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Paco Grau, el fiscalista que pretende demostrar “estadísticamente” que estaba en la trama de Zaplana por casualidad

El asesor fiscal Paco Grau durante su declaración en el juicio del 'caso Erial'. Detrás, en el banquillo, Joaquín Barceló 'Pachano'.

Lucas Marco

València —

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Francisco Grau, asesor fiscal de Eduardo Zaplana, declaró este jueves en el juicio del 'caso Erial' en actitud por momentos chulesca y salió trasquilado del interrogatorio del fiscal anticorrupción. Grau, como Zaplana, se escudó en que siempre estaba en el peor lugar y en el momento más inoportuno. El fiscal Pablo Ponce le insistió en que aparece en todas las operaciones de blanqueo atribuidas al expresidente de la Generalitat Valenciana y citó varias reuniones en Madrid entre el asesor fiscal y Zaplana el mismo día en que se producen movimientos sensibles de los fondos en Luxemburgo, proveniente de mordidas de la familia Cotino. “Esos sucesos que dice usted son estadísticamente independientes, por mucho que se empeñe”, respondió Grau en referencia a la coincidencia.

El asesor fiscal de la trama era profesor de matemáticas financieras en la Universidad de Alicante. “Cuando usted y yo nos conocimos me tocó prejubilarme”, le dijo al fiscal en referencia a su detención en 2018.

Grau, al menos en dos ocasiones, comió en Madrid con Beatriz García Paesa (sobrina del famoso espía y cuyo despacho montó el tinglado financiero de la trama en Luxemburgo) y luego se vio con Zaplana, según las agendas del exministro que figuran en el sumario. El acusado se remitió al “campo” académico de la estadística “dentro de la matemática financiera” para explicar tal casualidad (en referencia al hecho de que la correlación no significa necesariamente causalidad).

El fiscalista negó que sus encuentros con Zaplana en aquellas fechas tuvieran que ver con las mordidas: “Yo soy profesor universitario y, según las épocas, tengo muchos días de clase. Cuando me desplazo a Madrid, me voy temprano y vuelvo en el último AVE muy tarde. Trato de visitar a varios clientes por hacerme ver y por repartir los gastos. (...). Insisto en lo de repartir los gastos, entre el AVE, la comida y la merienda cena, podían ser 500 euros”.

El fiscal anticorrupción planteó serias dudas ante la versión, por momentos incoherente, del acusado. Paco Grau, en actitud altiva, se mantuvo en sus trece y siguió el guion de la defensa de Zaplana, exculpando al expresidente y adjudicando los fondos en Luxemburgo a Joaquín Barceló 'Pachano', el testaferro confeso de la trama con el que se llevaba fatal, tal como se desprende de las escuchas telefónicas intervenidas por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.

El fiscalista, que también formó parte del consejo de administración de la quebrada Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), dedicó gran parte de su declaración de casi cinco horas a atacar a Joaquin Barceló, amigo de la infancia de Zaplana que ha alcanzado un pacto de conformidad con la Fiscalía Anticorrupción.

Pachano, según Grau, era el propietario de los fondos en el Gran Ducado al ser representante, según dijo, de ciertas inversiones de los Cotino en la provincia de Alicante. Cuando le preguntaron acerca de la extensa confesión del testaferro, en la que atribuyó los fondos a mordidas de Zaplana, Paco Grau se escudó en que la petición de cárcel por parte de la Fiscalía es una “espada de Damocles”.

La intrahistoria de los pactos con Anticorrupción

El testaferro y el asesor fiscal compartieron celda en 2018 durante dos semanas cuando estuvieron en prisión provisional: “Sabemos lo que es eso”. Grau desveló que se ha visto “con cierta frecuencia” con Pachano antes del juicio y que el pasado mes de diciembre el testaferro le dijo que iba a “hacer lo que haga falta para no volver a prisión”.

