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Tres Diadas y una metamorfosis de Artur Mas al independentismo

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, en la campaña de las municipales / ENRIC CATALÀ

Jordi Molina

Barcelona —

Hoy se cumplen tres años del 11 de septiembre de 2012. Fecha en la que, como está previsto que ocurra en unas horas, una multitud de catalanes salió a la calle para celebrar su fiesta nacional. En aquella ocasión, la Diada acabó convirtiéndose en una contundente manifestación en favor de un estado propio. Comenzaba entonces una travesía, con final todavía incierto, en la que se embarcó Artur Mas y, con él, su Gobierno. Un defensor primero del Estatut de Catalunya, más tarde del pacto fiscal y viejo aliado del PP y el PSOE, se pasaba definitivamente al independentismo.

La duda sigue siendo –incluso para muchos independentistas— si esa metamorfosis fue por convicción o interés. Si los cerca de dos millones catalanes que se manifestaron ese 11 de septiembre convencieron al president de cambiar el rumbo de su mandato o si fue entonces cuando, ante un contexto social caldeado y con la sombra de la corrupción, optó por sumarse a un proyecto que, hasta entonces, nunca antes había defendido. Sea como sea, esa decisión marcaría los años posteriores, en los que se avanzarían elecciones y se trataría de convocar un referéndum sobre la independencia de Catalunya. Unos años en los que el tablero político catalán ha cambiado por completo y que más podrá cambiar todavía este 27-S, cuando se espera una mayoría independentista.

Tras esa Diada, en octubre de 2012, Mas daba un paso en su discurso, auque todavía con prudencia: “No vamos a una independencia clásica, sino a tener los instrumentos de las naciones, los instrumentos de Estado; porque no nos conviene plantear las cosas en términos de independencia total, ya que desapareceríamos de Europa y del euro”. Poco después convocaba elecciones pidiendo una “amplia mayoría” para impulsar la consulta del 9-N. CiU empezaba a notar su desgaste, perdiendo 12 escaños por el camino. Pasó de 62 diputados a 50.

Para el consultor político David Espinós el cambio de Mas y CDC fue “muy rápido y radical” teniendo en cuenta su trayectoria moderada. Para el analista, aunque defiende que las personas en política y fuera de ella puedan cambiar sus prioridades, fue una “huida hacia adelante” que el President se sumara al procés y decidiera liderarlo. “Una decisión que no permite la vuelta atrás”, según Espinós, que concluye: “Llevamos muchos años hablando del futuro, triturando el presente. Sin debate político sobre educación o sanidad pública. Política espectáculo de primer nivel, pero nada de política de verdad”.

Movilizaciones sociales y la sombra de la corrupción

Movilizaciones sociales y la sombra de la corrupciónEl primer mandato de Mas (2010-2012) estuvo marcado por las reivindicaciones sociales en un contexto de crisis muy acentuado. El estallido del 15-M, las manifestaciones en contra de los recortes en sanidad y educación –hasta 30.000 personas se manifestaron en enero de 2012 en Barcelona– y la convocatoria de una huelga general; castigaron la imagen del Govern, que fue la avanzadilla de los recortes que más tarde se extenderían en España y que abordó con mano dura las protestas, por medio del departamento de Interior, conducido entonces por Felip Puig. Ese primer mandato también estaría condicionado por el pacto de los presupuestos que Mas selló con Alicia Sánchez Camacho, líder del PP.

Coleaba entonces, también, el caso Palau, uno de los escándalos de corrupción más importantes de Catalunya. La historia empezó antes, en de julio de 2009, con el registro de los Mossos d’Esquadra del Palau de la Música Catalana, que acabó con la detención de los saqueadores —hoy confesos— Fèlix Millet, Jordi Montull y el extesorero de Convergència, Daniel Osácar. La implicación directa de CDC en el cobro de comisiones ilegales permaneció en el ambiente, con acusaciones constantes de la oposición. Hoy, seis años después, el caso sigue a la espera de que la Audiencia de Barcelona fije día y hora para el juicio.

