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La pérdida del olfato: una señal que puede ayudar a prevenir enfermedades neurodegenerativas en el envejecimiento

Perder el sentido del olfato con la edad puede ser un aviso del desarrollo de otras enfermedades neurológicas

Darío Pescador

17 de junio de 2026 23:14 h

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Más de un millón de personas en España conviven con alguna enfermedad neurodegenerativa, según la Alianza Española de Enfermedades Neurodegenerativas. El Alzheimer, con alrededor de 800.000 diagnósticos, y el Parkinson, con entre 150.000 y 300.000 afectados, son las más frecuentes, y se prevé que la población global con demencia prácticamente se triplique en 2050.

Son enfermedades que avanzan de forma silenciosa durante años antes de que aparezcan los síntomas que llevan a la consulta. En los últimos años, varias investigaciones científicas han identificado una señal que puede aparecer mucho antes: la pérdida del olfato.

Los sentidos que perdemos antes de saber que los perdemos

Una persona mayor que sufre de temblores puede ir a la consulta para saber si padece la enfermedad de Parkinson, o comprobar si tiene un diagnóstico de demencia cuando los olvidos cotidianos se vuelven más frecuentes. Pero mucho antes, esos pacientes han podido experimentar una pérdida o alteración del olfato.

“Lo más llamativo es que muchas veces la alteración olfativa es el síntoma más precoz. Estos pacientes, años antes de desarrollar síntomas de Parkinson o Alzheimer, ya desarrollan la alteración olfativa”, dice la doctora Natalia Barbero, jefa de equipo territorial de Neurología de HM Hospitales.

La pérdida del olfato puede ser cuantitativa (todo tiene menos olor) o cualitativa, y esta segunda forma es especialmente interesante desde el punto de vista diagnóstico. “Hay pacientes que no tienen una hiposmia [término técnico para la pérdida del olfato], sino una dificultad para reconocer olores: huelen, tienen la percepción del olfato, pero no saben reconocer a qué huelen”, explica la doctora Barbero.

“Por ejemplo, perciben el olor del café, pero no saben asociar ese olor al café”. Esta incapacidad de identificar olores que sí se perciben puede ser una de las señales más precoces de alteración en los circuitos nerviosos que conectan el bulbo olfatorio con el sistema límbico y el córtex prefrontal.

El vínculo del olfato con el Parkinson es el mejor documentado. El profesor Rafael Franco del CIBERNED en la Universidad de Barcelona es coautor de una revisión sistemática reciente sobre estas señales neurológicas, que confirma que la alteración del olfato precede en años a los síntomas motores del Parkinson, como los temblores. El mecanismo neuroquímico es bastante conocido: la alfa-sinucleína, una proteína que se pliega de forma anómala en el Parkinson y se deposita primero en el bulbo olfatorio del cerebro antes de extenderse por otras regiones cerebrales.

Por qué las neuronas olfativas son únicas

El sistema olfativo tiene propiedades que no comparte ninguna otra parte del sistema nervioso, y que lo convierten en objeto de estudio especial para la neurología. “Son neuronas expuestas al exterior: sus dendritas llegan hasta la superficie de la mucosa nasal. Son neuronas del sistema nervioso que miran directamente al ambiente exterior”, explica el profesor Franco.

Esa exposición al mundo tiene una explicación en la evolución de nuestra especie y de otros mamíferos. “Otra característica muy importante es que son neuronas que se regeneran durante la vida adulta”, señala Franco. “La regeneración es a partir de células madre del epitelio olfativo. Esto tiene sentido porque están en una zona expuesta a virus, tóxicos, inflamación y daño mecánico”.

Que las neuronas olfativas sean capaces de regenerarse es algo excepcional: la mayor parte de las neuronas del sistema nervioso central adulto no se reemplazan cuando mueren. Esta capacidad abre posibilidades para el campo de la neurología. ¿Qué tienen estas neuronas que otras no tienen? ¿Se puede aprender de ellas para regenerar circuitos dañados por la enfermedad?

