Rafael López Guarga: “La inundación de Zaragoza fue un hecho extraordinario que se puede volver a repetir porque el riesgo cero no existe”
El pasado jueves 6 de julio la ciudad de Zaragoza se vio sorprendida por un acontecimiento de fuertes lluvias torrenciales. ¿Son previsibles estos fenómenos?
No cabe duda de que la precipitación fue un evento hidrológico y se manifestó en diferentes puntos de la ciudad. Actualmente, las predicciones meteorológicas son bastante certeras y exactas, pero muchas veces confluyen unas circunstancias que hacen que de forma localizada se desaten este tipo de fenómenos; en este caso la intensidad y duración del aguacero, unidas a las características de la cuenca. Además, con la inclinación natural de la Z-30 se creó una combinación nefasta en un momento puntual.
Ante episodios de esta naturaleza, ¿existen previsiones?
Sí, existen al igual que se hacen cuando se debe tener en cuenta el sismo, el oleaje para construir un puerto o la acción del viento en una estructura. Para ello se recurre a la probabilidad estadística estableciendo un umbral cuya superación se considera asumible. La previsión es un compromiso entre el daño que se puede producir y el coste de evitarlo. Un acuerdo entre la sociedad que paga, usa y asume las consecuencias y los técnicos que calculan, proyectan y construyen, compartiendo entre ambos la responsabilidad.
En el caso de las precipitaciones, se trabaja con series temporales que permiten que el aguacero, en función de su intensidad y duración, tenga asociado un periodo de recurrencia. Sin embargo, el fenómeno del 6 de julio no se ajusta a un patrón de lluvia asociado a estas curvas denominadas IDF (intensidad-densidad-frecuencia) que están tipificadas.
Se habla del papel que han jugados diferentes infraestructuras implicadas en esta inundación. Desde su punto de vista, ¿han funcionado bien las infraestructuras? ¿Por qué?
Las infraestructuras fueron diseñadas conforme a unos estándares de cálculo de drenaje y una caracterización de la precipitación propia de su momento. Por lo que se puede decir que tanto los sistemas de interceptación, evacuación, laminación o regulación han funcionado conforme a sus condicionantes de diseño. El problema es que el aguacero, como se comenta anteriormente, no ha respondido a estos valores, lo que hace replantear la necesidad de caracterizar este tipo de fenómenos, cada vez más repetidos.
Por otra parte, hay que llamar la atención sobre que en el diseño de los elementos se asume un riesgo, el que la sociedad está dispuesta a admitir. No es posible alcanzar el riesgo cero. Por tanto, existe un compendio entre los coeficientes de seguridad del dimensionamiento de estas infraestructuras y el tipo de fenómeno que pueda llegar a producirse en función de la probabilidad de ocurrencia.
¿Se tienen en cuenta la dimensión y la función de las infraestructuras en esas previsiones?
Se suelen utilizar dos tipos de metodología: la determinista y la probabilista. En la primera se analizan por separado escenarios concretos predefinidos que no pueden sobrepasarse, se evalúan las consecuencias y se adoptan medidas en función de ellas. En la segunda se analizan las consecuencias de unos escenarios probables utilizando árboles de sucesos.
En las últimas semanas, el Barranco de la Muerte se ha convertido en protagonista. ¿Cuál es el origen de esta toponimia?
Hay mucho desconocimiento y confusión con este término. El origen de la denominación viene del siglo XII, de la época de Alfonso I el Batallador, conquistador de Zaragoza. En este barranco hubo una importante batalla que dio el triunfo a las tropas conquistadoras ocasionando importantísimas bajas al enemigo. También hubo una batalla singular en la Guerra de Sucesión entre los seguidores de la Casa de Austria y los de la de Borbón. De aquellos enfrentamientos bélicos y de las muertes que se produjeron en este punto viene su nombre.
En esta zona discurre el Tercer Cinturón. Durante la tormenta se convirtió en un gran desagüe, tal como se ha podido ver en las imágenes publicadas. ¿Cuál fue la causa?
El Tercer Cinturón cruza en esa zona el Canal Imperial manteniendo el acueducto ejecutado por Pignatelli en 1790, que salvaba el Barranco de la Muerte mediante una obra de paso que se repuso por una de las márgenes con una sección sensiblemente similar a la anterior, calculada con los parámetros que en aquel momento establecía la normativa vigente.
