“Hay que llevar el equipo adaptado a la época del año”: los imprescindibles para tu mochila cuando vayas a la montaña
Sale el sol, los árboles reverdecen y aparecen las primeras flores. Los días son más largos y no apetece quedarse el fin de semana en la ciudad. En primavera, miles de personas desempolvan sus botas y sus mochilas, y salen de excursión a la montaña con la sana intención de hacer rutas y respirar aire puro.
Las ganas, a veces, pueden más que la experiencia en la montaña, y lo que debería ser un día de disfrute puede terminar en una situación comprometida. Por eso, antes de lanzarse a la conquista de las cumbres, hay que prepararse, y también preparar el equipo para no tener sustos.
“Dejas el coche y echas a andar hacia la cafetería de la estación de esquí, y de repente te encuentras en una zona de nieve dura, te resbalas y te golpeas con un árbol”, pone como ejemplo Emilio López Higuera, director de la Escuela Madrileña de Alta Montaña. “Es así de tonto, pero todos los años hay víctimas por eso”, advierte.
Los riesgos de la montaña en primavera
Uno de los grandes peligros de la primavera es que engaña. El sol puede lucir esplendoroso al salir de casa, pero a medida que ganamos altitud, el panorama cambia. En cuestión de minutos, un día radiante puede traer una tormenta de granizo, viento helado o una niebla cerrada que nos hace perdernos.
A esto se suman los restos del invierno. Dependiendo de la localización, pueden encontrarse todavía neveros y placas de hielo en zonas de umbría o a partir de cierta altitud, un peligro que provoca resbalones y deslizamientos que pueden terminar en un accidente grave.
“Hay que llevar el equipo adaptado a la época del año”, dice López. “Si vas a ir a terreno nevado, lleva crampones siempre, aunque pienses que no te van a hacer falta. Y si no quieres hacer una actividad de montaña, no te alejes del sendero ni te adentres por caminos donde haya nieve”, añade.
La vida también despierta en primavera, y aumenta el riesgo de picaduras de garrapatas portadoras de enfermedades, o el contacto con orugas procesionarias, especialmente peligrosas para niños y animales. A pesar de estos peligros objetivos, las estadísticas de la Guardia Civil indican que la mayoría de los accidentes en montaña se deben a errores de las propias víctimas. Las principales causas de intervención y rescate están relacionadas con el senderismo, siendo los tropiezos y caídas, y los problemas en la toma de decisiones, los causantes más comunes.
También influye la inexperiencia de los montañeros. Se habla a menudo del “efecto Decathlon” para describir la facilidad con la que alguien sin ninguna experiencia puede adquirir material técnico y lanzarse al monte, sin pasar el aprendizaje que solo trae la práctica. En el mismo informe, se calcula que sobreestimar las propias posibilidades está presente en el 68% de los accidentes, seguido de una mala planificación y falta de atención, y teniendo en cuenta que la mayoría de los accidentes tienen lugar incluso en condiciones meteorológicas no adversas.
Cómo prepararse para la montaña
El primer paso, y quizás el más importante para una salida segura a la montaña, comienza en casa, mucho antes de pisar el sendero. Esto implica estudiar la ruta con mapas o aplicaciones especializadas, no solo fijándonos en la distancia, sino también en el desnivel, la naturaleza del terreno y el tiempo estimado. Informar a alguien de confianza de nuestro itinerario refuerza aún más la seguridad en caso de emergencia.
“Consulta el parte del tiempo, el boletín de aludes, la temperatura y la probabilidad de tormentas”, aconseja López. “Planifica bien los accesos si vas en coche, y después la ruta que vayas a realizar”, añade. Siempre que sea posible, hay que evitar ir solo a la montaña. El mínimo recomendado por la Guardia Civil son tres personas: ante un accidente, mientras uno se queda atendiendo al herido, el otro puede salir a buscar ayuda sin dejar solo al afectado. A esto se añade salir con gente de confianza, con un nivel de forma similar, y respetar los ritmos sin dejar nadie atrás.
Lo que no puede faltar en la mochila
El contenido de nuestra mochila no puede limitarse a un bocadillo y una botella de refresco. También tiene que ser un salvavidas con recursos que nos permitan salir de un aprieto, por muy lejano que nos parezca el riesgo. “En la mochila hay que llevar equipo de comunicación, orientación y seguridad”, resume López.
¿Cuáles son entonces los contenidos imprescindibles de la mochila para salir a la montaña? Según López, estos son los que no pueden faltar:
- Orientación: “el material de orientación puede ser tu teléfono, pero llevar un mapa y una brújula siempre te va a ayudar, especialmente si el teléfono se queda sin batería o se te cae y se rompe”, explica López. Un buen mapa topográfico y una brújula a la antigua usanza (y saber usarlos) serán también nuestra salvación si no hay cobertura.
- Comunicación: el teléfono móvil también es nuestro principal aliado en caso de emergencia, pero hay que tener en cuenta que el frío afecta a la duración de la batería. “No lo lleves en el bolsillo de la chaqueta, y ponlo en modo avión o lleva una batería externa”, recomienda López.
- Protección solar: gafas de sol, especialmente al principio de la primavera cuando la nieve puede reflejar el sol con intensidad, crema solar de alta protección para piel y labios y un sombrero.
- Alimentación e hidratación: llevar agua suficiente, un mínimo de dos litros o más si hace calor, y alimentos energéticos y ligeros, como frutos secos, barritas, fruta deshidratada o chocolate. “A veces la gente se acaba perdiendo y pasando la noche”, advierte López, lo que aconseja llevar siempre algo extra de comida y bebida.
- Aislamiento térmico: debajo, una capa transpirable que aleje el sudor, una capa intermedia de forro polar o similar que conserve el calor, y una capa externa impermeable y cortavientos. Pero cuando hace bien tiempo, hay quien se confía y sale en camiseta. “Hay que llevar en el fondo del saco una manta térmica de supervivencia”, recomienda López, algo que nos puede salvar de la hipotermia si nos perdemos de noche.
- Iluminación: una linterna frontal con pilas de repuesto es fundamental, sobre todo porque pueden caer la noche antes de lo esperado, y no se puede confiar en la linterna del móvil.
- Primeros auxilios: un pequeño botiquín que incluya vendas, gasas, esparadrapo, antiséptico, analgésicos, tijeras, pinzas y, muy importante, apósitos para ampollas, que son una de las principales causas de sufrimiento en una ruta. “Lo necesario para curar heridas y hacer vendajes sencillos, además de las medicinas que necesite cada persona”, resume López.
El sentido común y la experiencia son las mejores guías a la hora de hacer la mochila antes de salir a la montaña. No olvidemos tampoco llevar dinero en efectivo y la identificación personal, algo que nos sacará de muchos aprietos.
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