Un “safari rural” para mostrar el trabajo de los pastores y la realidad de los pueblos

Teresa Villaroya y Visitación Bonet, creadoras de la experiencia, junto a uno de sus animales

Nerea Lozano


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Durante el invierno se levantan con la luz del sol para sacar y acompañar a las ovejas incontables horas cuando el frío deja de caer en los campos. Más tarde, con la llegada del calor, en los meses centrales del año esperan el nacimiento de los nuevos corderos y se trabaja de sol a sol para poder atender todas las necesidades de las cabezas de ovino. Esta es parte de la realidad y rutina que realizan los 365 días del año los pastores y pastoras como son Teresa Villarroya y Visitación Bonet, que se dedican a ello desde hace más de 23 años en la localidad turolense de Villarroya de los Pinares. “En junio, julio y agosto hacemos jornadas dobles y trabajamos 16 horas porque se madruga para ir al corral y ver si han tenido problemas al dar a luz, sacar al resto de animales al campo o preparar su comida”, asegura Visitación Bonet. 

Hace poco más de una década recibieron un mensaje que les hizo saltar las alarmas. El asesor financiero de un pueblo próximo les confesó que “necesitaban una alternativa a ser pastoras si querían sobrevivir en el medio rural”, según recuerda Bonet. Su pasión por los animales, el pastoreo y lo rural se unieron para crear la experiencia ‘¿Quieres ser pastor por un día?’ en un pueblo que, tal y como describe, “no cuenta ni con un habitante por kilómetro cuadrado”. Todo empieza en una acogedora casa rural -Casa Chulilla-, donde trataban de enseñar a los huéspedes en qué consistía su trabajo, mostraban su ganado o les dejaban recoger huevos, entre otras actividades.

Sin embargo, Bonet y Villarroya una tarde cualquiera encendieron la tele y se encontraron con un “sorprendente documental”. “Trataba sobre los niños de las ciudades y lo alejados que están de la realidad. Les decían que dibujaran un pollo y lo hacían asado o les preguntaban de dónde viene la leche y señalaban los briks del supermercado. En ese momento decidimos que había que hacer algo más grande para que la gente conozca la verdad de los pastores y los pueblos”, manifiesta la profesional de los animales.

La consolidación de la idea

“Al sector primario nos están demonizando y somos quienes damos de comer”, denuncia Bonet. Con esta experiencia busca que la gente “vea el trabajo que realizan para que ellos puedan vivir en los entornos urbanos”. Los participantes pueden, durante mínimo tres horas, ponerse en la piel de un pastor al amamantar a los corderos o alimentar al ganado. Todo ello es posible en la Masía de los Baños -del Renacimiento y reconstruida en 1889- situada a poco más de cuatro kilómetros de Villarroya de los Pinares y con una superficie de 108 hectáreas. Allí, se encuentran, como enumera Bonet, 450 ovejas, 14 cabras, 10 pavos, yeguas, vacas, conejos, un toro y gallinas en extensivo o lo que es lo mismo “en libertad”. “Al final lo llamamos safari rural porque vas con los coches y vamos encontrando a los animales. Sabemos más o menos por la zona que están los caballos, las vacas… y cuando les llamamos conseguimos que vengan. Llevan años con nosotras y están acostumbrados al trato humano, es algo único”, destaca Bonet. 

Las pastoras, que cuentan con otra explotación ganadera de 49 hectáreas, no desaprovechan la oportunidad y durante el recorrido ofrecen “charlas didácticas acordes al perfil del público de cada jornada”. Explican desde curiosidades como la historia del huevo, los cuatro estómagos del sistema digestivo de los rumiantes, la forma de volar de los buitres o que las vacas no tienen dientes en la mandíbula superior hasta la diferencia entre un caballo y un burro y los posibles cruces.

Queremos que lo conozcan y que vean lo que hacemos en el día a día los pastores. Cuando les contamos estos detalles vemos caras de asombro y muchos cuando terminan reconocen que han disfrutado y aprendido mucho.

“Hay cosas del mundo rural y sobre todo de los animales que ves que a la gente le cuesta saber porque están muy alejados de esto. Queremos que lo conozcan y que vean lo que hacemos en el día a día los pastores. Cuando les contamos estos detalles vemos caras de asombro y muchos cuando terminan reconocen que han disfrutado y aprendido mucho. También les enseñamos la estructura de la masía y su historia o la ermita próxima para que conozcan todo lo posible del pueblo”, reconoce Bonet. 

Lo que al principio era para aquellos que se alojaban en Casa Chulilla ha ido ganando adeptos y cada vez “viene más gente expresamente”. Bonet considera que es un ejemplo de lo que llama “efecto tela de araña” porque “se van recomendando el lugar de unos a otros”. Además, apunta que una de las claves y “lo bonito es que cada día es diferente”. Esto ha provocado que mucha gente decida repetir hasta el punto de que una familia canadiense haya participado “14 veces”, la última hace apenas dos semanas. “La mayoría de personas vienen de la Comunidad Valenciana y vuelven a su casa en el día. Es una gran responsabilidad porque apuestan por pasar el día con nosotras y cada vez más vienen de otros países. Estamos logrando lo que queríamos de enseñar el trabajo de los pastores al mundo”, asegura con satisfacción Bonet. 

Esos campos que acogen a los animales y personas han vivido “experiencias inolvidables”. Por ejemplo, Visitación y Teresa recuerdan que en la vuelta tras el confinamiento una de las participantes “se abrazó a la yegua y empezó a llorar” y coinciden en que “es muy bonito ver que esa conexión que tienen con los animales el resto también lo consigue”. Muchos días escuchan como algunos visitantes confiesan que “han soñado con esa vida en un pueblo”, a lo que ellas responden que “nada se lo impide y que si lo quieren el medio rural les está esperando”. Como reconocimiento a su labor por revalorizar la actividad de los pastores y la vida en los pueblos han logrado el primer accésit de los Premios a la Mejor Experiencia Turística de Aragón en 2022. Algo que todavía “no terminan de creerse”.  

La situación turística

Las “altas” cifras de participación en la experiencia de ser pastor por un día chocan con la situación del sector turístico en el panorama aragonés. De manera concreta, según indica un estudio publicado por Instituto Nacional de Estadística (INE) a finales de 2022, Teruel es la provincia aragonesa que ha visto como más hoteles y hostales cerraban sus puertas, un total de 14. Una de las causas puede ser los datos emitidos en un informe elaborado por la Diputación de Teruel (DPT) y Comisiones Obreras (CCOO), pues señalan que en agosto del año previo a la pandemia los hoteles “apenas registraron un 48% de ocupación” y después continuó cayendo por los cierres perimetrales. 

A su vez, indican que los alojamientos tienen un reparto “desigual entre las diferentes comarcas”. Gúdar-Javalambre, Comunidad de Teruel, Sierra de Albarracín y el Matarraña acumulan un 77% del total de los alojamientos de la provincia. Así, en el estudio alertan de que un exceso de oferta de alojamientos podría provocar que muchos dejasen de ser rentables y estuvieran abocados al cierre. Esto tendría consecuencias directas en el “desarrollo turístico” y dificulta la “fijación de población” en las zonas rurales. 

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