Poner césped artificial: siete cosas que debemos tener en cuenta para no arrepentirnos

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Elisabeth nos escribe contándonos que acaba de adquirir un piso bajo en su población y que está pensando poner césped artificial en la terraza abierta que incorpora el piso. Nos pide que le informemos de qué posibles inconvenientes puede tener si finalmente se lo instala.

Fácil bonito y de mantener

El césped artificial puede ser una bonita solución para mejorar el aspecto e incluso el confort de terrazas, terrados y zonas ajardinadas que presentan un suelo artificial y duro, ya sea terrazo, rasilla o cualquier otra superficie aislante. Actualmente existen suelos con un fondo mullido que nos permiten tumbarnos en el con una sensación similar a la de un césped natural, incluso mejor. 

Además presentan la ventaja de que no deberemos preocuparnos por el cuidado del césped; esto es cortar la hierba, aportar fertilizantes o regarlo. Tampoco debemos temer a las plagas de insectos y por lo tanto no nos será necesario utilizar plaguicidas ni fungicidas ni otros productos fitosanitarios. 

Como consecuencia de esto, también nos ahorraremos un buen dinero en químicos que además no irán al medio ambiente, con lo cual podemos decir que se trata de una solución casi más ecológica que el césped natural, de no ser que el residuo sintético que deja: poliuretano o polipropileno. Y finalmente se lava fácil con una aspiradora si se ensucia. 

No es una alfombra de quita y pon

Pero por la misma regla de tres, el césped artificial tiene unos condicionantes que no debemos obviar: el primero es que se trata de un objeto sin vida, que no crecerá, con lo que cualquier desperfecto deberá ser solventado con la colocación de un nuevo césped de manera íntegra o casi, ya que no lo tapará el crecimiento normal de la hierba. Y esto incrementará el precio de la operación. 

El segundo es que la colocación de un césped implica una operación costosa no solo económicamente, sino también a nivel de suelo, ya que este irá pegado al firme y si nos arrepintiéramos, nos arriesgamos a destrozar el terrazo, ya que pueden muy fácilmente quedar restos de cola o incluso parches de césped imposibles de arrancar. 

Por todo ello, para evitar tener que poner césped nuevo o bien arrepentirnos y tener que quitarlo, con el consiguiente riesgo de destrozo, es importante tener en cuenta los siguientes parámetros a la hora de decidirnos por colocar césped en nuestra terraza o jardín. 

1. El tipo de suelo

En efecto, es importante mirar el tipo de suelo que tenemos debajo. Si es de calidad, deberemos tener claro que una vez puesto el césped, nos arriesgamos a que pierda sus propiedades de brillo, estética o consistencia cuando arranquemos el césped. En caso de ser un suelo viejo o malo, nos arriesgamos a que la rasilla se rompa y/o quede suela, con lo que puede afectar a la adhesión general del césped. 

2. El diseño del desagüe

En terrazas, bajos y terrados, el desagüe es fundamental para drenar el agua de la lluvia. Es decir la pendiente que posibilita que el agua se conduzca enteramente hasta el desagüe. Si ponemos el césped encima, deberemos respetar integramente este drenaje. De lo contrario nos arriesgamos a que se nos encharquen zonas y se generen malos olores. Y lo mismo si regamos plantas o nos duchamos en él. 

También deberemos modificar el drenaje si este no está correctamente diseñado, o desistir de poner el césped. El motivo es que se producirán acumulaciones de agua bajo la rasilla que generalmente se van por evaporación. Ahora bien, si está la capa encima, se quedarán ahí, tendiendo a producir a la larga filtraciones y malos olores. 

3. Qué objetos vamos a colocar encima

Si pensamos colocar macetas, o bien muebles pesados, etc., debemos asegurarnos de que al retirarlos no queda marca, y si queda que sea reversible; es decir que las hebras se reponen de nuevo yertas. Esto solo nos lo dará céspedes de una determinada calidad, que por supuesto se verá reflejada en el precio. 

4. La incidencia del sol

El sol es un agente degradador impresionante para materiales sintéticos de todo tipo. Al contrario que al césped natural, al artificial le sienta muy mal: le quita color, lucidez y elasticidad, propiciando que pase de ser un elemento embellecedor a otro afeante. Hay céspedes que resisten los rayos UV, pero se encuentran entre los más caros. 

5. La carga electrostática

Al ser una materia plástica sintética y estar aislado de la tierra, muchos céspedes tienen a acumular carga electrostática por ionización, con lo que si dejamos un objeto metálico sobre ellos que sirva de conductor, o un cristal, recibiremos el clásico y desagradable calambrazo al tocarlo. Exiten céspedes anti-deacarga, así como tratamientos, pero encarecemos la operación. 

6. Las posibles quemaduras

Si somos de barbacoa y se nos cae un rescoldo ardiendo o un bien si hacemos una fiesta y nos apagan los pitillos en el césped, lo lamentaremos, pues el fuego nos lo estropeará. Existen céspedes ignífugos pero…, sí: el precio aumenta. 

7. El presupuesto

Colocar este tipo de suelos, incluso si lo hacemos por cuenta y riesgo, es caro, y más si vamos a atender a los factores relatados anteriormente. En consecuencia deberemos ver si nuestro bolsillo llega a tanto dispendio. 

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Publicado el
11 de septiembre de 2020 - 22:08 h

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