También describió los meses previos al juicio y los debates sobre la posibilidad de alcanzar pactos con la Fiscalía para reconocer los hechos y rebajar la pena: “Yo también valoro [un posible pacto de conformidad]. Lo consulto e incluso me aconsejan que lo haga. (...) Hay cosas que, si yo no [las] he vivido, no las puedo hacer. Yo no he decidido conformarme”.

Pachano, al acabar su declaración de este miércoles, se acercó al banquillo de los acusados a hablar unos minutos precisamente con Grau. Al testaferro le habrían “obligado” a confesar su papel en la trama, según afirmó el asesor fiscal al día siguiente (aunque Joaquín Barceló negaba con gestos esa aseveración).

Grau tampoco dejó escapar la ocasión para anotar que Pachano había pertenecido a la ejecutiva del PP en Benidorm y militado en el partido hasta las detenciones, momento en que la formación conservadora le dio “de baja provisional” como al propio Zaplana. El aludido no supo decir si había militado en el PP y se limitó a asegurar que había sido un “fiel seguidor de Zaplana a nivel político”.

Una declaración enrevesada y confusa

Grau dio explicaciones extremadamente enrevesadas sobre su papel de asesoramiento en relación con las sociedades en Luxemburgo que contenían el supuesto botín de Eduardo Zaplana. Sobre una especie de “testamento” del testaferro que, al parecer, elaboró Grau, su confusa argumentación quedó en una suerte de limbo. Nadie en la sala pareció entender la historia. El acusado dijo que se hizo “de cara” a una “negociación” con “un inversor”. Entre otros argumentos sin demasiado sentido para el común de los mortales, incluido el fiscal anticorrupción, el asesor sentenció: “Eso es un borrador”.

La declaración de Grau fue, por momentos, confusa, e incurrió en evidentes contradicciones. El fiscalista reconoció que hablaba “muchas” veces con el abogado uruguayo Fernando Belhot, blanqueador confeso de Zaplana, especialmente para la operación de compra del puerto deportivo de Altea.

Además, el asesor fiscal se metió en varios charcos. Por un lado aseguró que los fondos de Luxemburgo estuvieron en todo momento en manos de los Cotino (a pesar de que pasaron a manos del testaferro confeso de Zaplana a través del despacho de Beatriz García Paesa, sobrina del famoso espía). Sin embargo, a preguntas de la defensa del empresario Vicente Cotino, Grau matizó su afirmación. “Me resulta chocante que, en una inversión de cuatro millones, el dueño de ese dinero no hable ninguna vez con el asesor de esa sociedad donde está el dinero”, le espetó el letrado Vicente Grima, veterano penalista.

Los Cotino: no sabía que “había tantos”

Al inicio de su declaración, el acusado dijo que simplemente conocía la sociedad Sedesa de la familia Cotino por las operaciones de financiación de la CAM, de la que Grau fue secretario del consejo de administración entre 1998 y 2007, en plena burbuja inmobiliaria. “Para mí los Cotino eran un todo, nunca he sabido que había tantos”, afirmó. Tras la muerte (y la extinción de la responsabilidad penal) de Juan Cotino, exconseller del PP, se sientan en el banquillo de los acusados los empresarios Vicente y José Cotino. La firma Sedesa pagó las supuestas comisiones millonarias a la trama de Zaplana, en una primera fase de la trama, a través de empresas en Luxemburgo.

Sobre una inversión de la supuesta red corrupta en una lujosa urbanización de Madrid, Paco Grau sacó a relucir ciertas reticencias hacia el promotor inmobiliario alicantino Trinitario Casanova, del Grupo Baraka, una sociedad que “da muchos problemas”, según dijo el acusado.

El mismo letrado, abogado a su vez del empresario aludido, le preguntó a Grau: “¿Mantiene usted las insinuaciones que ha hecho a Casanova o las retira?”. A continuación, el asesor fiscal de Zaplana procedió a recoger cable: “Si eso es una imputación, la retiro”. 

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