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2016 será el año de las legumbres

En un mundo en el que una de cada nueve personas no cuenta con los alimentos suficientes para llevar una vida saludable, las legumbres se vislumbran con atisbos de esperanza

En 2016 se conmemora el Año Internacional de las Legumbres, cuyo objeto es sensibilizar a la población sobre las ventajas nutricionales de estas semillas

Ayuda en Acción trabaja en proyectos de seguridad alimentaria desarrollando prácticas agrícolas sostenibles y apoyando a pequeños agricultores en Asia, África y América Latina

Niña con rastrillo en Waslala, Nicaragua. Foto: Silvia López / Ayuda en Acción

Niña con rastrillo en Waslala, Nicaragua. Foto: Silvia López / Ayuda en Acción

Se estima que para 2050 la población mundial habrá sobrepasado los 9.600 millones de personas con los consiguientes problemas alimentarios. Según cálculos, se precisará aumentar en un 60 por ciento la producción de alimentos, por lo que cada vez está más en riesgo la limitación y distribución de los recursos para la manutención de toda la población mundial. Pero no tenemos que irnos tan lejos: en la actualidad, en los países en desarrollo todavía 66 millones de niños y niñas asisten a la escuela con hambre, mientras que más de un tercio de los alimentos se desperdicia. En un mundo en el que casi 800 millones de personas no tienen los alimentos necesarios para llevar una vida saludable, las legumbres, aunque pequeñas, amasan el pan de la esperanza.

Pero ¿por qué la legumbre? Esta es la apuesta de la Organización de Naciones Unidas, constituyéndose 2016 como el Año Internacional de las Legumbres. Y es que, a pesar de ser un alimento modesto, presenta grandes bondades: proporciona proteínas, alto contenido en fibra y otros nutrientes esenciales. Además, cuenta con una prolongada conservación, aporta ingresos a los pequeños productores y cuida del medio ambiente. Tal es así que la legumbre, tan humilde, se encumbra como una de las grandes protagonistas del año.

El Objetivo 2 marcado en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada el pasado mes de septiembre, habla de poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible. Y es en estas y otras muchas cuestiones en las que Ayuda en Acción trabaja con ahínco desde hace años, promoviendo soluciones de desarrollo integral en seguridad alimentaria en países con niveles muy altos de hambre según la FAO, como Haití; con niveles altos, como Etiopía, Uganda o Mozambique; y moderadamente altos, como Guatemala, Nicaragua, Bolivia e India.

Ayuda en Acción y el reto de la seguridad alimentaria

Con el objeto de mejorar la alimentación, desde Ayuda en Acción promovemos medios de vida sostenibles en el ámbito rural, respaldamos a los pequeños agricultores incentivando el aumento de su productividad, ofrecemos ayuda a los niños y niñas para mejorar su nutrición y luchamos por la igualdad de género apoyando a mujeres y niñas. Y es que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se podría reducir en 150 millones el número de personas que pasan hambre en el mundo si las mujeres rurales tuvieran acceso a los mismos medios que los hombres. Pero la realidad dista mucho de una igualdad de derechos efectiva.

Para impulsar la seguridad alimentaria, aglutinamos numerosos proyectos en países de América Latina, África y Asia, regiones en las que, precisamente, la legumbre es uno de los alimentos estrella. A continuación miramos hacia áreas de desarrollo de Ayuda en Acción en tres países distintos, uno de cada continente:

India ocupa el puesto 130 de 188 países en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), con una economía rural y dependiente de la agricultura, y es el mayor productor y a la vez importador de legumbres del mundo. En este país afrontamos diversos retos en los estados de Odisha y Jharkhand, como el de la agricultura orgánica o el de la titularidad de las tierras por parte de las mujeres. Este es el caso de Anita Lakra, cuya vida ha mejorado sustancialmente después de recibir apoyo para que fuera reconocida la titularidad de su tierra. Gracias a este proyecto, dos mil familias de estas regiones están introduciéndose en la agricultura orgánica, rebajando los costes de producción y obteniendo créditos en condiciones más justas.

Pequeño agricultor en Río Blanco, Nicaragua. Foto: Miguel Corazón / Ayuda en Acción

Pequeño agricultor en Río Blanco, Nicaragua. Foto: Miguel Corazón / Ayuda en Acción

La iniciativa de los bancos comunitarios de semillas también ha permitido a las familias del área de desarrollo territorial de Río Blanco, en Nicaragua, mejorar su alimentación y obtener ingresos extra. Estas familias, de escasos recursos económicos, cultivan huertos con hortalizas, plantan árboles frutales, siembran granos básicos y consiguen ingresos gracias a la modesta venta de los excedentes de sus cosechas. En los bancos comunitarios depositan las semillas recibidas, así como una cantidad extra, y realizan préstamos. Con estas ganancias han creado un fondo solidario, administrado principalmente por las mujeres, garantizando así semillas de calidad en las épocas de siembra como una alternativa de apoyo solidario entre las familias de varias comunidades. Aidalina Alvarado es una de las mujeres nicaragüenses que recibió capacitaciones de Ayuda en Acción para sacar mayor provecho a los cultivos, así como formación sobre preparación de alimentos. “Hemos aprendido a cocinar platos que desconocíamos con el objetivo de mejorar la alimentación de las familias y evitar desperdicios”, señala Aidalina. Su testimonio es solo una pequeña muestra entre las historias de miles de personas que han mejorado su alimentación.

En otros países como Etiopía el problema de la inseguridad alimentaria es acuciante debido a diversos factores: ambientales –como las sequías o inundaciones-, la falta de técnicas agrícolas o la coyuntura del mercado, que amenazan constantemente a las poblaciones rurales. Promover el crecimiento económico fortaleciendo cooperativas agrícolas que producen grano básico y mejorar la situación de seguridad alimentaria de las familias de forma sostenible en los distritos de Seru y Bele Gesgar -donde al menos el 45,5% de su población está en situación de inseguridad alimentaria-, es uno de los objetivos de Ayuda en Acción en este país. Pero esto es solo un granito de arena en la lucha contra el desierto del hambre. Una vez más, la seguridad y la soberanía alimentaria como la base para un futuro sostenible.

Alberto Vázquez Figueroa, en su libro titulado Hambre, señala sin equivocarse que no es “cuestión de hacer milagros, sino de utilizar unos medios que la naturaleza ha puesto a nuestro alcance y que están deseando ser aprovechados”. Aunque sin agua no hay cultivos, se abre ante nosotros un periodo de esperanza y una nueva mirada para cambiar las cosas. Y todo por un puñado de garbanzos.

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