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Cristian Ruiz, premio a la excelencia educativa: “La IA no puede ser un atajo, sino un compañero de viaje”

Cristian Ruiz en el Patio de la Infanta

Candela Canales

6 de julio de 2026 21:57 h

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Cristian Ruiz Reinales lleva años defendiendo que la innovación educativa no consiste en llenar las aulas de pantallas, sino en enseñar a utilizarlas con criterio. Mientras el debate sobre la tecnología en la educación se ha polarizado entre quienes apuestan por restringirla y quienes abrazan la digitalización sin límites, este profesor zaragozano del Colegio Juan de Lanuza reivindica un camino intermedio: integrar la inteligencia artificial, la programación o la cultura maker solo cuando aportan un valor real al aprendizaje y ayudan a formar alumnos más críticos y autónomos.

Esa forma de entender la enseñanza acaba de valerle uno de los cinco galardones nacionales del programa Docentes Referentes, impulsado por la Fundación Ibercaja para reconocer la excelencia educativa. Ruiz reflexiona sobre el papel de la IA en las aulas, los límites de las pantallas, los retos de un profesorado obligado a adaptarse a un mundo que cambia a gran velocidad y la necesidad de enseñar a pensar antes que a manejar herramientas.

¿Qué pensó cuando le dijeron que era uno de los cinco docentes premiados?

Me siento un privilegiado, porque era consciente primero de quienes eran mis compañeras finalistas. A una de ellas la conocía muy de cerca, fue también compañera mía en el Global Teacher Prize este año y sabía el potencial de sus proyectos, son planteamientos muy chulos. Ya de por sí quedarme entre los finalistas lo sentía como una pasada, no tenía muchas expectativas, porque precisamente veía a mis compañeras y lo veía muy difícil. Cuando me llamaron para hacerlo me quedé un poco en shock, me costó hablar unos cuantos segundos, y desde entonces me siento muy afortunado.

¿Qué supone este reconocimiento para usted?

Estos reconocimientos me los tomo como una valoración del proyecto que hay detrás, que obviamente no lo llevo solo para adelante. Me acuerdo mucho de mis compañeros de departamento, que son personas igual o más entusiastas que yo. Con este proyecto llevamos 13 años, han pasado muchas personas por el camino, pero me acuerdo cuando lo empecé, ha habido dificultades también, no todo ha sido un camino a rosas, pero la verdad es que puedo decir que estoy en un sitio donde se permiten o te animan a presentar este tipo de proyectos que sean un poco disruptores, innovadores, que aporten valor al colegio, en definitiva a los alumnos. Lo llevamos haciendo un montón de años y ahora lo que siento es un respaldo a ese trabajo que me da fuerzas para seguir mejorando.

¿Qué cree que ha visto el jurado en su proyecto?

Lo que he leído ha sido que reconocen la importancia de cómo afrontamos la utilización de la tecnología en la educación. Con tantas cosas que nos han pasado en estos últimos años, desde la pandemia, antes nadie usaba casi dispositivos, por supuesto nadie usaba videoconferencias y desde entonces la tecnología ha tenido un impulso enorme en todos los aspectos de nuestras vidas. Principalmente, también en educación, y concretamente también la aparición de la inteligencia artificial que en los últimos tres años nos ha hecho cambiar un poco las reglas del juego, son momentos un poco cruciales en este aspecto, y yo creo que lo que reconocen es esta visión humanista del uso de las tecnologías.

Habla de una “tecnología humanista”. ¿Cómo la definiría?

Estamos muy a favor de usar tecnología, pero siempre que aporte valor, y siempre que por el camino no se quede el criterio del alumno, tiene que saber en todo momento para qué usa tecnología, por qué la usa y también, por supuesto, les enseñamos a ser muy competentes en la parte de creación digital. Lo que más nos interesa es que por el camino vayan desarrollando una serie de habilidades que tienen que ver con el ser humano, en este caso en cuanto al uso crítico de la tecnología, y sobre todo actitudes también curiosas. El modelo que tenemos es que aportamos valor a la experiencia educativa del alumno. En cuanto a la parte de la inteligencia artificial nos estamos empeñando mucho en que el alumno no use la tecnología como un atajo para llegar a un fin sino que le sirva como estímulo cognitivo, que sea un poco un compañero de viaje, que sepa cuándo usar en algunos momentos, para qué lo quiere usar y sobre todo también que sepa cuándo no necesita usarla. La diferencia con los alumnos es que nosotros, los adultos, tenemos muy claro a lo largo de una tarea qué voy a aportar yo como ser humano, y qué tarea le puedo delegar a una inteligencia para que me ayude con alguna cosa, eso que nosotros hacemos como adultos porque ya tenemos un desarrollo cognitivo y una experiencia profesional amplia es lo que intentamos estimular en los alumnos.

