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CATALUNYA

ENTREVISTA | Víctor Parkas

"Después del #MeToo y el #MeQueer, el sujeto de la confesión debería ser el villano"

El escritor y periodista Víctor Parkas trata de deconstruir la masculinidad en Game Boy a base de relatos trepidantes e hiperbólicos

"Por estadística, si todas las mujeres han pasado por eso, no puede haber solo cinco hombres en San Fermín haciéndolo todo", afirma sobre los abusos

"Parece que si no eres un abusón de instituto, un acosador, un hombre de barbacoa y fútbol los domingos, ya estás salvado", critica

Víctor Parkas, periodista, escritor y autor de 'Game Boy'

Víctor Parkas, periodista, escritor y autor de 'Game Boy' Manu Pastrana

Ante el despertar feminista de los últimos años, el libro Game Boy, de Víctor Parkas, es un sonoro riiiiiiiing para todos aquellos hombres que todavía siguen pegados a las sábanas. En su debut literario, este periodista y escritor (que trabajaba en PlayGround hasta hace escasos días, debido al ERE con el que se ha despedido a media plantilla) firma un libro de "ficción, ensayo y privilegio" que deconstruye la masculinidad –que "barre la mierda", resume– a base de relatos trepidantes e hiperbólicos, provocadores y con algo de rabia adolescente. También dirigidos a los autodenominados aliados feministas que lo son para ganarse una palmadita en la espalda. 

Una de las ideas que lanza en su libro es que las llamadas 'nuevas masculinidades' son a la liberación feminista lo que hacer un voluntariado en África es a la descolonización. ¿A qué se refiere?

Vendrían a ser como las fotos que la gente cuelga en Instagram cuando va a África, en las que aparecen niños sonrientes a cámara sin nombre. Los hombres que se suman a la ola feminista acaban ganando capital social haciéndolo. Hay pensadoras y columnistas feministas que cada día reciben insultos y amenazas de muerte, pero el aliado feminista aún no se ha enfrentado a esto. Si como hombre te inscribes en esas ideas, solo te pasan cosas buenas a nivel social. Pero no hay hombres haciéndose selfies mientras limpian el baño. El hecho de capitalizar una lucha que no es tuya me genera pudor. En este sentido, el libro trata de barrer la mierda más que de subirse al carro o encabezar algo. Los hombres tenemos que colocarnos detrás y ver de qué forma podemos ayudar a la lucha sin ser caras visibles.

Vayamos por partes. ¿Qué entendemos por nueva masculinidad o por aliado feminista?

Se supone que el viejo hombre siempre es el otro. Como en el alcoholismo, que el borracho siempre es el que bebe más que tú. Marta Roqueta, hablando del anuncio de Gillette, decía que la decadencia del hombre es también una forma de privilegio. Si no eres un abusón de instituto, un acosador, un hombre de barbacoa y fútbol los domingos, ya estás salvado. Pero no, hay mucho más trabajo que hacer, también en entornos liberales, de letras… El partido más de izquierdas a nivel español, sin ir más lejos, siempre está en una tensión entre dos machos. En la última, Pablo Iglesias hasta decidió que tenía que hacer un come-back preventivo en lugar de delegar en Irene Montero, que es quien le sustituía en sus funciones porque él está de permiso de paternidad. Señalar al otro es muy fácil.

Se plantea en el libro que quizás conquistar la igualdad no es suficiente. Que no vale con que las relaciones laborales o sexuales sean de igualdad.

La igualdad es paridad, es el 50%-50%, pero, ¿por qué no puede haber entornos no mixtos en los que solo haya mujeres? Los hay de solo hombres, y no solo en los clubes de fútbol. Nadie se pregunta por la paridad entre los consejeros delegados de los medios de comunicación, pero cuando las mujeres crean un encuentro de videojuegos solo para chicas, como el Gaming Ladies, se genera un problema enorme porque nosotros no podemos acceder. La igualdad es un pacto de mínimos, a partir de ahí se pueden hacer más cosas. De la misma forma que al columnista macho se le ha dado la libertad durante estos años de escribir mierda a borbotones poniendo la bota en el cuello del otro, yo como hombre blanco heterosexual me veo capacitado para hablar de mi identidad en los términos que yo considere.

Virginie Despentes se quejaba –y usted lo recoge– que históricamente han sido las mujeres las que han pensado sobre la masculinidad. También voces destacadas del colectivo trans. ¿Esto está empezando a cambiar?

