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CV Opinión cintillo

El neoliberalismo o la 'fake news' más exitosa de los últimos 50 años

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En su ensayo “Ill Fares the Land”, publicado en 2010, el historiador Tony Judt, empieza recordando que “sabemos lo que cuestan las cosas, pero no tenemos ni idea de lo que valen”. Y en la conclusión de éste, sitúa en la década de los años 80 del pasado siglo, con el egoísmo amoral de Thatcher y Reagan, el inicio de las décadas marcadas por la hegemonía del pensamiento neoliberal en la que las “fantasías de prosperidad personal desplazaron cualquier interés por la justicia social o la acción colectiva”. Un buen diagnóstico de no ser porque llegaba muy tarde. 

En 1987, Jose Manuel Naredo, economista de referencia en la creación de la economía ecológica, en su muy documentado libro “La economía en Evolución”, ya había acreditado de forma muy sólida cómo “..no basta con evidenciar los abusos y quimeras que conlleva la ideología económica dominante… para que ésta pierda predicamento”. Naredo sostenía hace 33 años el carácter ideológico de las teorías económicas hegemónicas y cómo la confrontación de estas con los hechos no bastaba para que perdieran vigencia, pues la misma no dependía de como mejoraban la vida de las personas, hacían avanzar la justicia social o contribuían a detener el deterioro ambiental del planeta. La vigencia dependía de cómo permitían a actuar a quiénes detentaban el poder real como élites extractivas que expolian las personas, pueblos, países y al planeta en su conjunto. Las teorías económicas, en la tesis que propone Naredo, venían determinadas por la ideología y son refractarias a los hechos. En el lenguaje de estos tiempos, el neoliberalismo económico ha sido una de las fake news más exitosas de los últimos 50 años. 

Las mismas ideologías que han alentado la inacción durante tres décadas ante el cambio climático, o que directamente lo han negado, agravándolo hasta convertirlo en emergencia climática de la misma forma han impulsado la sustitución de las instituciones de gobernanza global como la ONU y de los estados por los mercados. El resultado es el deterioro de la salud de los ecosistemas del planeta, cuyas afecciones a la salud de las personas son anteriores a la pandemia causada por el Covid-19, que ha ido parejo al deterioro de los servicios públicos, en casi todos aquellos países donde existían, al mismo tiempo que retrocedían las políticas de cooperación internacional. El egoísmo individualista del que habla Judt que ha conllevado la ruina de la salud del planeta y de las personas durante las últimas décadas se ha vestido con la teoría económica neoliberal. Pero el neoliberalismo no es un fin en sí mismo, es sólo una herramienta para las élites extractivas, que, si da muestras de estar agotada, será sustituida por repuestos como las ideologías conservadoras o directamente, reaccionarias. Puede que la pandemia sea el fin del neoliberalismo, pero en absoluto lo será de la injusticia social si las alternativas son propuestas desde élites no democráticas cuyo relato siempre consiste en imponer que no hay más alternativa que sus propuestas.

Hay alternativas. Por supuesto también son ideológicas. Si todos sabemos quién es Charles Darwin y muy pocas personas saben quién es Lynn Margulis es porque la propuesta para describir los mecanismos de la evolución de las especies del primero encaja mucho mejor en las ideologías del egoísmo que la de la segunda, además del hecho de ser uno hombre y otra mujer. La cooperación simbiótica que describe Margulis desmiente el dogma neoliberal, conservador o reaccionario. La economía ecológica, como describe Naredo y tantos otros autores, es una forma de cooperación simbiótica pues considera centrales la justicia social y los límites del planeta. Visto a donde nos han llevado las ideologías basadas en la competición entre individuos es hora de apostar por opciones que proponen cambios radicales sobre todo lo ya conocido.

La fiscalidad verde es un ejemplo fácilmente perceptible de cooperación simbiótica: beneficia a tod@s los ciudadanos ya que impulsa la transformación ecológica justa, incentivando las actividades y tecnologías más sostenibles que ayudan a reducir las emisiones de gases que causan la emergencia climática  y otros residuos y vertidos, e impulsan el abandono de las técnicas más contaminantes y nocivas, mejorando la salud de las personas y los ecosistemas naturales. Ejemplifica bien la utilidad social de los impuestos. Es por supuesto, en primer término, una cuestión de justicia social, pero no tiene sólo una función redistributiva. Hay un aspecto fundamental que no suele aparecer. El pensamiento económico neoliberal es, en su conjunto, una fake newsexitosa, que oculta un hecho básico: una buena sanidad y educación pública, un buen sistema de dependencia y unas pensiones públicas suficientes benefician incluso a aquellos que optan, por ejemplo, por la sanidad privada. Sólo la existencia de una buena sanidad pública impide que el coste de los servicios sanitarios privados en España sea disparatado como lo es en los Estados Unidos de América. 

Los beneficios de un buen sistema público benefician, incluso a quienes no lo utilizan. Benefician a todas las personas que tienen su vida y patrimonio arraigado en un país, en una tierra, tengan mayor o menor renta. Sólo las élites extractivas sin arraigo, sin conexión con personas o tierra alguna, sólo ese 1% salía, realmente, beneficiado del egoísmo institucionalizado. Ahora, visto los efectos del egoísmo y cómo favorece pandemias y emergencia climática, sólo los sociópatas pueden ignorar que no tenemos otra alternativa que las propuestas políticas que ponen en el centro la solidaridad, la cooperación y la sostenibilidad ambiental. Incluso para aquellas personas que sólo lo hagan por egoísmo. La gestión de la pandemia y los años siguientes debe ser el momento de ruptura con medio siglo de fake news y debe abrir una nueva época en la que las propuestas verdes y solidarias sustituyan al egoísmo institucionalizado. Y hay que hacerlo contrarreloj.

  • Natxo Serra es coportavoz VerdsEquo
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