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Instituto de Astrofísica de Canarias: ajustes financieros y nuevos retos estratégicos

Imagen de archivo del Observatorio Roque de Los Muchachos, en las cumbres de la Villa de Garafía.
19 de mayo de 2025 10:49 h

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El Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), referente internacional en investigación astronómica, se enfrenta a una de las coyunturas críticas de su historia reciente. La falta de nuevos Presupuestos Generales del Estado y la exclusión del programa de excelencia Severo Ochoa han provocado un agujero en su financiación que amenaza con debilitar su operatividad, su capacidad de atracción de talento y su posición estratégica a nivel global. Aunque los retos son serios, la calidad y compromiso de su equipo científico permiten vislumbrar vías de recuperación.

La parálisis presupuestaria: una amenaza externa con repercusiones internas

En lo alto del Roque de Los Muchachos, los telescopios del IAC continúan operando, pero bajo una creciente presión económica. La prórroga de los Presupuestos Generales del Estado de 2023 ha dejado al centro operando en 2025 con recursos congelados. Esta situación, completamente ajena a su gestión, ha provocado una cascada de recortes que afectan de lleno a su operatividad: suspensión de viajes profesionales, paralización de adquisiciones esenciales, freno a inversiones estratégicas.

Las consecuencias van más allá de la contabilidad. Esta limitación en la capacidad de actuación tiene un impacto directo en la ejecución de campañas de observación, en la participación en consorcios científicos internacionales y en la planificación estratégica del centro. La imposibilidad de prever recursos a medio plazo mina la capacidad del IAC para embarcarse en nuevos desafíos científicos, comprometiendo su competitividad global.

El Instituto de Astrofísica de Canarias no es una institución más. Su consorcio, formado por el Gobierno de España, el Gobierno de Canarias, la Universidad de La Laguna y el CSIC, lo convierte en un actor central de la política científica nacional e insular. Pero este prestigio no lo hace inmune a la rigidez de un sistema presupuestario que sigue dependiendo de decisiones políticas que poco entienden de ciclos científicos o necesidades técnicas.

El problema, sin embargo, no es exclusivo del IAC. La prórroga presupuestaria ha impactado transversalmente al sistema público de investigación español. La falta de renovación de partidas específicas y la imposibilidad de adaptar presupuestos a contextos cambiantes condenan a los centros a la supervivencia en lugar de al progreso. España se arriesga a ceder terreno en un escenario científico global cada vez más competitivo.

La no renovación Severo Ochoa: un contratiempo interno en un contexto de alta exigencia

A esta situación se suma un segundo revés: la pérdida de la acreditación como Centro de Excelencia Severo Ochoa. El IAC, galardonado en tres convocatorias consecutivas, quedó fuera en la CEX2023, lo que implica una pérdida de financiación directa estimada en 1,125 millones de euros anuales durante el periodo 2025-2028, además de ayudas específicas para contratos predoctorales. Se trata de recursos que han permitido en el pasado el impulso de líneas estratégicas como la Física Solar, la Cosmología o la Instrumentación Avanzada, entre otras.

En un entorno donde el umbral de excelencia se sitúa por encima de los 95 puntos sobre 100, la no renovación no puede interpretarse como un fracaso, sino como una señal de que la competencia entre centros de altísimo nivel se ha intensificado. Los procesos evaluativos, liderados por comités científicos internacionales, han hecho más exigente cada edición del programa.

No obstante, este contratiempo plantea retos inmediatos. La ausencia de un comunicado oficial del IAC explicando las posibles causas o detallando una hoja de ruta futura ha generado preocupación en algunos sectores del ámbito científico. La gestión de la comunicación institucional ha sido prudente, enfocada en visibilizar los éxitos del periodo 2020-2024, lo que sugiere un enfoque cauteloso ante una coyuntura compleja. A pesar de ello, la comunidad científica confía en que el instituto, con su historial y profesionalidad, encontrará los mecanismos para recuperar este reconocimiento en próximas convocatorias.

Cabe recordar que la dirección actual del IAC asumió funciones en una fase de transición en la que ya se conocía el resultado desfavorable de la CEX2023. En este contexto, el centro enfrenta el reto de reforzar su estrategia institucional y científica para poder optar con garantías a la próxima convocatoria CEX2025.

Impacto operativo: líneas de investigación y talento en riesgo

La combinación de estos dos factores -la falta de presupuestos actualizados y la pérdida de la financiación Severo Ochoa- no compromete la viabilidad estructural del IAC, pero sí restringe su capacidad de actuar con la agilidad y ambición que lo han caracterizado. Su presupuesto base sigue dependiendo en un 70% de la Administración General del Estado y en un 30% del Gobierno de Canarias. Es una base sólida, pero insuficiente para mantener el mismo ritmo de expansión científica.

La pérdida de fondos de excelencia afecta de forma especial a la política de recursos humanos. La contratación de investigadores postdoctorales, ingenieros especializados o técnicos de apoyo altamente cualificados podría verse limitada, dificultando la incorporación de talento joven en áreas críticas. A su vez, líneas de investigación como la evolución de galaxias, la astrofísica de altas energías o el desarrollo de nuevos instrumentos para telescopios terrestres y espaciales podrían experimentar retrasos o reestructuraciones.