Franco subraya además que los receptores olfativos no están solo en la nariz: “Los receptores olfativos, que están en neuronas del sistema olfativo, están también en otras partes del cuerpo humano: en riñón, próstata o intestino, entre otros. Se supone que estos receptores en esos órganos reconocen moléculas distintas a las que producen olor”.

No se conoce todavía con exactitud qué hacen esos receptores en órganos que no son la nariz, pero el que estén presentes indica que el sistema olfativo tiene funciones más amplias de lo que se creía, y pueden tener que ver con cómo se reconocen las células del organismo entre sí.

El olfato como herramienta de diagnóstico precoz

Si la pérdida del olfato puede preceder al Parkinson, la pregunta es si puede usarse como herramienta de diagnóstico temprano, pero la doctora Barbero pide cautela: “Hay que ser muy prudente, porque la pérdida del olfato es un síntoma muy inespecífico. Puede aparecer por el envejecimiento normal, por una infección respiratoria, sinusitis, tabaquismo, o por el COVID. No todos los pacientes que desarrollan una alteración del olfato van a desarrollar enfermedades degenerativas”.

La investigación trabaja precisamente en encontrar marcadores adicionales que, combinados con la alteración del olfato, permitan identificar qué personas están en riesgo real. Franco cita un metaanálisis reciente que confirma la relación entre alteración olfativa y el diagnóstico temprano de Parkinson, pero reconoce que el camino hacia un test de cribado fiable todavía es largo.

Sin embargo, el olfato, y no la pérdida de él, puede ayudar. Joy Milne, una enfermera escocesa con hiperosmia (un olfato excepcionalmente bueno) fue capaz de detectar el olor característico del Parkinson en su marido años antes del diagnóstico.

“Si el Parkinson tiene olor, hay que identificar la molécula que huele a Parkinson”, señala Franco. “Y los que huelen mejor que los humanos son los perros”. En efecto, un estudio reciente ha mostrado que los perros entrenados pueden detectar el olor del Parkinson, lo que podría abrir una vía completamente nueva para el diagnóstico precoz.

El posible riesgo neurológico de la perdida de olfato

La pérdida del olfato fue uno de los síntomas más frecuentes del COVID-19, y durante la pandemia surgió la pregunta de si podría tener consecuencias neurológicas a largo plazo. Según el profesor Franco, “hay mucha controversia, pero no parece que haya un pico de enfermedades neurodegenerativas post-COVID. Yo no creo que el COVID produzca alteraciones permanentes serias a nivel neurológico en la mayoría de los casos”.

La doctora Barbero añade un matiz interesante: la capacidad de regeneración de las neuronas olfativas hace que la recuperación del olfato tras el COVID sea posible en muchos pacientes, aunque no en todos. Lo que el COVID ha puesto sobre la mesa, de forma involuntaria, es el interés por la regeneración neuronal olfativa como modelo para entender cómo el sistema nervioso podría repararse a sí mismo en otros contextos.

Con la evidencia actual, no se puede usar la pérdida de olfato por sí sola en un test diagnóstico de enfermedades neurológicas, pero sí es algo que hay que tomarse en serio, especialmente en personas mayores.

“El sistema olfatorio tiene conexiones directas con zonas cerebrales implicadas tanto en la memoria como en la emoción y en el movimiento”, explica la doctora Barbero. “Es un síntoma que hay que analizar con cautela”. La especialista recomienda y ponerlo en conocimiento del médico, especialmente si se acompaña de otros cambios en el estado de ánimo, fatiga, alteraciones del sueño o rigidez muscular.

Más allá de la pérdida del sentido del olfato, la prevención de las enfermedades neurodegenerativas depende de los mismos factores que protegen la salud en general: ejercicio físico regular, control de la dieta, la presión arterial, el colesterol y la glucemia, además de la estimulación cognitiva, como leer, aprender idiomas, o mantener relaciones sociales activas.

La pérdida del olfato no es como la pérdida de audición, ya que esta produce un aislamiento social que priva al cerebro de estimulación, acelerando el deterioro cognitivo. La pérdida del olfato, más como un trastorno que tratar como prevención, tiene valor como señal de alarma y para agendar una visita con el especialista.

Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.

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