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Julio M. Marante

Periodista

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“Dejad que los niños…”

En medio de las luchas por las parcelas del poder, de las disputas parlamentarias para impedir que el Gobierno apruebe el techo de gasto, junto con los objetivos presupuestarios del déficit y la deuda pública, escuchando por doquier interpretaciones, legítimas o no, sobre el problema catalán y los peligros de desunión en una sociedad enfrentada; en medio de las triquiñuelas políticas que nos alejan del servicio público honrado, el que debe volcarse en fortalecer nuestras instituciones; en medio de tertulias televisivas o radiofónicas, en las que hombres y mujeres con los más absurdos comentarios, atraviesan la línea que separa la dialéctica de la inconsciencia y la locura, me quedo en silencio para no malgastar mis palabras. Pienso por un momento en tantas cabezas huecas que con máster o sin él, se apuntan a dirigir esta tierra nuestra llamada España.

Y mientras el pensamiento me come el cerebro a picotazos y permanezco en silencio hablando conmigo mismo, un ligero tono de whatsapp en el teléfono móvil, me saca de mis cavilaciones sobre problemas irresolubles. El movimiento digital descubre ante mis ojos una fotografía de mi hijo y de mis nietos ante el Papa Francisco. Hay noticias que emocionan y acarician el alma. Por fin algo bueno en un tormentoso día de calor: un grupo de niños canarios con cardiopatías congénitas viajaron a Roma para conocer al Papa. Su Santidad les recibió en audiencia y compartió con ellos y sus familias momentos entrañables. Al fin – me dije – una no una buena noticia, sin el toma y daca de las escaramuzas políticas. Una noticia tan pura como los gestos de Francisco y la inocencia de los niños… Y recordé que en aquel tiempo, le acercaron a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaron… Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y Jesús los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos. Esa es la imagen transmitida por el Papa Francisco. Me cuentan que también viajó a Roma el cirujano Raúl Abella Antón, director de la Asociación de Cardiopatías Congénitas Cor Barcelona, especialista en cirugía cardiovascular de los Hospitales Vall d`Hebrón y Universitari Dexeus, una eminencia médica que ha salvado a miles de niños, entre ellos muchos canarios, y que ha participado en más de cincuenta misiones humanitarias. Ciencia y fe en una muestra significativa de cómo donar el sí al servicio del prójimo. ¿No es acaso esta, darse a los demás, la doctrina de Jesús y del Papa Francisco? Ante los hechos, quiero creer que sí.

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A propósito del Día de Canarias

San Borondón… ¡Oh, mito fantástico de bruma / tierra intacta y fugaz, divina y deslumbrante!  / Yo te amo, extraña isla que surges entre espuma / y entre espuma te hundes y borras al instante. Los versos de Luís Álvarez Cruz, los podríamos incluir en el imaginario mítico-literario de las Islas, producto de  de la información inflamada de navegantes, científicos y poetas, capaces en sus narraciones de construir paraísos de todo tipo, ubicados en las islas atlánticas,  reales o míticas, legendarias o fantásticas. En la carta náutica de Grazioso Benincasa (1482) se representa incluso la isla y hasta los nombres de sus siete ciudades. Pero esa isla de ensueño, envuelta en los velos de la fábula y la leyenda, en un relato de siglos apareció y desapareció el otro día… La historia de las Islas Canarias es más antigua. Como sabemos por el historiador griego Herodoto, quinientos años antes de Cristo, en los extremos del mundo conocido solían colocarse los pueblos, las islas y los fenómenos más extraordinarios y raros. ¿Era esto propio de la ficción literaria? El Jardín de las Hespérides, las Islas de los Bienaventurados, el Jardín de las Delicias, el Paraíso Solar de los Etíopes, los Campos Elíseos… nombres y lugares de otro mundo, con los que Homero, Píndaro, Virgilio o Plutarco, entre otras fuentes clásicas, se referían a estas tierras. No debe extrañar, por tanto, que esa ensoñación invite a los canarios, a mezclar sutilmente el mito con la historia.

