Los efectos de la pandemia en los jóvenes: ansiedad, estrés y pocas oportunidades laborales

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La pandemia de la covid-19 está teniendo unos efectos sin precedentes en nuestra vida. Las consecuencias en los jóvenes, los empleos y las empresas probablemente sean de larga duración. La ralentización económica está teniendo un grave impacto para la población más joven, a la que se está empezando a llamar la ‘generación del confinamiento’. La interrupción de la formación y educación ha aumentado la vulnerabilidad de los trabajadores más novatos y la transición a la vida laboral es ahora más larga y compleja todavía.

La incertidumbre sobre el futuro está suponiendo un golpe muy duro en la salud mental, sobre todo tras el primer confinamiento y ahora con una segunda ola bastante acelerada. La ansiedad, el estrés o la depresión son reacciones lógicas a un momento totalmente desconocido. “Lo que estamos identificando es que hay mucha inestabilidad en los pilares básicos: educación, formación, empleo, muchos jóvenes se relacionan con una sintomatología vinculada a la ansiedad porque estamos viviendo un momento totalmente desconocido”, señala María Pescador Vallés, psicóloga sanitaria y responsable del Instituto Ineup de Huesca.

La tasa de paro juvenil que afecta a personas de entre 16 y 24 años de edad, se sitúa en el tercer trimestre de 2020 en el 31,43% de la población activa en Aragón, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicados el pasado martes por el Instituto Nacional de Estadística. En la media nacional, dicha tasa se sitúa en el 40,45% de la población activa, la más alta de la Unión Europea. “Lo que más registramos son trastornos por situaciones formativas laborales sociales. Se han visto afectadas y realizamos acompañamientos breves porque afecta la situación externa. Hay que recomendar que tengan un papel activo”, indica María.

Sin prácticas ni empleo

Martín Abizanda es un joven de la provincia de Huesca que se encuentra ‘parado’ en Madrid. “Lo poco que hay son prácticas no remuneradas y así es complicado. Hoy en día no es fácil entrar en el mundo laboral, a mí me está costando y sé que me afecta psicológicamente”, manifiesta. Por su parte, Pescador insiste en que “para poder seguir trabajando, los adultos jóvenes deben seguir formándose en sus inquietudes y necesidades y es vital contar con su red de apoyo de amigos y familia para poder abordar esas dificultades”.

Confirma que hay “un montón” de sintomatología ansiosa y defensiva “por procesos emocionales vinculados a las dificultades de desempleo y no poder hacer las primeras prácticas”. “Es relativo hablar de normalidad en estas alteraciones –explica la psicóloga- lo que sí es, es significativo. Tenemos que identificar si es algo puntual en los pacientes o empieza a tener una mayor dificultad”. En definitiva, Abizanda coincide con ella y confirma que desde marzo ve todavía más compleja su introducción en la vida laboral. De hecho, sopesa la idea de que ni en otro puesto diferente a lo que ha estudiado podrá encontrar hueco.

 Gestión de la ansiedad

Dada la evolución de la pandemia se prevé que la incertidumbre siga rodeándonos. “Se ha juntado todo. Acabé la carrera y con esto ahora hay poquísimas ofertas de trabajo. Cada día lo veo más complicado y noto las consecuencias”, detalla Abizanda. El coronavirus ha cambiado nuestra forma de vida, también los planes que teníamos y los jóvenes adultos deben ser conscientes de que tendrán un papel “muy diferente al que estaban acostumbrado”. “Lo que más se registra son trastornos por situaciones formativas laborales sociales”, destaca la psicóloga.

La solución radica en “buscar un rol activo donde se sientan cómodos” y seguir formándose de otra manera, con cursos, congresos, etc. “Otro punto es la red de apoyo. No debemos tener esas vivencias ansiosas y depresivas para dentro, sino que contemos con un buen apoyo. Por último que aprovechen esa situación que al principio es dolorosa y de pérdida, porque se están perdiendo muchas cosas con esta crisis. Pueden aprovechar esa situación para trabajar en su desarrollo personal y emocional, para escucharse y entenderse a ellos mismo y que deriven a estrategias para gestionar la ansiedad”, concluye Pescador. 

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