OPINIÓN | 'El martirio', por Ignacio Escolar
A mediados de septiembre, tras la aprobación de la ley del referéndum, tuve una conversación con un diputado independentista. A solas, sin micrófonos, le pregunté mi gran duda: “¿Pero de verdad pensáis que este octubre vais a tener la República de Catalunya?”. Me admitió que no, que sabían que eso no era posible. “Ahora no tendremos la independencia, pero lo que va a pasar estas semanas nos va a ayudar a acercarnos a la independencia en el futuro”, me explicó. “Esto terminará con presos políticos y, oye, tampoco es tan tremendo porque las cárceles españolas no están tan mal; que no son como las latinoamericanas”.
Esta conversación me impactó, no solo por la sinceridad con la que este dirigente independentista admitía la gran mentira: que estaban prometiendo a sus votantes algo que sabían que era irreal; sabían que la independencia se podría declarar, pero también que sería tan inútil como abolir la ley de la gravedad porque no contaban ni con el respaldo social suficiente ni con la fuerza suficiente ni con el apoyo internacional necesario para crear un nuevo Estado. También me sorprendió la naturalidad con la que este dirigente independentista hablaba de la cárcel, y no era en absoluto en tono de humor. Si alguien reflexiona sobre cómo de duras son las cárceles españoles es porque ha asumido que puede terminar en prisión.