Como se ha dicho, la precipitación tuvo un carácter extraordinario. Superó la capacidad de la obra, pero no por su calado, que no fue excesivo, de entre 50 y 60 centímetros, sino por su velocidad, que fue muy alta, del orden de 5 metros por segundo (m/s), consecuencia de la elevada pendiente del 2,5%, de la zona, lo que creó además un régimen turbulento. El caudal pudo superar los 60 metros cúbicos por segundo (m3/s). Este hecho nos hace reflexionar sobre lo absolutamente necesario que es revisar los mapas hidrológicos y las cuencas vertientes, así como reconsiderar los coeficientes de escorrentía y los procedimientos de cálculo probabilísticos, ya que la situación actual del territorio nada tiene que ver con el existente a mediados de los años 90.
Entonces, ¿podríamos decir que nos encontramos ante una situación que se puede volver a repetir?
Absolutamente. Además, no sólo nos encontramos ante la evolución de la ciencia y el avance de la tecnología y métodos de cálculo, sino que debemos aprovechar lo que los franceses denominan 'retour de la experience' sacando lecciones aprendidas de eventos anteriores.
Por ejemplo, a raíz de los desastres acontecidos como consecuencia de la rotura de la presa de Tous, los puentes de carretera se dimensionan para que pase el caudal de 500 años de periodo de retorno, las obras de drenaje transversal para 100 años y el drenaje superficial para 25 años. En viario urbano, donde la solución de estos drenajes es más compleja y costosa, el periodo es de 10 años. Esto es lo que habrá que reconsiderar; eso sí, buscando un equilibrio acorde entre coste y beneficio.
¿Es posible llegar al riesgo cero?
Como se indica anteriormente, los cálculos de las infraestructuras, y más las hidráulicas, se realizan de acuerdo a un nivel de riesgo aceptable. La pregunta es, ¿hasta dónde llegar? Lo cierto es que el riesgo cero no existe. Siempre habrá circunstancias sobrevenidas. Es como el caso de los incendios en túneles. Se ha avanzado en las instalaciones, equipamientos y medidas de seguridad de estas infraestructuras, pero ¿dónde y cuándo me paro? Se ha establecido una normativa de condiciones mínimas de seguridad, pero hay un momento en el que hay que parar. Hay eventos en los que la probabilidad de que se presenten puede llegar a ser de miles de años.
Este evento ha demostrado que la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos tiene mucho que aportar a la sociedad y que está presente de manera estructural en ella, pero ¿está suficientemente representada en los órganos de toma de decisiones?
Esta especialidad debería tener representación en la administración pública en cualquier escala territorial, porque somos profesionales cualificados que podemos aportar nuestros conocimientos en muchos campos. Desde los propios de la administración general y regional: carreteras, puertos, costas, energía, obras hidráulicas y elementos naturales de organismos de cuenca; hasta los de entidades locales que se encargan del urbanismo y las infraestructuras municipales en las que al menos cuenten con su colaboración. Próximamente, el Colegio mantendrá encuentros con los ayuntamientos para instarles a que incluyan la figura del ICCP -Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos- en la plantilla municipal.
Es una carrera con escasa demanda, aunque tiene pleno empleo. ¿Qué sucede?
Uno de los hándicaps es el salario, que no siempre es adecuado para el volumen de trabajo y responsabilidad que conlleva ejercer esta profesión. Otra de las razones es el intrusismo. Quiero aprovechar para recordar que la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos exige colegiación para poder ser ejercida y que es una profesión apasionante y con infinitas posibilidades en el mercado laboral.
¿Ha puesto en marcha el Colegio alguna acción para atraer talento a esta ingeniería?
Sí, desde el Colegio se están llevando a cabo varias actividades en las que están implicados ingenieros e ingenieras de Caminos, Canales y Puertos. A una de ellas la hemos llamado 'Abriendo caminos hacia el futuro'. Una iniciativa mediante la cual el Colegio tiene presencia en centros educativos de secundaria en los que se imparten charlas informativas sobre la profesión al alumnado. Este próximo curso vamos a ampliar la edad de esas charlas al alumnado de 3º y 4º de la ESO para que aquellos que todavía no han elegido bachillerato puedan tener en cuenta esta ingeniería como una opción atractiva.