La seda, más que un textil

Llenando cañuelas por medio de una redina.

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El discurrir de más de cinco siglos de las labores sederas en la isla canaria de La Palma ha sido una fuente cultural que va más allá de la preciada labor textil terminada.

Los trabajos comunales y convivencia vecinal necesarios para elaborar una pieza de seda los recogen en refranes, coplas, dichos, costumbres, voces y romances. Mención especial merece destacar es la pervivencia de algunas palabras o voces de clara influencia portuguesa en el telar palmero, según estudio del palmero José Pérez Vidal (1907-1990).

La seda, artesanía puntera de Canarias con reconocimientos nacionales e internacionales y declarada Bien de Interés Cultura (BIC-Seda de El Paso), aporta al habla voces que pocos conocen su origen e enriquecen la amplia cultura lingüística peculiar de la isla.

En torno a las labores vecinales del hilado o “sacado” del hilo continuo que envuelve a los capullos de seda se conocieron y formalizó amistad y algunos matrimonios.

Las gallofas del “sacado” (hilado) convocaban anualmente en El Paso, municipio puntero de las labores de la seda, a los “cosecheros” de gusanos de toda la isla.

Todo se aprovechaba inclusos las “divinas” (crisálida) para alimentar a los cochinos y gallinas y las “taquias” (sobrantes del hilado) para tejer las llamadas colchas de “borras” de capullos de seda. Esta fibra burda, pero de pura seda, se hilaba de igual modo que la lana.

El famoso y recordado torno del hilado de capullos, siempre en exterior, de Pepa Cuevas en El Paso se enramaba con flores silvestres, margaritas, enredaderas y fallas y algún que otro tabaco puro. Eran duras jornadas de jolgorio comunal del vecindario.

Sobre el torno de Pepa Cuevas, realmente Josefa Gómez González, escribió el recordado pasense Ismael González (1912-1988) un interesante artículo en el periódico tinerfeño El Día, 10 de marzo de 1987. De este extraemos los siguientes párrafos: “Junto al torno de Pepa Cuevas se reunían las muchachas “casaderas” del pueblo y los jóvenes “indianos”, que así se llamaban a los hombres regresados de Cuba, con más o menos “pesos” convertidos en sonantes duros de plata”. […] “De tal manera, acudían los jóvenes para pasar la hebra por el “burgao” y dar a la manivela del torno. Según Ismael González con la música de un acordeón se improvisaban los tradicionales puntos cubanos.

Mientras daba vueltas las aspas del torno, entre el humo y el olor a fuego de leña que hacía hervir el agua de la caldera de cobre, el torno convertía en un solo hilo a más de 10 capullos formando una madeja, de hilo discontinuo. Y allí, en el torno de Pepa Cuevas, probablemente se escuchaban estos versos:

 

Si mi amante fuera firme

como es el bicho de seda

que el mismo hace la casa

y dentro de ella se queda.

 

También la bellísima adivinanza: “Dos lindos caballeros van volando. Uno, vestido y el otro, desnudo. Por el camino se encuentran con un hada que los ata, desnudando al vestido para vestir al desnudo”. De que se trata, preguntaban. La respuesta: los “jusos” (husos) del torcido de la seda. La fibra se cuelga en dos clavos torcidos, a modo de alcayata, en el techo, se hacían girar manualmente para torcer varias hebras de seda hasta convertirla en una sola y fuerte hilo. El torcido iba de “musa” a “musa”, pestaña de la punta del huso.

 

Así iban “vistiendo” al huso desnudo y vuelta a empezar. Uno de los pasos necesarios y de mayor esfuerzo humano que llevaba horas y días de trabajo. Algunas artesanas se especializaban en el torcido y por encargo trabajaban para otras artesanas. Recuerdo ver a Bertila Pérez torciendo seda y al mismo tempo viendo la novela del medio día en la tele, cuando aún era en blanco y negro y sólo dos cadenas. 