Si entro mañana en una de sus clases, ¿qué me encontraría?

Más allá de lo que pasa en las aulas donde hay un currículo que tenemos que seguir, la diferencia está en cómo haces ese currículo. Por ejemplo yo soy profesor en bachillerato de la disciplina informática, antiguamente era hacer un poco de office y poco más, pero aquí lo que intentamos es darle a la informática la importancia que tiene dentro de nuestra sociedad. Creo que en esto vamos muy por detrás de otros países, pero nosotros lo que intentamos es darle ese rigor, esa importancia y más allá de que luego te quieras dedicar a un mundo relacionado con la ingeniería informática o similares, que sepan que la informática, la tecnología va a estar muy presente en su vida y lo que intentamos es estimular no solo que sean competentes. Yo tengo contenidos de inteligencia artificial, de redes, de bases de datos y los puedes hacer más o menos entretenidos para ellos, puedes enseñar hardware que es un poco componentes de un ordenador que puede ser muy tedioso, pero puedes hacerlo de una manera teórica o cogiendo unos cuantos ordenadores, abriéndolos, quitando todas las piezas, identificándolas y volviendo a colocarlas, entonces se convierte en algo experiencial.

Y más allá de las clases, también han creado un espacio Maker. ¿Qué aporta ese aprendizaje fuera del aula?

Lo que buscamos es que la tecnología sea siempre una experiencia. Diferenciaría también un poco entre lo que es el aprendizaje un poco formal, que son las asignaturas, como otras cosas que hemos ido incorporando en estos últimos años: hace ocho años abrimos un espacio Maker, donde los alumnos vienen en su tiempo libre, desde quinto de primaria que empiezan a tener huecos libres, ellos y ellas vienen a crear con tecnología, tenemos tecnología de todo tipo, producción audiovisual, radio, corte de madera, diseño de producto, hacen camisetas, bolsos, tenemos tecnología de todo tipo para que chicos y chicas vengan allí a hacer proyectos. Casi te diría más que la magia se produce en los encuentros informales.

¿Cómo utilizas la IA en el aula?

Tenemos un proyecto muy bonito desde cuarto de primaria, empezamos este año a comienzos del curso, tenemos una suerte que tenemos una asignatura propia, de ciencias de la computación, realmente cubre desde Infantil a Bachillerato, pero el proyecto que empecé a pensar el verano pasado, estaba pensado inicialmente para quinto de Primaria, pero las compañeras en cuarto me dijeron que ahí ya empezaban a detectar que había alumnos y alumnas usando la inteligencia artificial. Diseñamos el proyecto para que el primer mes de curso, en nuestra asignatura, se forjase una forma de trabajo de relacionarse con la inteligencia artificial, y no tanto desde la competencia técnica. En Bachillerato sí que entramos en cosas ya bastante técnicas, pero no nos importa tanto usar una herramienta o la otra, no nos interesa tanto eso porque la experiencia nos dice que en tecnología han ido apareciendo una serie de herramientas y luego algunas se quedan en el camino y otras se quedan.

¿Cuál es el primer mensaje que intentáis transmitir a los alumnos cuando empiezan a trabajar con inteligencia artificial?

Lo importante no es tanto la competencia técnica en algunas herramientas, sino qué habilidades van a aprender o tendrían para el uso de esa herramienta. Lo primero es que sepan lo que es inteligencia artificial y lo que no es inteligencia artificial, ponemos un poco de rigor ahí, les enseñamos pequeñas cosas desde pequeñines. Luego ya empezamos a hacer actividades más relacionadas a que cuestionen las respuestas de la inteligencia artificial, les ponemos por ejemplo frases célebres, algunas son de verdad y otras son inventadas, ellas tienen que decir y argumentar por qué son de verdad y por qué no. O por ejemplo les ponemos imágenes que han sido creadas con inteligencia artificial y otras no para que detecten los fallos, aunque esto cada vez está más perfeccionado, argumentan y eso nos da pie para otros debates interesantes como el copyright, los derechos, los entrenamientos de las inteligencias artificiales con imágenes a lo mejor propiedad de autores a los que nadie les ha pedido un permiso, les hacemos ya este tipo de cuestionamientos.