En estas fechas, celebramos el Día de Canarias. Como escribió Manuel Alemán: todo pueblo necesita espacios sociales para el encuentro y la expresión de sus vivencias, para la comunicación y el intercambio. Ese espacio lo encuentra en la fiesta popular. Sin embargo, si la expresión es la manifestación de experiencias, sentimientos y actitudes personales que marcan la vida del canario, no estamos para muchos festejos. Vivamos el Día de Canarias con los pies en el suelo, analicemos la situación real de nuestro archipiélago, no aquella mítica que nos dice que estas islas son  restos de La Atlántida o parte de una civilización perdida.  Celebremos la fiesta, sí. Porque en torno al Día de Canarias se dinamizan los contornos de nuestra cultura con premios, cantos y flores, con la sagrada lealtad a la fecha del 30 de mayo de 1983, cuando tuvo lugar la primera sesión de nuestro Parlamento Autónomo, pero no olvidemos que junto al impulso festivo de los parranderos que hacen derroche de alegría con sus cantos y bailes, un dolor casi perpetuo y silencioso camina a nuestro lado. Canarias no es La Arcadia del ambiente idílico que describen poetas, artistas y por suerte aquellos que nos visitan. Son muchos los canarios que siguen aprisionados en la crisis y por ello, en medio de esta explosión festiva, sólo vale un regocijo contenido en una tierra lastimada. No podemos ser felices, si nos falla la esperanza.

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Transvulcania

La esperanza promocional de La Palma se encarnó hace unos días en los casi cuatro mil participantes de la Transvulcania. El paisaje de la Isla se ofrecía a los corredores como un milagro de mar a cumbre, en cada recodo del camino. La orografía palmera ha convertido esta prueba en una aventura única y sin parangón alguno. Esa es una realidad de la que hablan miles de deportistas después de recorrer kilómetros y más kilómetros  sobre la epidermis de una tierra que ni los propios palmeros conocemos en su totalidad. No existe demagogia en aquellos participantes que elogian la prueba, la ruta seguida y el grado de dificultad vivido en esta décima edición de la Transvulcania, pero algunos de ellos han mostrado su disgusto por la poca difusión del acontecimiento en los periódicos de Canarias. Los deportistas se quejan con razón. Una prueba internacional de esta magnitud no puede quedar al margen de lo que, deportiva y emocionalmente, fue para ellos una gesta que raya lo épico.

No basta la comunicación local, nacional e internacional aportada por las nuevas tecnologías, y que los propios protagonistas han subido a las redes sociales. Parece que la epidemia de la envidia que nos enfrenta a los canarios de distintas islas ha acabado con la sagrada lealtad que los medios escritos deben tener por el equilibrio entre islas mayores y menores, provocando una vez más, el  sentimiento de frustración que a los palmeros nos atrapa desde hace años. ¿Qué debemos hacer para acabar con la marginación de la que somos objeto? He escuchado con atención el video de un corredor de Gran Canaria enojado con medios de su propia isla, Canarias 7 y La Provincia, por no haberse hecho eco de una prueba de este nivel, cuando culminarla – afirma – ha sido una heroicidad para cualquier corredor. La Transvulcania de La Palma tiene los fundamentos necesarios para ser considerada como una de las carreras de montaña más prestigiosas del calendario deportivo. Han sido los propios participantes, quienes la han catalogado como una de las ultramaratones más duras del mundo, tal es así que desde 2015, la organización empezó a requerir a los inscritos la justificación de sus capacidades para superar con éxito las distancias. Así, en la presente edición, en medio del espectáculo que dieron las grandes estrellas, los deportistas canarios reclamaron su cuota de protagonismo y bajaron sus tiempos con respecto a ediciones anteriores.

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17M: La moderación se manifiesta

La rebelión de pensionistas de todas las edades ha sido como una marea que hostiga la ignorancia de nuestros políticos en un mundo que parece cada vez más difícil de modelar y acalla las dudas sobre una población hasta ahora dócil, que venía viviendo en conforme acatamiento la crisis que tantos sueños ha apagado. Podríamos decir que la moderación se ha manifestado, ha ganado la calle y ha expresado su descontento y su protesta. Está claro que “los viejos”, como señalan algunos medios, dormían con los ojos abiertos. Su capacidad de aguante se ha derrumbado y miles de jubilados de toda España, se han manifestado en demanda de unas pensiones dignas. Han gritado “¡No a las pensiones de miseria!” que regula la Reforma de 2013 y sólo garantizan la subida de un 0,25%, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo. “¡Ni un paso atrás!”  fue el lema que proclamaron ante el Congreso de los Diputados. La moderación ha mostrado sus dientes. Hombres y mujeres que peinan canas y que llevan luchando por sobrevivir a las sombras de la adversidad han dicho “¡Basta!” Y por eso, el sábado 17 de marzo volverán a la calle. David se levanta contra el gigante con la amenaza de casi diez millones de hondas en forma de votos. No es la primera vez que el pueblo se convierte en un ejército dispuesto a pedir que no se rían de él, que acaben con su horrendo desespero. La masa, a veces, suele ser tremendamente incómoda, sobre todo cuando le dan razones para cambiar de papeleta ante la llamada de las urnas.  Es posible que entonces se imponga el interés general de los pensionistas a las líneas ideológicas y estratégicas de los partidos.

