OPINIÓN | Larga y dura
Lo de Catalunya va para largo. Desconfíen de quien les diga que se resolverá a corto plazo. Y hay una clave que debiéramos tener siempre presente: la población independentista catalana y la que no lo es. En el encaje y la convivencia de todos ellos habrá una buena medida para la solución. Convendría tener claro que cuando pasen el 155, las elecciones catalanas, Puigdemont y quién sabe si hasta Rajoy, seguirá siendo un reto entrelazar los intereses de todas las partes.
Según el Centre d'Estudis de Opinió de la Generalitat, hay un 48,7% que quiere la independencia y un 43,6% que la rechaza. Otras encuestas recientes cifran en un tercio la población independentista. En cualquier caso, no es aventurado pensar que pueden rondar los dos millones de catalanes que optan por el independentismo, entre los 5,5 millones con derecho a voto. Hacer política con altura de miras para todos ellos es, a día de hoy, una asignatura pendiente.