Además, los programas predoctorales vinculados al Severo Ochoa han sido fundamentales para formar nuevas generaciones de científicos. Su desaparición deja un vacío que el IAC deberá compensar recurriendo a nuevas convocatorias competitivas, tanto a nivel nacional como internacional, lo que requiere una intensificación del esfuerzo administrativo y estratégico.

La ciencia canaria ante el espejo: consecuencias para el ecosistema investigador

La situación del IAC tiene efectos que trascienden sus propios muros. El instituto actúa como nodo articulador de múltiples proyectos regionales, estatales y europeos. Esta situación temporal puede generar un efecto dominó en la capacidad de las Islas Canarias para retener y atraer capital humano científico.

Proyectos emblemáticos como el desarrollo de instrumentación para el Telescopio Solar Europeo (EST), el programa de seguimiento de asteroides cercanos (NEOs) o la colaboración en programas espaciales internacionales, dependen en parte de la estabilidad operativa del IAC. En este sentido, la falta de respaldo financiero suficiente podría disminuir su protagonismo en el reparto de liderazgo en consorcios globales.

Tampoco es desdeñable el impacto en la imagen institucional de la ciencia española. El sello Severo Ochoa funciona como una credencial de excelencia que facilita colaboraciones, acceso a redes internacionales y atracción de fondos de agencias de prestigio. Su pérdida, aunque temporal, puede afectar la percepción externa de solidez institucional.

Mirando al futuro: reconstrucción y oportunidades

A pesar del panorama adverso, el IAC conserva herramientas y capacidades para remontar esta situación. La convocatoria CEX2025 ofrece una nueva oportunidad para recuperar el reconocimiento de excelencia, siempre y cuando el centro no haya caído por debajo del umbral de 85 puntos en la evaluación previa, requisito para poder volver a optar. Aunque ese dato no se ha hecho público, no hay indicios de un deterioro estructural en la calidad científica del centro que haga pensar lo contrario.

De cara a esa nueva candidatura, el IAC podrá apoyarse en su legado investigador, en su producción científica consolidada y en su equipo técnico y humano altamente cualificado. Será crucial revisar con espíritu crítico el proyecto presentado en la CEX2023, identificar posibles debilidades y fortalecer la narrativa institucional ante el comité evaluador.

Paralelamente, es previsible que el IAC refuerce su estrategia de internacionalización y diversificación financiera. Programas europeos como Horizon Europe, consorcios tecnológicos o iniciativas bilaterales pueden abrir nuevas vías de financiación alternativa. Del mismo modo, será importante profundizar en la colaboración con universidades, empresas tecnológicas y agencias espaciales, para sostener el desarrollo científico.

El liderazgo del actual equipo directivo jugará un papel clave. Mantener la cohesión interna, proteger la moral del personal investigador y fomentar una cultura organizativa resiliente serán factores diferenciales en un periodo de transición. Ya en el pasado, el IAC ha demostrado una notable capacidad de adaptación ante desafíos estructurales, lo que permite confiar en su capacidad de superación.

Reflexión final: una crisis que interpela al sistema

Lo que ocurre en el IAC no es un hecho aislado. Es el reflejo de un ecosistema científico que, a pesar de contar con talento y estructuras de primer nivel, sigue siendo vulnerable a las discontinuidades presupuestarias y a los vaivenes institucionales. La prórroga de presupuestos es un síntoma de una cultura política poco orientada a la inversión sostenida en conocimiento, y la extrema competitividad del programa Severo Ochoa pone de manifiesto que incluso los centros más consolidados deben reinventarse continuamente.

El IAC, con su legado y potencial, sigue siendo un buque insignia de la ciencia española. Pero esta coyuntura financiera exige no solo medidas correctoras puntuales, sino una reflexión profunda sobre cómo se concibe y protege el tejido científico nacional. La excelencia requiere estabilidad, previsión y apoyo. Y mientras eso no ocurra, incluso los mejores centros seguirán enfrentándose a limitaciones innecesarias.

El Instituto de Astrofísica de Canarias y la isla de La Palma han crecido de la mano durante décadas. El desarrollo del observatorio del Roque de Los Muchachos no solo ha sido un motor para la ciencia mundial, sino también un elemento dinamizador para la economía, el empleo cualificado y la proyección internacional de la isla. Si al IAC le va bien, a La Palma también. Por eso, esta etapa de ajustes debe entenderse como una oportunidad para reforzar vínculos, renovar estrategias y volver a mirar al cielo con la determinación de siempre. Hay razones fundadas para confiar en que los profesionales que integran el IAC, con su experiencia, compromiso y visión, sabrán afrontar este desafío y convertirlo en una nueva etapa de excelencia.

La comunidad científica, las administraciones implicadas y la sociedad en su conjunto deben comprender que lo que está en juego no es solo la financiación un centro de investigación en las Islas Canarias. Es el lugar de España en la vanguardia científica mundial. Y ese lugar, como las estrellas que estudia el IAC, no se mantiene por inercia, sino por decisión. fotos

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