Los desacuerdos en el independentismo redoblan la presión sobre Puigdemont
El fuego amigo se está convirtiendo en la peor pesadilla de Carles Puigdemont. El independentismo había logrado hasta ahora capear las diferencias internas gracias al objetivo compartido de celebrar un referéndum. La falta de respuesta, cuando no el intento de humillación por parte del Gobierno central, también había ayudado a preservar esa cohesión. Pero tras el 1-O han cambiado muchas cosas. La desconfianza se abre paso en el flanco que configuran el PDeCAT, ERC, CUP y las entidades soberanistas ANC y Òmnium. Unos tienen más prisa que otros. Unos reciben más llamadas que otros y eso comporta que unos tengan dudas y otros, no.
Puigdemont y su partido quieren ganar tiempo, pero sus socios se lo deniegan. La intención del president es esperar al lunes para contestar al requerimiento de Mariano Rajoy para que aclare si ha declarado o no la independencia. Su intención inicial era enviar una copia del discurso que pronunció en el pleno y dudaba de si adjuntar una copia de la declaración de independencia que firmaron los diputados independentistas al acabar la sesión. Fuentes próximas al Govern explican que el jefe del Ejecutivo es consciente de que la inestabilidad social y el riesgo de conflicto social pueden ir a más en función de la decisión que adopte.