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CATALUNYA

El papel de España en la lucha contra el Estado Islámico

Después de casi 25 años de enfrentamientos y tras las dos guerras en Irak, se puede presuponer que esta nueva guerra no conseguirá su objetivo

Los yihadistas llevan los combates cada vez más cerca de Bagdad

Los yihadistas en combate cada vez más cerca de Bagdad

Poco después de la eliminación de Abu Musab Al Zarqawi (líder de Al Qaeda en Irak) por cazas estadounidenses fue cuando el Al Qaeda de Zarqawi en Irak comenzó a dar sus primeros pasos hacia el que hoy se conoce como Estado Islámico. En primer lugar, el objetivo expansionista hacia Siria fue lo que terminó creando las siglas EIIL (Estado Islámico de Irak y del Levante), imponiéndose entre los grupos yihadistas que actúan en el territorio desde el estallido de las revueltas en marzo de 2011, convirtiéndose en uno de los grupos más bien organizados de la República Árabe Siriana.

El 11 de septiembre del año pasado, Barack Obama anunció su estrategia militar contra el EI por ser una amenaza para todo el Oriente Medio, precisando que atacarían al EI estuviera donde estuviera, a través de ataques aéreos sistemáticos. Consecuentemente EE.UU. ha creado una coalición de más de cuarenta países para llevar a cabo la ofensiva; una agrupación controvertida teniendo en cuenta que está formada, entre otros, por algunas de las dictaduras más severas del mundo: Arabia Saudí y Qatar.

En septiembre del presente año, durante la rueda de prensa de la cumbre de la OTAN, Mariano Rajoy declaraba que no quería que España se incorporase a la Coalición creada por EE.UU. para luchar contra el EI. Manifestó que, pese a la amenaza que supone para la estabilidad regional, a la seguridad española y a la de todos los países y a que la participación en la Coalición puede realizarse de muchas formas (entrenando a las tropas iraquíes o proporcionando armas a los kurdos, entre otras), España no estaría en ella. Además, el Secretario General de Política de Defensa, Alejandro Alvargonzález, argumentaba que España aun no está en una situación para pensar en acciones militares en Irak, aludiendo el rechazo de la opinión pública cuando España participó en la invasión del país en 2003. Poco después, en una entrevista en la cadena SER, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, cuando se le preguntó sobre cómo debía actuar España ante los sucesos en Irak respondió que no se debían enviar tropas.

Por otra parte, durante el mismo mes de septiembre el ministro de Defensa, Pedro Morenés, puntualizó que la participación de militares españoles en la Coalición internacional se podría dar entre cinco supuestos: la utilización de bases españolas para operaciones aliadas; apoyo y/o participación en labores de transporte estratégico; apoyo aéreo, en funciones de mando, control e inteligencia; asesoramiento y formación de efectivos del Ejército iraquí; y suministro de equipamiento al Gobierno legítimo de Irak. Poco después, el 9 de octubre, el Consejo de Ministros daba luz verde al envío de un contingente de 300 militares para formar una brigada del Ejército iraquí durante siete u ocho semanas, aunque la misión tendrá una plazo de seis meses prorrogable.

El lunes 13 de octubre, Pedro Sánchez mostraba su apoyo al Gobierno en el envío de militares a Irak, remarcando que no está rectificando respecto a sus primeras declaraciones, sino que nada tiene que ver el envío de tropas para formar militares en la lucha contra el terrorismo.

El envío de tropas está previsto para finales de este año o principios del 2015, y sobre el total de soldados se prevén que 60 serán miembros de unidades de operaciones especializados en la desactivación de explosivos que formarán al Ejército iraquí, 69 miembros para la unidad de protección, 10 personas que formarán un equipo de mando y control, y el resto estará dedicado a apoyo y logística. Posiblemente, entre 12 y 20 vehículos de los que dispondrán serán blindados de transporte como los RG-31 Nyala o los vehículos blindados ligeros LMV Lince.

A todo esto, el hecho de que el Gobierno español perciba el EI como una amenaza contra todos los países democráticos, por el riesgo que supone que entre sus miembros haya numerosos ciudadanos de países occidentales que a su regreso podrían actuar en su país de origen, y temor a la expansión del terrorismo, no justifica que entre a formar parte de una Coalición que está efectuando ataques aéreos en los territorios donde opera la organización terrorista.

Después de casi 25 años de enfrentamientos y tras las dos guerras en Irak, se puede presuponer que esta nueva guerra no conseguirá su objetivo. En primer lugar, porque los bombardeos por parte de la colaición internacional no harán más que aumentar la cohesión del grupo al que se quiere combatir y el odio y sed venganxza que sus miembros puedan tener hacia los perpetradores de los bombardeos. Cabe tener también en cuenta que las técnicas de extracción como el fracking (técnica para posibilitar o aumentar la extracción de gas y petróleo del subsuelo) y el desarrollo de la producción de gas y petróleo de esquisto han hecho que la dependencia de los hidrocarburos de Oriente Medio haya dejado de ser significativa, lo que puede reducir el compromiso de la coalición internacional, especialmente de EEUU, en buscar una salida rápida al conflicto. Además se tiene que entender que la solución no está en vencer una guerra, sino en desarrollar estrategias que conduzcan a solucionar los conflictos armados permitiendo disipar la enemistad y fundamentar la convivencia. Es decir, adaptando mejores métodos que garanticen la seguridad con mayor eficacia y a un coste humano y económico menor: soluciones pragmáticas a los problemas reales de violencia.

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