¿Y en Secundaria?

Cuando son un poco más mayores hemos ido introduciendo actividades, por ejemplo de debate con posiciones encontradas sobre el uso de la inteligencia artificial en la justicia, hace un año y pico hubo una película que hablaba sobre que iban a introducir un sistema de inteligencia artificial para desatascar la justicia, algo que podía estar pasando perfectamente, eso generaba una serie de dilemas morales, de quién imparte la justicia, si tiene sesgos, etc. Al final los alumnos del primero y segundo ESO llegan a hacer un acuerdo grupal de cómo quieren usar la inteligencia artificial durante el año en la clase, se imprime y se pone en la pared. Al ser un poco más mayorcitos hacemos actividades un poco parecidas, pero la reflexión final es individual, tienen que hacer un ensayo de cómo quieren usar la inteligencia artificial para aprender mejor durante todo este año, obviamente seríamos un poco ingenuos pensando que los alumnos lo van a seguir manteniendo en el tiempo, somos los profesores los que tenemos que estar recordándoselo con diferentes actividades a lo largo del año. Todos hemos sido alumnos en la vida y todos hemos ido buscando el atajo. La diferencia hoy en día es que el atajo lo tienen al alcance de este dispositivo, nosotros, o no, yo por lo menos cuando era más joven estaba al rincón del vago o te pasaban los trabajos hechos, no era tan inmediato, la diferencia es que ahora está a golpe de clic.

¿Cómo consigue que los alumnos no utilicen la IA como un simple atajo?

Ha sido un proyecto de un mes entero, el primer mes del curso, intentamos forjar una forma de trabajo para que ellos vean y entiendan lo que es ético y lo que no es ético y lo quieres hacer mejor para ellos o no. Yo tengo conversaciones con mis alumnos de bachillerato que ya tienen 16, 17 años y les digo, mira, yo soy un tipo que tiene 49 años y que soy muy consciente que hay veces que cuando uso la IA porque tengo prisa para que me haga una tarea. Y yo soy muy consciente que cuando hago eso no sigo desarrollando mis capacidades cognitivas, me consuelo pensando que ya llevo muchos años haciéndolo y que lo voy a seguir haciendo. Pero claro, yo solo se lo comento a ellos que tienen 16 años y todo eso está aún por hacer entonces ellos son capaces de comprender esto que les estoy diciendo, pero insisto, sería muy ingenuo por mi parte pensar que les toco la fibra con esto y en la semana siguiente no van a intentar coger ese atajo.

Entonces, ¿prohibir la inteligencia artificial nunca es la solución?

Mi visión no es ir en contra de nada ni prohibir cosas. Yo creo que prohibir nunca es el camino, sino concienciar, aunque es cierto que para concienciar hay que insistir mucho y durante mucho tiempo. Esto es algo que nos ha pillado con el pie cambiado en el sistema educativo, es un sistema lento al que le cuesta cambiar cosas y no tenemos ni regulación hoy en día sobre qué hacer y qué no hacer.

¿Cuál ha sido el mayor cambio que has visto en los alumnos desde que implantaste este modelo?

En estos años han pasado muchas cosas y puede ser que muchas de ellas tengan que ver con la tecnología, pero no solo con la inteligencia artificial, sino con muchas cosas que pasan fuera del colegio: las redes sociales, por ejemplo. Cada vez cuesta más tener concentrados a los alumnos en clase porque están acostumbrados a vídeos de cinco segundos y la capacidad de atención obviamente se ha visto mermada. Por un lado, nuestra dirección tiene que ir a trabajar esa constancia, yo por ejemplo lo puedo hacer cuando hago ejercicios de programación, pongo mucha énfasis en el enunciado, mis exámenes de programación pueden ser tres páginas de programación para que tengan que detenerse a leer a subrayar a detectar cuáles son los pequeños problemas dentro de un problema grande. Cada generación ha tenido lo suyo, tienes que intentar conectar mucho con sus intereses para que tengan atención en tu materia, el rol del maestro va un poco en esa dirección, más que el que hemos tenido otras generaciones el rol del maestro hoy en día va más enfocado a hacer una reflexión sobre diseñar cómo quiero que sea esta experiencia de aprendizaje.