Este puede ser el año en el que empecemos a barrer de verdad en el terreno de las ideas y propositivo por parte de los hombres heterosexuales. Se ha delegado en el colectivo LGTBI y las mujeres la obligación de tener que deconstruir la masculinidad porque son los que están problematizados por la sociedad y tienen que encontrar herramientas para explicarse. En parte es normal: el pensamiento antirracista de forma obligada viene de la persona afectada por el racismo. Soltar privilegios no es plato de buen gusto para nadie, pero después del #MeToo y del #MeQueer tiene que venir otra cosa, que el sujeto de la confesión sea el villano. La revisión de la víctima ya está saldada con esos hashtags, ahora falta la del agresor. ¿Cuántos hombres que se ven interpelados piensan que la violencia que han generado no es tal? ¿O que la relativizan? Tras el ejercicio de las mujeres de rememorar episodios antiguos para darse cuenta de que eran situaciones de abuso, los hombres tendremos que echar la vista atrás para revisar las cosas que hemos hecho.

Si seguimos con Despentes, es la idea que transmitía en este diario al decir que si estaba rodeada de amigas violadas, seguramente también de violadores...

Por estadística, si todas las mujeres han pasado por eso, no puede haber solo cinco hombres en San Fermín haciéndolo todo. Está bien señalar a Godzilla, pero también hay pequeños monstruos tamaño gremlin que han dejado por ahí sus heridas. Hay un personaje del libro que se humilla por razones románticas y esto, la amenaza del suicidio si alguien no vuelve contigo, también puede generar violencia. Siempre nos escudamos en nuestra pena o nuestra herida, pero hay que ver lo que generamos con ello.

Sobre si la lucha feminista debe ayudar a los hombres a replantear sus conductas machistas hay cierto debate. Wes Bellamy, concejal de Charlottesville y activista antirracista, decía que él no siente que sea ya su deber convencer a los racistas de que dejen de serlo. Miquel Missé, activista trans, opinaba en cambio que él sí consideraba necesario hacer pedagogía, aunque la violencia sobre el cuerpo que padece un hombre hetero nada tiene que ver con la de un trans. ¿Cómo lo ve?

Yo soy muy pudoroso en decir a la gente lo que tiene que hacer. En mi caso, creo que escribir columnas y libros está bien, es un material que hay que generar para que quien quiera pueda acceder a él y montarse sus clases particulares y autodidactas sobre feminismo, antirracismo, antiespecismo… No creo en la discusión por Twitter y Facebook, en irle a lanzar nada a la cara a nadie para convencerle. No creo en debatir con liberales, racistas, etc. Pero sí creo en la pedagogía desde abajo. Si estás preocupado por la igualdad tiene más sentido que te metas en un AMPA que discutir con columnistas políticamente incorrectos para llevarlos a tu marco mental, porque entonces amplificas sus discursos, que son sencillos y acaban calando.

¿Percibe una oleada reaccionaria por parte de los hombres ante los avances feministas? Vox, las críticas a Gillette, perfiles en Youtube como el de 'Un tío Blanco Hetero', que tiene miles de seguidores…

La ola la tenemos encima. La ola contra las mujeres y el colectivo LGTBI es superior a la que hay en contra de las actitudes propias nocivas. Siempre tengo discusiones con compañeros sobre cómo hay que abordar esto. Albert Lloreta hizo un vídeo sobre si hay que entrar al trapo con gente como 'Un Tío Blanco Hetero' o con Dallas, y no tengo una respuesta al 100%. Lo que creo seguro es que el debate no lo han de dirigir los que están en contra de la igualdad. La respuesta la tienen que dar ellas, que es lo que están haciendo. Lo importante es que la conversación no baje ahí abajo porque es difícil salir de la cloaca. Quizás nos hace falta una figura de izquierdas, progre, histriónica, que tenga poder aglutinador en gente joven que consume a gusto discursos explosivos. Una Virginie Despentes youtuber sería potente y útil.

¿Cree que Dallas y 'Un Tío Blanco Hetero' nos demuestran que la reacción contra el feminismo no viene solo desde el hombre mayor que responde al cliché de anticuado, sino también de los jóvenes, que se supone que son la generación de cambio?

