OPINIÓN | Aún sigue la negociación, por Ignacio Escolar
El acuerdo pudo haber llegado este jueves y habría sido mejor. Estuvo cerca y no se cerró por dos motivos: porque Puigdemont no se fía de Rajoy y porque Rajoy se fía aún menos de Puigdemont. El president de la Generalitat quería garantías de que convocar elecciones realmente serviría para evitar la aplicación del 155. Por ahora no las consiguió, más allá de un vago compromiso de buena voluntad. Puigdemont se podría haber encontrado con la peor situación: retratarse a ojos de una parte de los suyos como un histórico traidor y que ni siquiera así se parase la intervención de la autonomía. Puigdemont proponía un acuerdo. Rajoy pedía una claudicación y luego prometía generosidad.
¿Significa que todo está roto? ¿Es inevitable la intervención de la autonomía y la DUI? Aún no. Y al menos este jueves ha quedado claro algo: que el president de la Generalitat está buscando una salida desde la responsabilidad, que evite una declaración de independencia unilateral e irrealizable, que evite también la suspensión del autogobierno y el caos institucional. Esquivar el choque de trenes y ejercer, por primera vez en mucho tiempo, como el president de todos los catalanes. Una salida que, hasta hace unos días, se supone que era también la deseada por el Gobierno de Mariano Rajoy.