La portada de mañana
Acceder
Cómo se vivieron en Moncloa los primeros ataques a Irán
El 8M es para las mujeres iraníes y para las de tu barrio
OPINIÓN | 'Los NOES a las guerras, por Antonio Maestre

El camino al infierno

Cuando la Ley de Memoria Histórica llegó al Parlamento de Cantabria, una de las cuestiones que más molestó al diputado popular de la amnesia, Íñigo Fernández, fue que se aspiraba a constituir una especie de Comisión de la Verdad, inspirada en aquella iniciativa pionera capitaneada por Ernesto Sábato que destapó el terror vivido en Argentina.

El ensayo que acaba de publicar la periodista Dolores Conquero recuerda que las dactilógrafas que transcribían los testimonios de torturas, desapariciones y secuestros en la comisión de los crímenes de la dictadura militar argentina tenían que ser frecuentemente reemplazadas porque se echaban a llorar.

En cambio, aquí, en Cantabria, los diputados de la derecha ridiculizaron esta aspiración de la verdad porque no tienen interés en lo que pasó en nuestra dictadura. Conocen los hechos, pero no los reconocen. Los barnizan a su gusto para que se diluyan en una fábula interesada y almibarada, hasta el punto de que el otro día, en la tribuna del Parlamento, utilizaron una versión adulterada y censurada para suavizar la construcción del túnel de La Engaña

La falta de empatía de los defensores de la amnesia colectiva provoca un mayúsculo estremecimiento. Perturba, inquieta que haya personas capaces de empequeñecer y desdeñar los trabajos forzados en condiciones inhumanas de hambre, frío y esclavitud

La falta de empatía de los defensores de la amnesia colectiva provoca un mayúsculo estremecimiento. Perturba e inquieta que haya personas capaces de empequeñecer y desdeñar los trabajos forzados en condiciones inhumanas de hambre, frío y esclavitud. Porque toda persona obligada a someterse a la voluntad de otro habita en esa execrable categoría moral, por más que se intente disimular.

Estos días hemos visto otro efímero ejemplo de relatos que se construyen para justificar la infamia. Las balas matan aunque no se disparen. Los falsos dilemas que nos plantearon –qué caro nos iba a salir ser éticos– solo es un posición miserable que no puede justificar colaborar con los responsables de un genocidio. Aunque, por unas horas, nos intentaron convencer de un absurdo: de que un contrato mercantil está por encima de un contrato social o moral. 

Durante estos días se reiteran los mensajes que lanzó el Papa Francisco clamando por la paz en Ucrania, colocando al niño Jesús sobre un pañuelo palestino en el Belén navideño, o defendiendo a los científicos frente al negacionismo climático. Aunque solo sean palabras hacia fuera cuando queda tanto por limpiar dentro, han sido un importante altavoz porque trazan una barrera moral entre el bien y el mal. Una línea muy difusa en estos tiempos de desinformación. Cuando la gente no sabe distinguir entre lo que es verdad o mentira tal vez conviene que alguien les señale el camino hacia el infierno.