¿Alguien más ve un túnel?
Siempre me he considerado una persona afortunada. Desde bien niña me recuerdo pensando, “qué suerte tengo”. En general siempre he tenido la percepción de contar con una buena estrella. “Con una flor en el culo”, me decía otra amiga de la facultad a la que le sucedía lo mismo.
Con el paso de los años he confirmado que, aunque sigo sin quejarme de mi suerte, en realidad mi mayor tesoro está en el carácter optimista que me hace la vida más fácil. Es una suerte que mi metabolismo, mis hormonas, mi cabeza prefieran quedarse con la mitad llena del vaso.
Pero toda luz tiene sus sombras, y me pasa también que como tiendo a ser optimista, cuando algo lo veo negro, tiendo a verlo muy negro y en concreto me pasa ahora que la foto política actual y la que está por venir la veo como un largo túnel.
Esta semana escuchaba al Gran Wyoming contando en una entrevista cómo le habían dado una paliza una panda de gente de derechas, solo por encararse a ellos ante los insultos, y continuaba relatando la cantidad de ocasiones a las que tenía que enfrentarse a los insultos de la gente de la calle, bueno de determinadas calles. Hablaba en concreto del barrio Salamanca, cuya zona no podía pisar por las reacciones que allí se encontraba.
Se ha llevado la violencia a la calle, se ha normalizado y no solo no se penaliza, sino que se azuza. Insultos y ruido es lo que a diario tenemos en los medios para informar de lo que sucede entre nuestros representantes políticos, y esto se lleva a la calle. Llamar “hijo de puta” a un presidente del gobierno no es inocuo, provoca una conversión de la política en lucha libre. Todo vale para vencer a aquel que no piensa como tú, es el nuevo mantra.
En ese “todo vale” está la violencia, las noticias falsas, la difamación y calumnias, la distorsión de los hechos, que no dejan de ser mentiras, y lo que no falla, buscar cabezas de turco fácil. En el caso de la derecha, el inmigrante.
Hace poco me contaba una chica lo mucho que se había degradado su pueblo, en Huelva. Podría haber sido en Castilla- La Mancha, en algún pueblo de la Sagra, por ejemplo. “La gente tirada en la calle, violaciones, y yo de verdad no soy racista” Ahí está, en una frase el mensaje electoral, y prácticamente su programa porque no tiene más, con el que Vox ha ganado sus 15 escaños en una región como Andalucía.
El mensaje facilón de inmigración-criminalidad se desmonta en tres minutos. Si la gente que llega es explotada y vive en condiciones infrahumanas, si no habla el idioma, cobran una miseria por trabajar jornadas inhumanas, no cuentan con vivienda digna, y no hay unas políticas que compensen tanta precariedad, siempre habrá problemas para todos.
Pero el mensaje superficial ha calado: esta mala gente, míralos cómo van por la calle, cómo nos miran, la suciedad, es que no se lavan, nuestras niñas, qué peligro para nuestras niñas. ¿Pero cómo van a estar algunas personas si son tratadas como esclavos? La solución no pasa por criminalizarlas, sino por ayudarlas para todos tener un entorno digno. Lo contrario me parece una locura, además de una tremenda inhumanidad.
A pesar de no ser difícil de desmontar en lo racional, no sucede así en lo emocional. La derecha juega una guerra sucia, llamemos las cosas por su nombre. Manipulan la información, machacan con un mismo mensaje en todos los ámbitos, crean haters en las redes sociales. Crean una atmósfera para hacer creer que su pensamiento es el normal, el común, el lógico. Y ese formato de desinformación tan extendido es tremendamente difícil de desarticular.
Claro que quién puede poner un poco de orden en ese guirigay de bulos y difamación, si para desarticulados están los partidos de izquierdas, que a pesar de esta realidad parece que están a por uvas, con sus divisiones internas, peleándose por una lenteja o por dos. Por Andalucía o Adelante Andalucía. Sí, los programas son tan parecidos como los nombres elegidos para defenderlos, pero se presentan separados, no vaya a ser que les confundan.
Los partidos de izquierdas, a pesar de esta realidad parece que están a por uvas, con sus divisiones internas, peleándose por una lenteja o por dos
¿Tenemos lo que merecemos? No lo sé. Creo que merecemos algo mejor. Pero las urnas no dicen eso. Los más violentos empezarán a gobernar Andalucía, con el beneplácito de la población, por supuesto. Y como no frenemos esta ola de desinformación y ruido, como no se articule mejor la izquierda, la foto se va a repetir a nivel nacional. Crónica de una muerte anunciada que se ve venir de lejos.
Mi optimismo queda nublado. ¿Estamos a tiempo para hacer algo? Las recientes leyes para frenar las famosas fake news, la normativa que ampara sancionar a periodistas que nunca lo fueron es una buena noticia, parece un paso hacia adelante. Pero llega tras años de abuso y desinformación, el ruido y la violencia ya campa a sus anchas por las redes sociales y sobre todo por la calle. No creo que las leyes basten. Si queremos frenar esto toca articularse muy bien.
Y si no, asumir que vienen tiempos oscuros.
Mi optimismo congénito me obliga a pensar que siempre hay opción, pero no me puedo engañar, llevamos tiempo entrando en el túnel. En Andalucía ya están de lleno. Asumir lo que hay y esperar que lo que tenga que caer caiga por su propio peso parece en el panorama que tenemos la mejor y única opción.
A mi parte tremendista le da pena porque, por el camino, me temo que caerán personas y que los principales perjudicados serán como siempre los más vulnerables, y ojo que los vulnerables en este sistema tan inestable somos muchos: jóvenes, mujeres, inmigrantes, desempleados, trabajadores en negro, profesionales de sectores que consideran estratégicos (comunicación, cultura, educación…) Se me ocurre una amplia lista de colectivos que podemos perder derechos si esto continúa así.
Qué hacer. Vayamos o no por el túnel, creo que hablar de lo que vemos es una buena opción. Que no normalicemos el pensamiento único, y menos aún si se alimenta de la violencia y la difamación. Frenar la violencia con la palabra nunca ha sido fácil, pero si seguimos acostumbrándonos a callar, perdemos todos, bueno casi todos. En esa línea va este artículo como ínfimo granito de arena para hablar sobre lo que está pasando.
Entre tanto, en este diálogo no necesito gafas de sol, veo que nos metemos de lleno en el túnel.