Diez ventajas de regalar libros en estas fiestas

Foto: Max Pixel

Cristian Vázquez

Los regalos de Navidad o Reyes pueden ser un agobio. La tarea de decidir con qué obsequiar a familiares y amigos, tratando de acertar con los gustos y las expectativas de los demás, y todo ello sin gastarse un dineral, en ocasiones se torna una misión, si no imposible, al menos muy complicada. Existe, sin embargo, un tipo de regalo que a menudo resuelve esos y otros dilemas: los libros. El siguiente es un decálogo de motivos por los cuales un libro puede ser el regalo más apropiado para las fiestas de fin de año.

1. Hay libros para casi todo el mundo

Es cierto que no todas las personas son aficionadas a la lectura, ni hay grandes bibliotecas en todas las casas. Pero los libros que se publican abarcan tal variedad de temas que es difícil no encontrar algunos que se adapten a los gustos de la persona a quien se busca agasajar: novelas, relatos breves, ensayos, filosofía, historia, biografías y autobiografías, divulgación científica, psicología, deportes, cine, series, religión… Y los hay para todas las edades, desde los coloridos volúmenes destinados a la primera infancia, hasta los de tipografía grande para la gente mayor.

2. No son muy caros

Los libros son relativamente baratos. Si bien existen ediciones de lujo, con tapas duras, con sobrecubiertas, cajas y otros añadidos, también hay muchas ediciones asequibles, de bolsillo, con precios por debajo de los 15 e incluso 10 euros. Es decir, se adaptan a las diversas posibilidades. ¿De cuántos otros tipos de regalo se puede afirmar lo mismo? Por otra parte, quien lo recibe siempre tiene la posibilidad de cambiar el libro, en caso de que ya lo haya leído o si otro título le interesa más.

3. Se pueden disfrutar muchas veces

No son muy caros, y mucho menos aún si se tiene en cuenta que pueden tener muchas vidas: la persona obsequiada lo puede prestar, o puede volver a leerlo en el futuro, de modo que el libro no se agota en una única lectura. “Yo le leí a mi hija el mismo ejemplar de Mark Twain que nos leyó mi madre a todos los hermanos -contó en una ocasión el escritor Rafael Reig-. Ese Tom Sawyer de tapas amarillas lo hemos leído ya, por el mismo precio, más de treinta personas. Impreso en 1944, aún sigue ‘funcionando’”.

4. Se pueden leer en cualquier parte

La lectura no exige trasladarse a ningún sitio en particular, ni gastos extras. La mayoría de los libros proporcionan largas horas de lectura, sin riesgo de que se agote la batería o se queden sin conexión. En un parque, en la cama, en el transporte público, de viaje: se puede leer en cualquier parte y en cualquier momento.

Y si se piensa en un regalo para alguien que se irá de viaje, una muy buena opción es regalarle una historia que transcurra en el mismo lugar adonde irá, para practicar lo que la editora María Antonia de Miquel llama la lectura in situ. “¿Hay algo más emocionante que el que lo leído coincida con lo que nos rodea? ¿Ver, oler y experimentar lo mismo que los personajes de la historia que estamos devorando?”. 

5. Son pacientes, esperan el momento adecuado

Los libros no caducan. Una persona puede tener un libro durante años sin haberlo leído, pero con la certeza (o la sospecha) de que llegará un día en que lo querrá leer. Y cuando ese día por fin llegue, no importa cuánto tiempo haya pasado, tomará el volumen de la biblioteca y se sumergirá en él. Por eso, un libro que se regala y no se lee de inmediato no es un regalo mal hecho, sino un regalo a la espera de que llegue su momento, su oportunidad.

6. Tener muchos no es un problema

La lengua japonesa cuenta con una palabra para definir la acción de comprar libros que quedan apilados en la casa y -de momento- no se leen: tsundoku. Entre los amantes de los libros se trata, sin duda, de una práctica habitual. “No voy a comprar libros nuevos hasta no haber leído lo que ya tengo” es un propósito de incumplimiento prácticamente unánime. El caso es que tener muchos libros casi nunca es un problema. Solo lo es para quienes poseen ya muchos libros y viven en una casa pequeña. Pero está claro que, para alguien que tiene muchos libros, un libro más nunca será un mal regalo

7. Contribuyen con la creación de una biblioteca

La suma de los libros da como resultado una biblioteca. Y la presencia de una biblioteca en casa siempre se agradece. Se convierte en un refugio al cual acudir cuando se quiere vivir un momento de calma e introspección, de sumergirse en la lectura o relectura de los volúmenes que se han ido relacionando allí unos con otros y han encontrando allí su lugar. Además, desde un punto de vista decorativo, una biblioteca es uno de esos elementos que siempre quedan bien. De modo que ahí radica una ventaja más.

8. Estimulan la lectura, que tiene muchos beneficios

Esta es una de las ventajas más evidentes, sobre todo de regalar libros a los niños. Las personas que leen desde bien pequeñas no solo tienden a ser buenos lectores también en el futuro, sino que además tienen una mayor capacidad de empatizar con los demás y de establecer mejores relaciones sociales, lo cual contribuye con su bienestar emocional.

La lectura ayuda a los niños a pensar con mayor claridad y expande sus posibilidades de atención, lo cual los ayuda, por supuesto, en su rendimiento escolar. Y no solo para los niños: los adultos que leen suelen dormir mejor que quienes no lo hacen, mientras que la lectura es una “medicina natural” para reducir el estrés. Y, como constituye una gimnasia para el cerebro, se torna también una forma de frenar o reducir el deterioro cognitivo que produce el paso del tiempo.

9. Regalar un libro es una forma de compartir felicidad

Cuando alguien regala un libro que le ha gustado mucho, lo que busca es compartir el placer y la dicha que ha sentido mientras lo leía. Y este es uno de los objetivos más nobles y generosos, sino el que más, que alguien se puede plantear al momento de hacer un regalo.

Un libro, más que un producto que se obsequia, es una experiencia que se desea compartir. Dar un libro, y decidir qué título dar, dice mucho de la persona que ejecuta esas acciones y de lo que siente por el destinatario, por la persona a quien se lo da. Expresar ese sentimiento, de esa forma, se puede considerar como un regalo más.

10. Quienes leen, nunca están del todo solos

“Quien lee vive más, descubre otras vidas, nunca está solo -anotó el escritor José Manuel Caballero Bonald-. Leer equivale a elegir una aventura de múltiples compensaciones imaginativas”. Regalar un libro es aumentar las posibilidades de que tal aventura suceda. “Y si un libro no nos enseña algo -añadió el autor-, si no nos agrada o nos divierte, siempre quedará la opción de buscar otro”.

Tal vez ese otro sea el que alguien reciba como regalo en estas fiestas. “Leer no debe ser nunca una obligación, una imposición, sino la libre y personal manera de elegir esa compañía placentera que un libro nos puede proporcionar”.

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