Traslado del trono de la Virgen de las Nieves

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“Ya llega el trono de María…”

El magnífico altar-trono de plata en forma piramidal escalonada, estilo propio de La Palma y de marcada influencia lusitana, protagoniza uno de los primeros y últimos actos rituales y regocijos populares del programa de festejos de la Bajada de la Virgen de las Nieves, desde su santuario al casco urbano de Santa Cruz de La Palma, ininterrumpidamente desde el año 1680.

Llegadas las fechas, en los años terminados en 0 y 5 los palmeros se apresuran a preparar y renovar el voto perpetuo lustral, según disposición del obispo de Bartolomé García Ximénez (Huelva 1622-Tenerife 1690), que tiene su origen en una rogativa de lluvia.

Es el propio García Ximénez quien emite el mandato y disposición de que la imagen mariana sea trasladada al templo de El Salvador y “puesta en trono decente”. En nuestra opinión, lo que hoy conocemos como Traslado del Trono se ha convertido en el más antiguo y primer acto de regocijo popular conservado en el programa de la Bajada de la Virgen.

Parte del trono de la Virgen de las Nieves, en plata labrada en América y en talleres palmeros, se debe a la donación del indiano cubano Juan Vicente de Torres Ayala, en 1719, quien dispuso en su donación la condición de que fuera usado cuando la Virgen saliera de su santuario a cualquier iglesia o convento de la isla y en la bajada lustral y “que sirviera sólo para poner a la Virgen”.

Noticias históricas

En crónicas de principios del siglo XIX encontramos los preparativos que meses antes hacía el pueblo para el traslado de las cuarenta y dos piezas y andas del trono-altar, el mismo camino que haría la imagen de la Virgen, adecentando el barranco y La Alameda, dónde había “concurso de gente”. Esta labor era excusa suficiente para desarrollar bailes, cantos e incluso una danza de Mascarones. Llegado el día, la expectación era grande y una crónica de 1815 recoge: “Llegó en fin el rancho de trono, andas, sagrario, barandas, tambores, ramos etc”. Queda confirmado lo que ya debía ser habitual en anteriores festejos lustrales, además de las piezas del trono el “rancho” portaba “tambores” y “ramos”. Es decir nuestros antepasados portaban trozos de reluciente plata labrada, ramos de monte, palmas y flores e interpretaban música con tamboriles y cantos de tajarastes y sirinoques.

La música ancestral o antigua de La Palma con tambores, castañuelas y flautas debió ser la primera composición que acompañó estos y otros eventos festivos populares en la isla canaria de La Palma. Ya lo corrobora el Premio Canarias de Investigación (1984), el palmero José Pérez Vidal (1907-1990), en Diario de Avisos, (13 de junio de 1980), cuando dice que en el traslado del trono: “Nunca faltaba algún campesino, maduro o ya anciano, que animase la romería con el monótono y ancestral canto de un romance”.

Cuando la crónica de 1815 habla de “ramos” se refiere a que esos “ranchos” de gentes portaban palmas y “monte” en el traslado del trono de la Virgen. Ya en el siglo XX por documentos fotográficos y otras crónicas los volvemos a encontrar. En este caso además de las piezas del trono portaban ramas, palmas y banderolas de color blanco, el color de María.

El periódico tinerfeño La Opinión de Tenerife (14 de abril de 1915) también confirma lo anteriormente dicho: “y la bajada del Trono desde las Nieves, con acompañamiento de muchos fieles que traían flores y palma”. Todo era poco para manifestar el jolgorio ante el hecho de que “llega el trono de María” envuelto entre flores y palmas. En el mismo sentido, otra vez en el mismo articulo José Pérez Vidal en Diario de Avisos de 13 de junio de 1980 dice: “Quienes en el reparto del Trono no alcanzaban ninguna pieza, mitigaban el desconsuelo echándose al hombro una rama o una palma y acompañaban la traslación con el mayor contento”.  

Elementos patrimoniales en los traslados del trono 

En este caso, al contrario de semejantes eventos de la isla, prácticamente nunca ha habido carrozas tiradas por vehículo a motor. Lo que echamos de menos, aunque se recoge repetidamente en los programas de los festejos, es la bellísima y muy antigua tradición de incorporar corsas de paseo tiradas por bueyes. Las últimas corsas que participaron se sumaban a la comitiva en La Alameda hasta llegar a El Salvador, aunque existen testimonios fotográficos, sin ser en el traslado del trono, donde se aprecian corsas bajando por la empinada cuesta de El Planto, que coincide con el camino del traslado de las cuarenta y dos piezas que componen el altar-trono.

En la edición de 2015 se recuperó (no sin debate y discrepancias), el traslado-retorno de subida de las piezas de plata del trono de la Virgen a su santuario del monte. La última que se recordaba, con documento fotográfico acreditativo, fue la del lustro de 1970; últimamente el sábado más próximo al 5 de agosto. 

 Era una ancestral tradición el tener preparado el templo de Las Nieves y su altar mayor para el regreso y recibimiento de la imagen de la Virgen. Tradicionalmente los vecinos de los barrios de las medianías del municipio, Velhoco, La Dehesa, Mirca y Las Nieves, acudían al templo de El Salvador a recoger la “devolución” de lo que entendían era de su “propiedad” por pertenecer a su parroquia. Se recuerda alguna pugna dialéctica hasta que se les entregaba el preciado altar-trono. Cuando ya, por fin, las piezas del trono eran “recuperadas” por los vecinos, ­-en su gran mayoría, campesinos y labradores-, comenzaban a caminar por la ciudad y barranco arriba portándolo con acompañamiento de los cantos y toques ancestrales y más puros del folclore palmero. Tambores, castañuelas, panderos con campanillas, flautas y pitos de caña rueca marcaban el camino hacia el santuario. En el lustro 2015 apreciamos la cuidada indumentaria tradicional, los sones de tajarastes, sirinoques y el repetitivo, cadencioso y emocionante pie de romance: “Venimos de romería/ con el trono de María”.

En esta recuperación ha tenido influencia directa el evento  Encuentro Insular de Música y Danza de Navidad que el Cabildo de La Palma viene convocando desde el año 2012 y que en nueve ediciones ha aglutinado, sorprendentemente en una única jornada, las más antiguas danzas y música de la isla de La Palma que estaban esparcidas por diferentes municipios de La Palma sin que el gran público ni los investigadores las conocieran. Estos grupos de danza con castañuelas, pitos y flautas y tambor o tamboril han respondido a la llamada de los organizadores y su implicación en el acto ha sido fundamental.

Como ya dijimos, después de un detallado trabajo de investigación llevado a cabo en la edición de 2015, se recuperó esta antigua costumbre, en la que no tiene cabida el llamado “folclore actual”, lo que distingue el Traslado de Subida del Trono de otras citas similares. Gracias a los diferentes grupos y “ranchos” de la isla dedicados al mantenimiento de esta música ancestral, se confirma una aportación etnográfica de extraordinario valor.

NOTA: Ponencia de la autora en el XXI Simposio sobre Centros Históricos y Patrimonio Cultural de Canarias, Fundación CICOP, Santa Cruz de La Palma, 10-11 de junio de 2021.  

 

*María Victoria Hernández es cronista Oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), y miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009).

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Publicado el
20 de junio de 2021 - 17:22 h

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