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Cómo hacer que los alimentos no se estropeen tan pronto: trucos de almacenamiento para que duren más

Cómo conservar los alimentos para que duren más.

Marta Chavarrías

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¿Cómo conservar la harina en casa? ¿Y el café? ¿Dónde es mejor guardar las cebollas? Si lo pongo todo en la nevera, ¿se conservarán mejor los alimentos? En definitiva, ¿qué podemos hacer para que los alimentos nos duren más? Estas son algunas de las preguntas que nos vienen a la cabeza cuando llega la hora de guardar la compra en casa y queremos hacerlo de la mejor manera posible. Porque siempre resulta frustrante que los alimentos recién adquiridos se estropeen antes de que hayamos tenido la oportunidad de cocinarlos.

Hay algunos trucos que nos ayudarán a prolongar la vida útil de nuestros alimentos favoritos, desde frutas y verduras hasta leche y queso. No solo supondrán un ahorro en nuestra economía doméstica sino que también evitaremos el desperdicio innecesario de alimentos y, además, reduciremos el riesgo de intoxicación alimentaria.

Un problema que, según datos de un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a una de cada diez personas en todo el mundo que enferman cada año tras ingerir alimentos contaminados. Una de las razones más habituales es el mal estado de los alimentos fruto de una mala y excesiva conservación. Y es que, de acuerdo con el mismo informe, más de 200 enfermedades están provocadas por consumir alimentos contaminados con bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas como metales pesados. Y gran parte de ello se debe a un almacenamiento inadecuado.

Qué alimentos duran más y cuáles son más perecederos

Conservar los alimentos en casa no es difícil siempre y cuando tengamos en cuenta algunas premisas fundamentales y nos olvidemos de que algunos son más vulnerables al deterioro que otros. Los de mayor riesgo son los pescados, lácteos, cárnicos u ovoproductos por su alto contenido de nutrientes; los de riesgo medio son las frutas, legumbres, hortalizas, tubérculos, jaleas o productos de panadería.

En cambio, en el otro lado de la balanza, encontramos los de riesgo bajo como los cereales y sus derivados por su baja actividad de agua, el café, las grasas y aceites o el azúcar.

Cómo y dónde almacenar los alimentos para que duren más

Al hablar de conservación de alimentos debemos tener en cuenta varios parámetros, entre los que destacan el binomio tiempo-temperatura. El tiempo fija la presencia de patógenos ya que, cuanto más tiempo esté un alimento a temperatura ambiente, más rápido se deteriora. La temperatura multiplica o retrasa la contaminación y proliferación de patógenos.

El truco consiste en comprender cómo reaccionan los distintos alimentos a la luz y la temperatura y almacenarlos bien. En la despensa, las condiciones de almacenamiento deben ser secas, frescas y oscuras a temperaturas no superiores a los 20ºC –si son superiores se acelera el deterioro de los alimentos–. Debemos tener en cuenta que los productos que se conservan mejor a temperatura ambiente necesitan circulación de aire, de ahí que las bolsas de plástico no sean la mejor opción.

¿Qué alimentos podemos poner en la nevera? Cerezas, uvas o melón, por ejemplo. Algunas frutas como los albaricoques, las nectarinas, los melocotones y las peras debemos dejarlas madurar en la encimera y después refrigerarlas, pero no más de cinco días. Los espárragos, pimientos, brócoli, coles de Bruselas, apio, pepinos y rábanos también deben ir a la nevera, que se mantendrán en buen estado de tres a cinco días.

Al contrario que los alimentos de la despensa, la mayoría de los productos refrigerados se mantendrán más tiempo si están bien sellados, lo que permite que retengan más humedad y, además, evita que se deshidraten.

Pero hay algunos alimentos con ciertas particularidades que no podemos pasar por alto:

  • Guardar patatas y cebollas por separado: aunque a menudo solemos ponerlas juntas, lo más recomendable es separarlas. El motivo lo encontramos en el gas etileno, que hace que se echen a perder entre sí. Para evitarlo, podemos guardarlas en rejillas o bolsas de papel distintas y separadas en un lugar oscuro y fresco. Si guardamos las patatas en la nevera empezarán a convertir el almidón en azúcar y se deteriorarán más rápido.
  • Los plátanos es mejor guardarlos apartados: igual que las patatas y las cebollas, los plátanos también desprenden más etileno que otros alimentos, por tanto, cualquier fruta que podamos poner al lado de plátanos se estropeará más rápido.
  • Guardar los ajos fuera de la nevera: aunque solemos pensar que el frío siempre es un gran aliado de la conservación de los alimentos, no todos lo toleran bien. Es el caso del ajo que, a temperaturas de refrigeración, brota y desarrolla moho. Como la cebolla y las patatas, debemos guardarlos en un lugar seco y oscuro y, una vez separado del bulbo y pelados los dientes, no se mantendrán en buen estado más de una semana.
  • El azúcar lo pondremos en un recipiente hermético: si es blanco puede volverse grumos y duro cuando se expone demasiado tiempo al aire y a la humedad. Lo mismo ocurre con la harina, que es mejor no dejarla en la bolsa con la que la hemos comprado porque esto acortará su vida útil. Lo mejor es que la dejemos en un recipiente hermético de vidrio o plástico, donde conservará su humedad natural. Solo debemos prestar atención a que el envase esté seco antes de echar la harina o el azúcar.
  • No lavar la fruta y los vegetales antes de ponerlos en la nevera: si los lavamos, el exceso de humedad hará que se echen a perder antes. Es importante mantener los alimentos frescos en recipientes herméticos, como un bote de vidrio, que permitirá que el producto retenga su humedad natural, previniendo así la deshidratación. Los cajones de la nevera realizan una función similar; los podemos forrar con papel de cocina para que absorba la condensación que generan las verduras cuando se enfrían. Debemos tener en cuenta que el exceso de humedad puede hacer que los alimentos frescos se marchiten mucho más rápido.
  • Los tomates, fuera de la nevera: este alimento, a temperaturas de refrigeración, aguanta poco el frío y se vuelve harinoso, lo que conseguimos en realidad es matar su sabor. Podemos dejarlos en la encimera para que maduren a su máximo potencial.
  • Envolver las hierbas frescas como si fueran un ramo: algunas hierbas como el perejil las podemos guardar en manojo en un vaso de agua, donde aguantarán unos días.
  • Los champiñones, en bolsa de papel: la humedad es una sentencia de muerte para los hongos, por lo que si los dejamos en una bolsa de plástico los echará a perder en poco tiempo. La bolsa de papel, en cambio, permite mantenerlos limpios y secos.
  • ¿Qué hacemos con el trozo de queso que nos ha quedado sin comer? Las condiciones más propicias para conservar el queso las cumple la nevera, aunque el frío seco puede hacer que aumente la desecación. Para evitarlo, lo mejor es envolverlo con un paño humedecido, que evitará que se seque, se agriete y pierda el sabor. Cuanto más pequeño sea el trozo, más humedad necesita.
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