La madrugada más aterradora en Oliva: “Cruzamos con el bebé en brazos una calle convertida en río”
La zona cero de la dana Adam focalizada entre Gandia, Oliva y Pego amaneció este martes con un día soleado y el cielo prácticamente despejado, una imagen sorprendente y que contrasta con el tremendo aguacero que tan solo unas horas antes dejó registros de hasta 700 litros por metro cuadrado, el tercer temporal más intenso de la historia reciente de la Comunitat Valenciana.
En el centro de la localidad de Oliva, uno de los más afectados, en torno a las 9.30 horas las calles estaban semivacías y contenían restos de hojas y ramas como consecuencia de la tormenta. Unas 150 personas amanecieron en el centro polivalente habilitado por Cruz Roja como refugio para las personas desalojadas que no disponían de alojamiento alternativo.
Los rostros de todos ellos evidenciaban el cansancio y la angustia sufrida tras una madrugada, la del lunes 19 de octubre, que se convirtió en una auténtica pesadilla. Mientras los voluntarios les repartían café, zumos y algo de bollería, algunos afectados y afectadas como Verónica se acercaban en busca de agua potable: “Por suerte mi casa, en una de las zonas de la playa de Oliva más afectadas, tiene una primera altura. En la planta baja entró un metro de agua y lo hemos perdido todo. Mis hijos pasaron mucho miedo. He venido a recoger agua porque nos han dicho que en nuestra zona se han roto las tuberías y vamos a estar tres días sin suministro. Nos habían dicho que viniéramos a los puntos de recogida y ahora nos comentan que irá la UME a traernos”.
Tal y como comprobó in situ elDiario.es, los estragos de las inundaciones se van haciendo más visibles en las zonas más cercanas a la costa, especialmente en las zonas urbanas cercanas al club náutico. Contenedores volcados, coches desplazados y dañados por la tormenta y vecinos y vecinas sacando muebles y limpiando sus viviendas. Algunos caminos secundarios y tramos de calles seguían anegados.
“Nos despertamos a las 05.00 horas y vimos que nos había entrado agua, ya nos cubría por el tobillo. Intentamos sacar agua, pero no paraba subir el nivel y fue cuando nos dimos cuenta de que nos teníamos que ir o si no nos ahogábamos”, explica Bárbara, de 24 años, mientras saca lo que puede, junto a su pareja, de la casa de planta baja en la que residen.
Según explica, en cuestión de 10 minutos el agua ya les llegaba por la cintura: “Cogimos lo que pudimos, ropa y biberones para nuestro bebé de un año, e hicimos una cadena cogidos del brazo para cruzar la calle convertida en un río. La corriente era fuerte. Pasamos a la casa de mi vecina, que está en altura, con mi hija, el perro y también con mi suegra, que es mayor. Fue una pesadilla, no había luz ni nada, creíamos que nos ahogábamos”.
Más cerca del mar, junto al Camping Kikopark, reside Raúl junto a su mujer y a su hijo, en una casa de planta baja. Todos ellos aguantaron como pudieron hasta la Unidad Militar de Emergencias (UME) pudo acceder con una camioneta para rescatarles.
Según cuenta, hicieron una especie de torre poniendo diversos enseres y un colchón sobre los sofás para ganar altura de forma provisional y evitar ser arrastrados por el agua: “Llamamos al 112 para pedir ayuda, pero tenían casos más graves con gente en tejados o en techos de coches y tardaron unas horas en poder rescatarnos. Aquí teníamos medio metro de agua, a la altura de la las rodillas, que aunque no es mucho, el miedo que tenía era que pudiera subir más porque estaba lloviendo mucho”.
Raúl y Tania viven en un apartamento de planta baja y primer piso cerca de la playa de Burguera. Se despertaron a las 3.30 horas de la madrugada del lunes por el ruido del viento y ya había en casa 10 centímetros de agua. “Pero en una hora ya teníamos un metro de agua y a las 6.30 horas llegaba al metro y medio”.
Con dos hijos de 5 y 7 años, no tardaron en aparecer los nervios ante una lluvia que no paraba, por lo que decidieron subir a casa de los vecinos que tenían luz y suministros: “Aunque nos costó contactar con el 112, si hubiéramos corrido peligro nos habrían rescatado porque no paraban de pasar helicópteros por todas partes vigilando situaciones de riesgo”, explican.
Piles, Bellreguard, Miramar y Els Poblets buscan la normalidad
Ya fuera de Oliva, en Piles, se pasó de tener toda la playa anegada a quedar solo dos calles por desaguar, tras acumular unos 650 litros por metro cuadrado, según su alcaldesa, Cristina Fornet.
Bellreguard, en el litoral sur de Valencia, trabajaba este martes en recuperar el suministro de luz y agua y volver a la normalidad lo antes posible, según su alcalde, Alex Ruiz. Y en Miramar, su alcaldesa, Pilar Peiró, explicaba que ya se podía transitar por una parte de la playa, que estuvo totalmente inundada, gracias al trabajo de las estaciones de bombeo.
Las calles de la localidad alicantina de Els Poblets también fueron recuperando poco a poco la normalidad tras el desbordamiento del río Girona este lunes de madrugada por las lluvias de la dana Adam gracias al trabajo de operarios, vecinos y voluntarios.
Algunos de los vehículos que se amontonaban en las calles próximas al cauce ya han sido retirados, mientras que el barro se seguía limpiando este martes en algunas calles y en el interior de las casas.
Paco vive en esta localidad de la Marina Alta, en una casa de alquiler, un inmueble que en 2007 ya sufrió las consecuencias de la gota fría de entonces. “Ahora, a reconstruir y a sobrevivir, eso es lo que hay”, asegura. En su caso, han decidido mudarse a un piso y dejar la casa después de que varias paredes de la vivienda se vinieran abajo y que el suelo se hundiera en algunos puntos con el paso del agua. El alcalde del municipio, José Luis Mas, ha explicado que el pueblo “sigue patas arriba”, aunque la presencia de maquinaria pesada y “muchos voluntarios y bomberos achicando agua” hacen que Els Poblets esté “mucho mejor de lo que pensaba que estaría en un principio”.
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