A aquellos que conformamos esa masa, nos quedan pocos cupones en la cartilla de racionamiento de la vida, pero estamos dispuestos a jugarnos alguno de esos cupones. Días pasados, miles de pensionistas cumplieron su papel y con justificado temor a un futuro incierto, no sólo para ellos sino para sus hijos, dejaron oír su voz. La voz rota del dolor y el hambre, la voz cautiva de la hipoteca y el miedo, la voz sublime de la fe y la esperanza…, porque muchos de los presentes actuaban como “patriarcas” de tantas y tantas familias que vivían y viven a sus expensas. Por eso, esta vez el poder joven que empuja y avasalla estará con ellos,  con nosotros, en  un intento de recuperar juntos el Estado de Bienestar que hemos perdido. ¿Existe aspiración más humana?

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Pedro Cobiella: adiós maestro

Son muchos los palmeros que no podrían decir adiós a Pedro Cobiella Cuevas sin una semblanza sutil de simpatía. No hace tanto tiempo que le vi. Es posible que la angustia le rompiera por dentro, pero por fuera allí estaba entero como siempre. Vivió la última etapa de su vida al otro lado del mar, en Tenerife, pero siempre dispuesto a regresar a la tierra de su canto, en la que el alma se le quedó afincada eternamente.

No sé si fue un Sancho generoso o un Quijote rebelde con la frente erguida, lleno de afanes y de ardientes pasiones. Con ellas, Pedro Cobiella resucitaba cada mañana para enfrentar, lanza en mano, los crudos molinos de la diálisis que, en hospitalarias sesiones, le permitieran rescatar su propia vida. Al final la muerte se impuso… Y la muerte no tiene cura. Es el camino de ir y no volver. Sin embargo, de Pedro nos queda el recuerdo.  La palabra que, en su boca, se abría en hermosura como el eco que llega desde el corazón y vuela vibrante hasta la gente. Cobiella era un buen orador, un locutor nato y un presentador irrepetible. Recuerdo aquella última entrevista que le hizo al torero palmero José Mata, antes de que “Cascabel”, así llamaban al toro, lo hiriese de muerte en Villanueva de los Infantes. Pedro Cobiella lo mismo dialogaba con grandes artistas que venían a actuar a la Isla, que con ministros del tardo-franquismo que nos visitaban.

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Bronce inmortal

La muerte de un poeta se mide por la belleza o por la herida de los versos que fueron la pasión de su vida. Días pasados, sentado junto a la escultura en bronce recién inaugurada de Félix Francisco Casanova, obra del reconocido artista Fran Concepción, recordé con satisfacción el Encuentro de Escritores que lleva su nombre y cuya primera edición tuvo lugar en nuestra Isla. Aquel programa, tal vez sin pretenderlo, coincidió con los actos conmemorativos del 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, la efeméride más importante de esta década en el mundo literario.  En mi intervención como Cronista Oficial de Breña Baja, en la jornada que tuvo lugar en dicha Villa, recuerdo que dije que la amnesia es un gran peligro si deseamos construir un futuro para nuestra cultura. E l reto cultural, es decir, fomentar los recursos creativos de la cultura, entre ellos los de escribir, leer y pensar, resultan esenciales como elementos liberadores del individuo, en una sociedad como la nuestra, en la que resulta alarmante comprobar que, a pesar de haber escolarizado a su población en un grado máximo, el aprendizaje, los niveles de comprensión lectora y expresión escrita, no han sido los deseados.  Recuperar la memoria del autor de  El don de Vorace (Premio Benito Pérez Armas de narrativa) El Invernadero (Premio Julio Tovar de poesía) y La Memoria Olvidada entre otros libros, a través de una figura accesible, sentada como un estudiante habitual en los escalones de la Pérgola, debe invitar a los jóvenes a conocer su obra. Félix Francisco fue un amante de la música y la lectura: “ Estos días oigo mucha música, mucha. Siempre estoy naciendo en la música, es inagotable mi sed y también su fuente es inagotable. Y me amansa y me derrama como un cántaro de sangre de montaña, y su amor me toca y soy lo más vulnerable a sus palabras, y mis heridas, mis llagas revenan como un árbol cortado, como el primer día en que amé o leí a Tagore”. La Literatura es una de las materias que más contribuyen al proceso de maduración de un adolescente; desarrolla su capacidad crítica y creadora,  enriquece su saber lingüístico, aumenta el gusto por la lectura y abre puertas a nuevas experiencias. 

