La acampada de Barcelona se prepara para resistir indefinidamente: “Pase lo que pase el viernes, el problema no acabará”
Tras la primera noche de la acampada de Barcelona, en Plaça Catalunya, el día empieza ajetreado. El centenar largo de personas que han pernoctado allí se reparten las tareas: unos barren, otras preparan el desayuno, algunas atienden a la prensa y otros, cerca de una quincena, se han ido temprano para intentar parar el desahucio de Rebel, una mujer que, si nada cambia, será expulsada de su casa este miércoles a pesar de que el ‘decreto Maricarmen’ ya ha entrado en vigor.
“Ya lo ves, por esto decimos que los decretos no son suficiente. Nos están dando las migajas y queremos más, porque la moratoria se parece a otras que ya hemos tenido y, a pesar de ellos, seguía habiendo desahucios”, cuenta Damià, un joven de 22 años que ha pasado la noche en la plaza. Él es de los que se ha quedado para organizar las actividades que tienen pensadas para el día de hoy.
Van a hacer diversas asambleas para ver qué fuerzas tienen y saber hasta dónde pueden llegar. Su idea es quedarse, mínimo, hasta el viernes, cuando se dará la votación en el Congreso para convalidar los decretos que el martes aprobó el Consejo de Ministros. Tienen claro que Junts puede tumbar uno de ellos y, en ese caso, protestarán.
Pero muchos también apuestan por quedarse acampando aunque ambos textos salgan adelante. No son pocos los que pronuncian la palabra “indefinidamente” cuando se les pregunta hasta cuándo quieren quedarse. “Pase lo que pase el viernes, el problema de la vivienda no se acabará”, asegura una joven que prefiere no dar su nombre.
Estos días se quieren preparar y llamar a cuanta gente puedan para que se les unan. Por eso atienden a la prensa, sin excepciones, aunque a muchos de ellos no les guste la idea de hablar con medios. “Tenemos que estar fuertes y apelar a todo el mundo, porque la vivienda es algo que nos preocupa a todos. Pero es que, además, en Barcelona hay muchas luchas que van desde la sanidad hasta la huelga de las bibliotecarias”, sigue la joven. “Queremos juntar todas esas sensibilidades porque hace mucho que resistimos y tenemos que hacer algo ya”.
En Barcelona, la procedencia de los acampados es diversa. Hay algunos que vienen de grupos de vivienda, pero no son la mayoría. Muchos pertenecen a espacios antirracistas, asambleas de barrio o colectivos transfeministas. Y muchos otros, ni siquiera tienen espacio de militancia.
“Somos un movimiento muy transversal, como lo es la lucha por la vivienda”, asegura Arteko, otro de los presentes. Aunque presume de la horizontalidad de la acampada y de que no fuera convocada por ninguno de los grandes espacios de lucha, sí echa en falta apoyo por parte de los sindicatos de vivienda.
Explican que ni el Sindicat de Llogateres, la COSHAC ni el Sindicat d’Habitatge Socialista les hayan respaldado en la iniciativa de acampar. Es más, les afean que la propuesta no viniera de ellos desde el momento en que se montó la ocupación de la plaza del Sol en Madrid y que tuvieran que pasar cuatro días hasta que Barcelona se sumara.
“No nos dieron ni una reunión formal. Hemos estado hablando con algunos de sus representantes y nos dijeron que el movimiento por la vivienda no estaba en este punto y que no querían desgastarse”, explica el joven. Cuentan que el único gran colectivo que les ha mostrado apoyo es la PAH, aunque sus banderas no estén presentes en la acampada. “Es normal, llevan dos días seguidos intentando parar desahucios y no se les puede pedir más”, apunta Arteko.
Con todo, estos jóvenes ya se han organizado e, incluso, han sumado el apoyo de las personas sinhogar que pernoctan en la Plaça Catalunya. “Estamos todas juntas en esto. A ellas, aunque nadie las mencione, también les afecta el problema de la vivienda. Por eso estamos aquí, no sólo por las Maricarmen o los Josep de la Casa Orsola. También por las personas que no son blancas, las que nadie ve”, resume.
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