En los proyectos en los que utilizan IA, ¿qué valoras más: el resultado final o el proceso que han seguido para llegar a él?

Con la inteligencia artificial sí que hay tareas que me parece muy interesante que la utilicen para que se vayan acostumbrando a una forma de trabajo, seguramente en la universidad la van a poder utilizar cuando el profesor se lo autorice, pero les pedirán que muestren toda la trazabilidad desde que la empiezas a usar. Es decir, qué pregunta le han hecho, ya que, en una época en la que todas las respuestas están en máquinas, lo complicado es hacer buenas preguntas. Yo les enseño que hoy en día las inteligencias se molestan más o menos en función de la calidad de tu pregunta. Estimulamos que las preguntas sean mucho más largas, con mucho más empaque, con muchos más matices para que te pueda contestar en lo que tú estás un poco deseando. Luego saben que les voy a evaluar: la última parte de evaluación de un proyecto que me presentan es que me muestren cómo ha sido el uso y el uso empieza por las preguntas que han hecho, cómo han cuestionado, repreguntado, o buscado otras alternativas a otras preguntas y pedido fuentes. Y con todo eso, entre lo que una inteligencia artificial dice y lo que contrastan, tienen que decir en qué matices les ha ayudado la inteligencia artificial en algún momento del proceso. En bachillerato les hago que se den cuenta de que el conocimiento previo de un tema ya no es tan importante para hacer una tarea, les intento trasmitir que te puede tocar un tema del que no tienes ni idea, pero la IA puede ser un compañero que es experto y puedes llegar a la resolución, me parece muy potente que tomen conciencia de que no necesitan saber de todo porque tendrán un compañero que les podrá ayudar.

Hay un debate sobre retirar las pantallas de las aulas y, para algunos, se está demonizando la tecnología. ¿Dónde está el equilibrio?

Es un debate no nuevo. Cuando empecé hace 13 años en el colegio lo que planteamos era crear una asignatura nueva para trabajar pensamiento computacional. Son las habilidades de pensamiento que un desarrollador de código desarrolla: la abstracción, el pensamiento algorítmico, qué pasos tengo que dar para resolver un problema la capacidad de descomponer un gran problema en varios problemas pequeños que puedan ser resueltos de manera independiente. Así empezamos, nuestro colegio es una cooperativa de familias, y desde el principio hay que explicarlo bien porque genera cierta polémica el uso de pantallas. Lo argumenté con que lo que intentábamos era trabajar habilidades de pensamiento desde pequeñines y dar un salto a la enseñanza de informática con un poco más de rigor. Decidimos hacer otras cosas con la enseñanza de tecnología, que dejaran no solo de ser consumidores de tecnología, sino que fueran creadores, y por supuesto había uso de pantallas, pero cuando hacer un proyecto y vas viendo resultados esa resistencia inicial va bajando.

Insistes mucho en implicar a las familias. ¿Qué papel tienen en este modelo educativo?

A nuestro colegio siempre vienen familias y nos preguntan por este tema entonces les contamos del proyecto que hacemos, por qué lo hacemos y cómo lo hacemos, al final se genera una confianza porque tenemos argumentos de peso. Usamos tecnología cuando aporta valor a la experiencia educativa del alumno. Una parte importante de nuestro proyecto es involucrar a las familias en todo esto y ya lo hicimos desde el primer año, cuando empezamos el proyecto en paralelo de unos talleres donde vienen padres, madres, hijos, hijas con profesores del colegio viernes por la tarde de 5 a 7 cada dos viernes a hacer cosas con tecnología. Son viernes increíbles, con 50 o 60 personas todos juntos haciendo cosas. Hay que mostrar el camino a las familias primero para que vean para que vivan en primer plano lo que hacemos y segundo para intentar trasladar ese modelo que tenemos en el colegio de tecnología humanista orientada hacia el bien común del uso de la tecnología al hogar. Hago charlas con familias para intentar motivar que sigan este modelo en casa, normalizar el uso de la IA, que no sea un tabú, normalizarlo para que los niños tengan esa confianza, pero puedo entender que haya ese dilema con el uso de las pantallas, todos sabemos lo que nos puede enganchar un móvil, pero precisamente el sitio más seguro para usar tecnología es el colegio.

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