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Opinión - 'Un nuevo agosto rojo', por Rosa María Artal

Las dos columnas de Hércules

El rey de Marruecos, Mohamed VI.  EFE/MAP
31 de julio de 2026 23:31 h

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Las dos columnas de Hércules son algo más que un mito griego. Son la clave de la distribución de la energía en Europa a través del Mediterráneo y España podría perder la única que le queda. Sí, Ceuta, en cuyo monte Hacho se erigiría la columna que levantó Hércules en la orilla sur, paralela a la de la orilla norte, en Gibraltar, sobre el monte Calpe. La segunda ya se perdió en 1713 con el Tratado de Utrecht para pasar a manos de la Corona Británica, como bien nos han recordado desde Bruselas con la reciente firma del Tratado con el Gobierno del peñón.

La foto fija está ahora en las dos ciudades españolas en el continente africano, la frontera más meridional de la Unión Europea (UE). La avalancha de ciudadanos marroquíes entrando en Ceuta por tierra y mar de forma irregular en un breve espacio de tiempo, casi al unísono y con la connivencia de las autoridades policiales de Marruecos en la frontera, es un aviso a navegantes: “Entramos cuando queremos”.

Bien es cierto que la última “invasión” viene precedida por la Fiesta del Trono y el indulto de 1.700 presos marroquíes, que suelen tener el paso fácil por la frontera, como todos los veranos. También ayuda al enojo del Rey Mohamed VI por la reciente visita a Argelia del presidente español, Pedro Sánchez.

Que Ceuta pase a manos de la Corona marroquí no es un escenario imposible. Más se perdió en Cuba, perdón, en el Sáhara. También. Pero lo que aquí está en juego es el paso de los buques, mercantes o no, cargados con gas y petróleo por el Estrecho de Gibraltar. ¿Les suena lo del Estrecho de Ormuz? Sí, también éste estuvo otrora en manos españolas. Y también fue utilizado como aduana, con permiso de paso previo pago.

La jugada sería perfecta. ¿Para España? ¿Para Marruecos? No. Para Estados Unidos e Israel, que pretenden gobernar sobre los pasos de mercancías críticas a uno y otro lado del mundo. Y, sobre todo, para controlar el paso y distribución de los recursos energéticos: barcos cargados de gas natural licuado, petróleo e incluso la construcciones gasoductos y oleoductos. En este caso, de la mano de Marruecos, su guardián en el Mediterráneo, como Cerbero guardando las puertas del inframundo. Ya lo vienen anunciando claramente desde la primavera. Un informe interno del Congreso estadounidense hacía mención de Ceuta y Melilla como ciudades en territorio de Marruecos, bajo administración española, y animaba al secretario de Estado, Marco Rubio, a mediar.

La jugada viene de atrás, cuando Donald Trump, en su último día de despedida de su primer mandato, enero de 2020, le hacía firmar al monarca alahuita los acuerdos de Abraham con Israel. Nuestro vecino del sur ha sido paciente y ha esperado al siguiente mandato del presidente estadounidense para cobrarse la pieza. Aunque ya tuvo un buen mordisco con la Administración Biden en enero de 2022 con la inusitada y nunca justificada renuncia unilateral del Sáhara Occidental por parte del Gobierno español.

Lo de Ceuta será más sangriento. Y no sólo porque dejamos el control de la entrada al Mediterráneo al imperio anglosajón: el Reino Unido y Estados Unidos, con Marruecos como intermediario en un intercambio de cromos. Sí, los cromos son Ceuta y Melilla. Porque, ¿qué pasaría si España le planta cara en la cuestión migratoria a Marruecos? Ya está allí el ejército.

¿Va a dar un paso adelante la Unión Europea para defender su frontera sur? O, mejor, ¿lo va a dar la OTAN? Y aquí aparece la carta marcada de Estados Unidos, cuando obligó a España a entrar en la OTAN -como paso previo a su entrada en la UE- pero sin incluir Ceuta y Melilla. Ambas ciudades quedarán expeditas y a merced de un conflicto en el que ninguno de nuestros aliados estará obligado por el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte a ir en nuestra ayuda. Ya pasó con la invasión de la isla de Perejil en el año 2002, pero allí nos jugábamos dos cabras, y no precisamente de la Legión.

Si nos salimos de nuestro mar, veremos cómo el recorrido de la Administración Trump por los mares de Dios tiene su lógica geopolítica. Comenzó fuerte con el Canal de Panamá, de donde echó a los chinos. ¡Vaya, otro paso geoestratégico! Bueno, en realidad lo que hicieron fue expulsar a varias empresas chinas que controlaban cuatro puertos. En este momento, los buques estadounidenses no pagan peaje por cruzar, al parecer.

Fue el primero en caer. Luego lo intentó con el Canal de Suez, bajo control egipcio. Aunque los hutíes del Yemen se lo han puesto difícil en más de una ocasión, a Trump y a Biden. Y en Ormuz, aún lo tiene peor, donde los bombardeos se extienden hacia otros países de la región. Irán no se rinde. La entrada Oeste al Mediterráneo la tiene más fácil. Con su lacayo, el Reino Unido, controlando el peñón de Gibraltar, sólo le queda la plaza española al otro lado. Recordemos que Tánger ya es el puerto más importante para la entrada de mercancías hacia el Mediterráneo occidental, desbancando a Algeciras y Valencia juntos desde 2024.

De momento, España se apoya en Ceuta y Algeciras para controlar el paso por el Estrecho de Gibraltar desde ambas orillas. Pero, si perdiera su plaza en el sur, las columnas que Hércules levantó separando las montañas para abrirse paso hacia la isla de Eritía se desmoronarían en la frontera meridional de la Unión Europea, mientras Trump culmina su décimo trabajo “Non terrae plus ultra”.

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