El catedrático de ciencia política, Joan Botella, ve “CDC muerta”. “Mas lo tenía todo para surfear la oleada soberanista: políticas antisociales, malas perspectivas electorales, CiU rota, CDC en los tribunales”. Sin embargo, sugiere que Mas “se deslumbró, que descubrió la política entonces” y añade: “Ha de haber una visión política, más allá del puro partidismo”. Botella sospecha que cuando sea necesario concretar la acción de gobierno tras el 27-S, Mas suavizará el tono en busca de un nuevo acuerdo con el Estado. “Ya hemos vivido la experiencia de un Mas tensando la cuerda, y luego yendo por detrás a Madrid a negociar la rebaja”, relata en alusión a la entrevista privada con el expresidente Rodríguez Zapatero, en 2005, para rebajar el anteproyecto de Estatut.

Sin embargo, el politólogo Carles A. Foguet, cree que “es irrelevante” si Mas usó, o no, el procés en beneficio propio. “Mas decidió ponerse al frente de un movimiento que, si se quedaba quieto, le hubiese pasado por encima”. El también editor de Cercle Gerrymandering, recuerda que Mas tiene una querella de la Fiscalia por desobediencia grave, prevaricación, malversación y usurpación a raíz del 9-N. “Supongo que cree en lo que hace”. En clave de futuro, Foguet sospecha que Mas “ha avanzado por la derecha” al movimiento ciudadano del soberanismo y que, a diferencia de hace unos años, “parece que lleva el peso de la reivindicación”. Según el analista, la propia confección de la lista “descabeza el movimiento popular” y alerta de un riesgo: “Puede que el 28-S se parezca mucho al 10-N”, en alusión a la “frustación” del día después de la consulta sobre la independencia de Catalunya.

El Mas autonomista

El Mas autonomistaSin embargo, antes que la oleada independentista llegara en los últimos años, hubo una etapa en la que Mas desplegó sus convicciones. En su acción política e incluso por escrito dejó muestra de su fe en el autonomismo. Como conseller de Jordi Pujol, “su padre político” -como él mismo reconoce- y luego como jefe de la oposición, Mas y CiU fueron determinantes para apuntalar el bipartidismo español con decisiones clave, hasta el punto de que tanto el PP como el PSOE le reconocían a CiU su “lealtad”.

Pero la evolución de Mas ha contribuido, también, el Estado, tal y como sugieren los analistas. “El recorte del Estatut en manos del Tribunal Constitucional, primero, y la falta de propuestas del Gobierno de Rajoy ante la posibilidad de un pacto fiscal, después, han construido el marco idóneo para generar independentistas”, opina Botella. Para el catedrático, este es otro punto que justifica la evolución del líder de CiU, que apostó primero por el “derecho a decidir” y, finalmente, por “Estado propio” ante un “Estado pasivo”. En la misma línia se manifiesta Espinós, que señala la actitud “inmovilista y crispadora” del Gobierno como el contrapunto necesario para el relato de Mas: “el contexto de confrontación les va bien a ambos para alimentar sus respectivos electorados”. 

Si retrocedemos un poco más en el tiempo, damos con el libro Qué piensa Artur Mas (Dèria Editors, 2002), publicado en 2002. Un manual que repasa la visión del mundo del President, desde sus preferencias por la concertación privada hasta el modelo de Estado. En ese libro hay algunas referencias a la independencia que hoy sirven para medir su evolución. “El concepto de independencia lo veo anticuado y un poco oxidado”, afirmaba literalmente tras expresar su apuesta decidida “por la España plurinacional, que quiere decir un Estado organizado sobre cuatro naciones: Castilla, con toda su área de influencia, Galicia, Euskadi y Cataluña”. De esas palabras hoy solo queda el libro.

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