Ahí tienes un contador de visitas que te lo certifica y que te dice que no somos diferentes a nuestros padres y abuelos. Si sacas la visita de YouTube y miras las relaciones sentimentales de gente de 30 años con la que te juntas verás cosas que parecen de Los santos inocentes y Pascual Duarte. Los problemas son los mismos: no es que de repente aparezcan chicos jóvenes con actitudes reaccionarias, siempre los ha habido, pero en los 90 se ponían una Bomber e iban a patear a mendigos. En los 90 te disfrazabas de skin e ibas a hacer el gamba de la peor manera y ahora te quedas en casa mirando cómo alguien disfrazado te ofrece un discurso reaccionario.

¿Por qué les cuesta a los hombres reconocer los privilegios?

Nos cuesta más cuanto más mayores somos porque tenemos que girar el cuello mucho más. Nos cuesta por una razón obvia, de comodidad, y luego porque revisarlos te obliga a decidir entre dejarlos o defenderlos. Y si la posición con la que ganas capital social es reconociendo que los tienes, ¿qué pasa si no los sueltas? ¿Qué pasa cuando te invitan a un acto en el que solo hay hombres y tienes que decir que no?

Cuando dice que es mejor apuntarse a un AMPA que discutir con según quién en Twitter, ¿se refiere también a que debe ser desde la educación desde donde hay que empezar a replantearse qué es la masculinidad?

Es porque es un espacio educativo y porque las nuevas generaciones de forma necesaria van a tener que romper con esto. La gente que da talleres a gente joven te dice que hay una distancia abismal entre las chicas y los chicos; ellas están super puestas, tienen un discurso bien hilado, y los chicos están con el Fortnite. Hay que intentar conciliar relatos y puntos de vista. Entre el Fortnite y Judith Butler… Pues no lo sé. Hay que pelear en entornos normativizados que no estén viciados como Twitter. Y espacios en los que no hace falta decir sino hacer, proponer, ganar conquistas. ¿Cómo puede ser que la única reacción a la entrada de Vox en el Parlamento andaluz sea por parte del feminismo? ¡Es que es la nueva izquierda! ¡Es lo que era el marxismo en los 70! Es la única respuesta que hay por incomparecencia de otros.  

Uno de los ámbitos sobre los que ha escrito, y en los que ha entrado de lleno la discusión sobre los privilegios, es el humor. Ha habido en los últimos años críticas a humoristas por hacer chistes racistas o machistas cuya respuesta ha sido que ya no se puede ser políticamente incorrecto.

Antes de que saliera mi libro, Jordi Costa reeditó Una risa nueva, ensayo sobre la nueva comedia escrito en 2011, y me pidió si quería hacer un capítulo. Se llama 'El fin de la comedia' y ahí hablo del humor opresivo, del políticamente incorrecto, que da la casualidad que siempre, siempre, apunta hacia abajo. Con el humor ocurre que parece que es el único lenguaje que para la gente que lo practica no tiene contenido ideológico ni mensaje, que es prístino. Pero no es así. Sería muy aburrido, si fuera así. No es lo mismo hacer un chiste sobre machismo que hacer un chiste machista. Se pueden hacer todos, incluso racistas, pero el humor tiene límites, que no censores, y el límite es si cuando acabas de contar el chiste sigues siendo racista y actúas como tal.

Escribió sobre el caso de Rober Bodegas.

En el caso de Rober Bodegas el problema no es el monólogo, es que luego hace un comunicado diciendo lo que deberían hacer los gitanos, y eso me certifica que lo que dijo en su monólogo lo pensaba de verdad. No es una performance si lo que articulas como chiste tiene luego continuidad en tu pensamiento. Si bajas del escenario y sigues ofreciendo una visión estrecha de un colectivo, el problema no era el chiste. ¿Por qué se puede hacer crítica de cine y no de chistes? ¿No se puede decir de dónde viene un discurso que se explota de forma humorística?

Fui a ver a Bertín y Arévalo por trabajo y hacen chistes de la CUP, Colau, Venezuela y ya. El discurso que tienen debajo del escenario no es distinto, solo que por el que declaman sobre el escenario te cobran entrada. Había una broma en la que, a partir de unas declaraciones de Anna Gabriel sobre la copa menstrual decían que la CUP quiere prohibir las compresas. Al final le dije a Arévalo: "Sabes que esto no es así". Y me contestó: "Ya, pero es que entonces no habría chiste". Y me pareció un ejemplo diáfano de cómo una persona coge la realidad, la deforma y luego no depura responsabilidades. No es ánimo censor, es ser crítico, analizar productos culturales. En España se puede hacer humor de todo, lo único que no se puede hacer es ver a Valtònyc en directo.

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