No sé si es una realidad o, al menos, a mi me lo parece, pero, tal y como quería, Félix Francisco Casanova ha vuelto a casa: “ La primera vez que bajé al valle  me sorprendió que la yerba no fuese agua,  tal como parecía desde la montaña. La segunda vez me defraudó comprobar que sus habitantes eran mudos, ya que no los oía desde la montaña. A la tercera vez comprendí / que ya nunca más subiría a la montaña”. Félix Francisco, gracias al Cabildo de La Palma que afrontó en buena medida el coste de la obra al Ayuntamiento capitalino y al hálito creador del artista Fran Concepción se ha quedado a pie de calle, en La Pérgola por la que de joven tantas veces pasó al bajar del Instituto. Ahí está, el joven maestro de la palabra cuya voz ha crecido con el tiempo, mirando al horizonte sin que exista separación alguna entre el genio y la gente común.  Así, el poeta que se movía en medio de la duda: No quiero estar en un hospital, no quiero estar en un cementerio, no quiero estar en un hogar, no quiero estar en la calle. En la gran matriz del mundo no hay sitio para mí”. Por fin halló su sitio.  

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Tajadre, a las puertas de la Navidad

Desde hace muchos años, los villancicos  forman parte de ese folklore que ha arraigado gracias a las rondallas de Lo Divino en la tradición cultural de nuestra Isla, son algo consustancial del pueblo palmero. No pueden separarse. Forman parte de su esencia y son la expresión de un sentimiento, del goce especial que nos invade a todos al llegar estas fechas. El sábado, 16 de diciembre, Tajadre romperá con sus notas el silencio del primer lucero y el hechizo de un suspiro, nos conmoverá en la Plaza de España, que es el cuenco que nos arrulla a todos cada Navidad.

Tajadre se comprometió hace casi cinco décadas a poner una parte de su riqueza creadora a disposición de estas fiestas, porque es un grupo nacido de la Navidad palmera. De ahí, que cantar y hacernos vibrar con esos villancicos que  forman parte de nuestro acervo cultural, no sea una afición sino  una vuelta al origen, una razón de ser de la agrupación que preside Mario Sosa. Sus componentes dan al villancico la puridad que le marcan las raíces y hace germinar la semilla más musical de nuestras tradiciones. Por eso, escuchar a Tajadre nos encanta, consuela y anima a vivir gozosos otra Navidad. Porque el encuentro anual de la Plaza de España atiende a la voz de la sangre y forma parte de un rito que, en momentos sublimes, hace latir el corazón de la ciudad y da forma al sentimiento de un pueblo.

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Unidos por los recuerdos

Hace unos días nos reunimos una treintena de jóvenes de ambos sexos (lo de jóvenes es un decir), para recordar viejos tiempos y contar nuestras experiencias, buenas y menos buenas, en el torbellino de nuestras vidas. El reencuentro cumplió con esa misión que exalta el tiempo y la distancia, pues vivimos una edad en la que ya sólo nos anima el milagro del instante o de un mañana a corto plazo, pero al disfrutar como antaño de esa amistad que sigue erguida por recuerdos imborrables, la tertulia fue más un óleo festivo que una acuarela de pesares.   Así rendimos homenaje al Edelweiss  y al coraje con que todos nosotros seguimos su estela.

El  Edelweiss, como otros clubes juveniles de la Isla, estuvo a la vanguardia de la juventud palmera en la década de los 60, y todavía presumimos de la aurora interior que dejó en cada uno de nosotros. Crecimos a la sombra de aquel alero, bajo el que, con un renovado interés integrador, formamos una agrupación mixta, con dirigentes de ambos sexos y, por tanto, catalizadora incipiente de los movimientos de liberación de la mujer, con una visión tolerante  que fue el germen de una fraternidad entre sus miembros poco vista hasta entonces. En nuestro club, surgieron nuevas costumbres juveniles, rompiendo convencionalismos y alcanzando un protagonismo social y cultural en la vida de Santa Cruz de La Palma, que dio sus frutos. Y aunque éramos conscientes de que los cambios necesitaba el país y el mundo no dependían esencialmente de nuestras acciones, intuíamos que con nuestra labor podíamos mejorar la realidad más cercana.

