que, cuando veamos el presupuesto, se despeguen solas. Maslow tenía razón: cuando solo tienes un martillo, todo acaba pareciendo un clavo. El problema empieza cuando, además, pretendes inaugurar la ferretería.