Gastronomía, naturaleza e historia en una de las villas asturianas con más palacios en su casco urbano de toda la provincia

Barrio de Entrambasaguas en Cangas del Narcea

Marina Manzanares

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Cangas del Narcea, el concejo más extenso de Asturias, posee una identidad histórica y cultural profundamente definida en la provincia. Debido a su estratégica posición geográfica y a la riqueza de su subsuelo, este territorio funcionó durante siglos como una zona de paso fundamental para diversas culturas, comerciantes y ganaderos. El municipio cuenta con un importante patrimonio geológico vinculado a sus reservas de carbón, además de albergar un interesante casco histórico en su capital, característico por los palacios que jalonan sus calles.

El perfil de la región se completa con un entorno de montaña marcado por una climatología que, por lo general, se presenta dura y áspera. Estas condiciones ambientales han condicionado históricamente la vida de sus habitantes, obligándolos a diseñar una alimentación consistente, pensada para sobrellevar las jornadas de trabajo a la intemperie. Su situación geográfica y cierto aislamiento han permitido que, a día de hoy, perduren intactas sus tradiciones locales.

Naturaleza virgen y tradiciones en Cangas del Narcea

Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias

Esta vasta geografía destaca por albergar una de las naturalezas más generosas, puras y vírgenes de toda la región. Una parte fundamental de su territorio conforma el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, un espacio protegido que fue declarado Parque Natural en el año 2002 y Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2003. En el corazón de este entorno se esconde el Bosque de Muniellos, considerado una de las grandes joyas botánicas y un referente emblemático del paisaje asturiano. Sin embargo, estas tierras no solo presumen de masas forestales de ensueño; también funcionan como el refugio idóneo para el oso pardo cantábrico, una especie única que habita protegida en estas montañas y que regala avistamientos ocasionales en localizaciones tan propicias para ello como el pueblo de Xedré.

A escasa distancia de la capital del concejo, el patrimonio se vuelve monumental en el Monasterio de Corias. Este antiguo centro espiritual y docente, que gozó de una enorme influencia en el pasado, ejerce actualmente como Parador Nacional, ofreciendo una riqueza arquitectónica inigualable. El amplio mapa cultural de la zona se enriquece con otros enclaves fundamentales como el Santuario de Nuestra Señora de L'Acebu, la localidad de Bisuyu y la preservación de sus costumbres más arraigadas.

Casco Histórico y Arquitectura de la Villa

Basílica Santa María Magdalena

La capital del concejo conserva un interesante centro urbano que es herencia directa de familias de grandes linajes y señoríos. Un itinerario por sus estrechas y empinadas calles permite descubrir un abundante despliegue de palacios, casonas y puentes:

  • Basílica de Santa María Magdalena: declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional, es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura barroca en Asturias.
  • Palacio de Omaña: construido a mediados del siglo XVI en estilo renacentista. Su fachada presenta dos torres que flanquean un cuerpo central con una ventana de estilo plateresco y una portada de arco de medio punto enmarcada con alfiz. Estructurado alrededor de un patio central columnado, hoy en día funciona como la sede de la Casa de la Cultura.
  • Palacio de Pambley: ubicado en la calle La Fuente, data del siglo XVI y es el más antiguo de la villa. Conserva un patio central con columnas toscanas.
  • Palacio de los Llano: construcción de finales del siglo XVIII con bellas proporciones del último barroco, donde destacan sus balcones en forma de púlpito.
  • Otros palacios y construcciones urbanas: el patrimonio de la villa se completa con los palacios de los Condes de Toreno, Uría y Peñalba, además de la tradicional obra de La Fuente (siglo XVII), que da nombre a su calle.
  • Puente Medieval: popularmente conocido como Puente Romano, se sitúa en el ttradicional barrio de Entrambasauguas, justo en la confluencia de los ríos Narcea y Naviegu, manteniendo su trazado y tipología de los siglos XIII y XIV.
  • Puente Colgante: paso peatonal construido en 1970. Sigue un modelo de arquitectura orgánica donde las pilastras inclinadas simulan a dos hombres atirantando los cables de sujeción con su fuerza.

Gastronomía de Cangas del Narcea

El secreto de la cocina canguesa se fundamenta exclusivamente en el respeto a la tradición y en el uso de materias primas locales. El cereal, la leche, las castañas o las fabes tejen la base de un recetario sencillo y robusto donde las carnes, los embutidos y los dulces tradicionales se elaboran siguiendo métodos transmitidos de generación en generación.

Gracias al aislamiento histórico del concejo, hoy en día perdura la matanza del cerdo y la obtención de embutidos autóctonos como el butiello y el chosco. El butiello se elabora a base de huesos de rabadal y costilla de cerdo, adobado y embutido para después ahumarlo con madera de roble, un manjar que a menudo se acompaña con patatas o berzas cocidas. Por su parte, el chosco se prepara con una base de lengua y cabecero de lomo aderezados con ajo y pimentón, resultando una sorpresa para los comensales.

Respecto a las carnes, destaca el gusto por la ternera local de la raza autóctona asturiana de los valles, que proporciona una pieza de gran jugosidad, aroma y ternura. Para acompañarla, nada mejor que el pan artesano de leña. Lo tradicional siempre ha sido hornearlo a diario en las casas junto con el bollo, una hogaza rellena de chorizo y tocino. Como en esta cocina humilde nada se desaprovecha, con la masa restante de los horneados se elaboraban unas sencillas tortas fritas conocidas como rapas.

Si hay un plato que representa fielmente la gastronomía de Cangas del Narcea, este es el caldo de berzas, el cual se acompaña de patatas, fabas pintas y un contundente compango con chorizo, tocino, jamón y morcilla. Es un plato robusto que no admite prisas, ya que necesita horas de cocción a fuego medio-lento para que el guiso se impregne del sabor de la carne y todos los ingredientes se integren. Alrededor de este plato se han sentado las generaciones canguesas año tras año.

Por otro lado, los bosques que pueblan los valles funcionan como una despensa natural que provee a los habitantes de castañas, nueces o avellanas durante el otoño, y de cerezas, arándanos y moras en verano. Todos estos frutos son idóneos para complementar recetas dulces de la zona como el arroz con leche, el requesón con miel o el frixuelo, que aquí cuenta con la particularidad de servirse en espiral. Finalmente, existen dos grandes curiosidades que hacen única a la gastronomía de este municipio:

  • El queso de Xinestosu: elaborado en esta pedanía de Cangas del Narcea, es un producto con una forma característica debido al molde de esparto en el que se deposita, el cual lo estrecha por la mitad y le deja unos dibujos grabados. Probarlo es casi un privilegio, ya que su producción es escasísima y se limita prácticamente a la elaboración artesanal para el consumo familiar.
  • El Vino de Cangas: acogido a la Indicación Geográfica Protegida con la denominación de Vino de Calidad de Cangas, es el gran elemento diferenciador al ser la única zona asturiana productora de vinos. Su origen se remonta al siglo XII, favorecido por un microclima benévolo que propició el cultivo de viñedos de alta montaña en escarpadas laderas. Se presenta como un vino ligero y agradable de beber que hoy coexiste en numerosas bodegas y se expone en el Museo del Vino de Santiso. En algunos lagares tradicionales aún se disfruta bebiéndolo en el cachu (un cuenco de madera que pasa de mano en mano), una tradición antiquísima que perdura como símbolo de fraternidad, respeto y confianza entre las gentes de esta tierra.
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