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Adiós, amigo

Hay una luz que no se olvida, porque sólo ilumina lo mejor de nosotros, cuando esa luz se apaga nos deja luto en la memoria… (Luis Rosales) 

Antonio Sosa (Toño), cuando cantaba y tocaba su guitarra con los Asieta, junto a Siso y Rosa Nelly, se deleitaba interpretando canciones de Los Cinco Latinos, el grupo de moda por entonces… Es por eso, que recurro a una de sus canciones para retratar la cruda realidad de una tensa espera, asociada con su muerte: Solo le pido a Dios / que el dolor no me sea indiferente,/ que la reseca muerte no me encuentre / vacío y solo sin haber hecho lo suficiente./ Sólo le pido a Dios / que lo injusto no me sea indiferente,/ que no me abofeteen la otra mejilla  / después que una garra me araño esta suerte. Nos faltan las palabras cuando el dolor resbala por el alma a flor de piel, y un escalofrío recorre nuestro cuerpo varado en el silencio. Porque eso es lo que queda, tras la noticia de tu adiós: un silencio repentino anclado en la conversación de los amigos. Un vasto silencio que sabe a muerte honda, a resignada tristeza porque no se produjo el milagro. Pero, aún así, en medio de ese mutismo sentimos tu presencia… percibimos aquella curiosidad tuya al llegar y preguntar como en un ritual ¿niño qué? o ¿qué fluflú? con ganas de conocer la última noticia. Ahora que los recuerdos que se espacian en nuestra memoria con escueta y precisa exactitud, no olvidamos los distintos cometidos que acreditaron tus señas de identidad (AUCONA, Viajes Insular, Transmediterránea, CIT La Palma, CEPYME), funciones reconocidas por todos que sintetizan lo que fue tu vida: la trayectoria de un trabajador nato y de un ciudadano ejemplar. Pero, además, están los ademanes de afecto que mostrabas a los tuyos, el respeto que manifestabas a los demás, el entusiasmo con que defendías tus ideas, el aplauso espontáneo y convencido ante una decisión compartida, la sonrisa cómplice después de una frase ingeniosa, el candor y la buena fe que hicieron de ti un invitado cordial y entrañable, grato en muchas de nuestras tertulias. Es verdad que discrepabas cuando tanto la historia de la Isla como las crónicas del Mensajero o del Barça, se escribían en  renglones que no eran los tuyos, pero en las profundas raíces de tu espíritu constructivo, sin abandonar tus principios, siempre guardaste un sitio para la concordia y el abrazo sincero.

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La playa del Malecón

Acabo de regresar, una vez más, del espigón de la nueva playa, el ambicioso proyecto que lejos de separarnos nos acerca más al mar. Desde ese dique sur he contemplado la fachada de la ciudad, en medio de un paisaje que es una maravilla de color, de gracia y de finura. “ Te presiento toda entera… y sé que eres tú misma, ciudad chiquita y marinera que, con histórico trazo, pareces cantar sobre la arena”. La pequeña urbe vista desde la escollera contrasta con el esmeralda más cercano y el verde gris de nuestras cumbres, coronado por el azul del cielo. Los amigos que me acompañan sucumben a tal fascinación. Esta es una obra que a los palmeros nos llena de asombro y orgullo, y a los extraños de envidia y de celos. He sentido un regocijo íntimo ante un sueño convertido en realidad. La nueva playa es una referencia rica en imágenes que nos llena gozosamente el ánimo, acelera los latidos del corazón y transforma en sonrisa el gesto desmoralizado de muchos hombres y mujeres que, en esta ciudad, han luchado por recuperar el pulso comercial y despertar la laboriosidad de nuestra gente. Esta es una obra que nos llena de deseos… Deseos de avivar el optimismo, la libre iniciativa, el espíritu de superación y la voluntad de sobrevivir a esa crisis que durante algunos años nos ha marcado, con un empobrecimiento general mal repartido que, en La Palma, hemos aceptado con mansa conformidad. 

El mar es el gran amor de esta ciudad… Un amor que he reflejado más de una vez en mis poemas: “ Ensenada abierta hacia el naciente, /abrazo a la aventura que nos llama / a ese viejo mar, que duerme y brama, / y que, en sus caricias, la ama y siente”. Desde la playa de El Malecón, así me gustaría que se llamara, he tenido, al atardecer, otra visión de la ciudad… “ Con la puesta de sol, se decolora / y se adormece silente en su pereza, /  junto a ese mar que con terneza, / acaricia su cuerpo a toda hora. / Ese azul que, desde el confín lejano, / llega suave a abrazarla con sus olas, / ese dios al que tímida enamora, / o quiere pudorosa como a un hermano”. Cuando llegó a mis oídos la propuesta de llamar a la nueva playa El Malecón o, …del Malecón, me apresuré a decir que compartía tal iniciativa, pues primero desde la playita de El Callao y después desde el malecón, que en parte se conserva, Santa Cruz de La Palma ha respirado aromas de sal, y “ …los caracoles marinos en su eco han propagado su espíritu y su canto por el mar que baña la orilla de su cuerpo”. 

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