También los romances hacen su aparición en el panorama patrimonial de las labores sederas. El palmero José Pérez Vidal (1907-1990) en su obra sobre el romancero de la isla de La Palma hace referencia a que existieron romances con referencia a la seda, aunque se lamenta de que no hay constancia documental. Refiere el recordado Pérez Vidal que, en el Hoyo de Mazo, con el título “Romance de los bichos de seda”, lo recordaba el vecino Diego Pérez Díaz. 

Los doce pasos manuales necesarios hasta la tejeduría son minuciosos y delicados. Uno de ellos, el llamado urdido, con espadilla y urdidor de pared o en un lateral del telar, necesita el máximo silencio, una misma mano y la máxima concentración posible. En ese momento trascendental la artesana Maruca González, madre de Bertila Pérez González y abuela de artesanos actuales, tenía una encomienda a modo de oración: “Santa Teresa ponga su mano, ella delate y yo detrás”. Aún hoy cuando llega ese momento se vuelve a repetir la centenaria encomienda a Santa Teresa. 

Las funciones de los útiles o aparejos han pasado al habla popular sin quien lo expresa tenga conciencia de su origen o procedencia. La “redina” es la llamada “canillera” en la península. Su función es el llenado con seda de “cañones” y de “cañuelas”, hechos de caña rueca. La redina da un sinfín de vueltas sobre su eje mientras va llenando los útiles referidos. En La Palma cuando una persona tiene una “matraquilla” repetitiva se escucha: “Chiquita una redina tiene la niña!!”. 

En la labor del hilado con torno manual, uno de los pasos de mayor espectacularidad, era el varón el que hacía de tornero dando vueltas a la manivela. Tres personas son necesarias. Tornero, hebrera y hilandera (sacadora). Hemos recogido los siguientes versos por boca del hombre tornero, dirigiéndose a la hebrea: 

No me gusta la culebra

que mira de medio lado

si está enhebrando la hebra

por el hueco del “burgao” 

Llaman “burgao” al hueco (agujero) del brazo de un sartén que conduce las hebras extraídas de los capullos, desde la caldera con agua al fuego a punto de hervir, hacía las aspas del torno. 

El viajero portugués Gaspar Frutuoso visita La Palma a mediados del siglo XVI y en su detallada crónica describe esos momentos señala que son sus compatriotas lusas, portuguesas, son maestras del bordado y tejeduría. El establecimiento de operarios y nuevos colonos de Portugal en La Palma es sobradamente conocido. Su influencia en voces que aún hoy se conservan en la isla es destacada el repertorio lingüístico de la seda y otros textiles.        

Esta influencia la podemos comprobar desde la misma denominación del insecto, que no gusano. En La Palma lo llamamos coloquialmente “bicho”, al igual que en Portugal: “…os fios do cassullo do bicho de seda”. La mariposa, después de pasar por la metamorfosis de gusanos a “divinas”, son reproductora de huevos, “semillas”, en La Palma la llamamos “barboleta”, de igual modo en Portugal: “…fossen abertos pe las borboletas”. 

El telar palmero, de recia tea de pino canario, guarda un tesoro de voces de origen portugués. La ordume, tapume, plañas o piañas, órgano y quejas, voces lusas, con idénticas a las palmeras. Se recogen ordume y tapume, en Viana do Castelo; quixa, en Minho, Alentejo y Azores y orgo, en Alentejo Trasosmonte.         

CONCLUSIÓN 

La seda de El Paso continua en su discurrir totalmente artesano y aportando a la cultura de la isla mucho más que un bellísimo y preciado textil. Ahora, en el siglo XXI, de igual manera y con técnicas medievales que arribaron a isla canaria de La Palma en el siglo XVI las labores artesanas continúan con un taller en vivo y didáctico de la empresa Las Hilanderas en el Museo de la Seda en El Paso. Su pervivencia destaca sobre cualquier otra labor artesana y con justo reconocimiento de ser la primera artesanía canaria que ha sido declara BIC, es decir patrimonio de las islas. 

María Victoria Hernández, cronista oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009)

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