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El 'boom' de las librerías en pandemia: abren más de 20 locales en menos de un año

La librería Finestres, en Barcelona, abrió una semana antes del Día del Libro

Peio H. Riaño


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Ha pasado más de siglo y medio desde que lo escribiera Charles Dickens y sigue funcionando para explicar las paradojas que afloran con las crisis: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y también de la locura”. El arranque de Historias de dos ciudades (1859) sirve para tratar de entender cómo la desescalada de la pandemia de la COVID-19 se ha convertido en el mejor de los momentos para abrir una librería. ¿Cuáles son los motivos para inaugurar estos comercios en plena crisis económica?

Los datos

La crisis económica no ha provocado un cierre masivo de negocios dedicados a la venta de libros. En Catalunya, según los datos del Gremi de Llibreters de Catalunya, hubo más cierres de librerías en 2019 que en 2020. Seis bajas el año anterior a la pandemia -cinco por jubilación- y una solo en el año de la crisis sanitaria (El Cid, en Tortosa, también por jubilación). En Madrid fue más duro: cuatro cierres el año pasado. Pero abrieron otras cuatro. Y en los cinco primeros meses de 2021, ya han abierto en la capital cinco nuevos locales. Hay anunciados otras dos nuevas aperturas de aquí a finales de mayo (Mary Read y La Mistral). De momento, solo una ha cerrado en el año de la vacunación. 2017 tiene el récord de aperturas en Madrid, con siete nuevas (y cuatro cierres); y 2015 el año más crudo, cuando desaparecieron 12 librerías. En Catalunya, los datos de aperturas son abrumadores: en 2020 inauguraron 15 y hay otras cuatro nuevas en la primera mitad de 2021. En el resto de España no se vive un cambio tan significativo. “Es un fenómeno que se está localizando en las grandes ciudades”, explica sorprendido el portavoz de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (Cegal), Álvaro Manso, que añade que es un sector cultural que, a pesar de todo, ha tenido un buen rendimiento económico en 2020.

Las cifras

La Federación de Cámaras del Libro (FEDECALI) estimó en marzo unas pérdidas económicas que superarían los 1.000 millones de euros. Contaban con un impacto mortal en los meses de marzo y abril, “y una lenta recuperación hasta verano”. El resultado no lo esperaban: creían que la caída de la facturación superaría el 22% y se quedó en un 4%. Además, el nuevo año de la normalidad ha empezado rompiendo las previsiones: Cegal indicó hace unas semanas que el primer trimestre se ha cerrado con 87 millones de euros (en 2019 fueron 85 millones y en 2020, 78 millones), y todavía no habían sumado los rendimientos extraordinarios del Día del Libro en todo el país. 

Los alquileres

María Fernández Rodríguez acaba de abrir Crazy Mary en el barrio de Las Letras de Madrid, una librería con espacio para trabajar y leer, además de comprar. El cierre de negocios libró locales con rentas asequibles. “Había muchos disponibles y los alquileres eran negociables. He conseguido rebajar el mío un 40%. La propiedad ha preferido la calidad del negocio a la rentabilidad. Además, es un contrato cerrado para los próximos cuatro años”, cuenta María. El negocio está en la calle de Echegaray, 32, y abrió unos días antes del 23 de abril. “No paro. Veo un cambio de consumo cultural: la gente joven ha descubierto la lectura y hay una oportunidad de reencontrarnos en otros sitios que no sean los bares”, añade la librera. “El fenómeno en Madrid está localizado en el centro, gracias a la bajada de los alquileres, pero en los barrios también están abriendo nuevas. El comercio en las librerías está creciendo y son espacios de tejido cultural muy importante para los barrios”, indica Pablo Bonet, secretario del Gremio de Librerías de Madrid. 

La ilusión

Àurea Perelló es la directora de la librería Finestres, en Barcelona, que abrió una semana antes del pasado Día del Libro. “El centro de la ciudad está muy triste. Han desaparecido muchos negocios y los vecinos necesitan cosas bonitas y positivas, aunque suene cursi. En estos momentos el centro es un lugar poco amable y la librería que hemos abierto es amable e ilusiona, un lugar de silencio para leer y comprar libros. Necesitábamos que pasaran cosas agradables”, reconoce Perelló. Esa es una de las razones por las que considera que es un buen momento para abrir una librería. La ilusión. Para el proyecto de Finestres -con más de 40.000 ejemplares de fondo- la pandemia ha sido una casualidad, porque lo tenían todo planificado desde hace años, y el local es propiedad del impulsor, el empresario farmacéutico Sergi Ferrer-Salat. El próximo septiembre abrirán otro local destinado a los libros de arte.

El encuentro

Según una encuesta de Conecta Research & Consulting, la lectura se multiplicó en el confinamiento: frente a los 47 minutos de media en la antigua normalidad, durante el encierro se dedicaron 71 minutos diarios. “Quedó demostrado felizmente que en pandemia lo que más se consumió fue comida y libros”, dice Andrea Stefanoni, que abrirá a finales de agosto en Madrid, La Mistral. Stefanoni ha dejado Buenos Aires y la dirección del Ateneo Grand Splendid -librería reconocida como la más bonita del mundo- para abrir este local dedicado a la poesía y a la ficción cerca de la Puerta del Sol. Cree que es un buen momento porque, a pesar de los protocolos sanitarios, se necesita el encuentro con los lectores. “No hay nada más emocionante que emprender un proyecto en medio del desastre, sentir, de alguna manera, que nos esforzamos por salvar algo, o más bien, por conservar. Renuncié a la inmensa belleza de una librería a la que le debo todo, para hoy, compartir con voluntad y pasión aquello que aprendí en esos años, pero en Madrid, una ciudad a la que no le falta nada, aunque puedo defenderme diciendo que los libros son la única cosa de la que se puede decir, sin exagerar, que nunca son suficientes”, cuenta la también autora de La abuela civil española (Seix Barral).

La remontada

“Después de diez años de crisis financiera había ganas. Llevábamos unos años de mejora y la pandemia aplazó un poco las aperturas que se habían programado para 2020. Este 'boom' repentino no era lo habitual. Pero también es normal que ocurra este florecimiento, porque con la crisis anterior se cerraron muchísimas, aunque desde entonces no habíamos visto abrir tantas como tras la salida del confinamiento”, explica Marià Marín i Torné, secretario del Gremi de Llibreters de Catalunya. Coincide con la presidenta del Gremio de Librerías de Castilla y León, Pilar Pérez Canales, librera en Burgos que reconoce que desde la reapertura de las librerías, “la avalancha de ventas no ha pasado”. Es un buen momento. En 2019 cuenta que estaban “de bajón” con Amazon, pero han visto cómo la ciudadanía ha tomado conciencia y está apoyando el negocio de proximidad frente al comercio online. Castilla y León no atraviesa ese 'boom' de librerías, pero sí explica que han notado un claro repunte de lectores. A pesar de ello, Pilar recomienda: “Si tuviera que abrir una librería ahora, yo esperaría a que todos recuperásemos nuestro trabajo”.

Las ganas 

En Bilbao también han crecido las ventas. Mucho. Javier Cámara es librero y explica que en las librerías del País Vasco se han disparado las ventas desde la salida del confinamiento y reapertura, en junio pasado. “El libro no ha sufrido tanto como otros sectores culturales y no conozco a ningún librero que no esté muy contento con el momento. Tanto confinamiento y tanto toque de queda generaron más actividades en casa y menos bares”, asegura. Cámara indica que el libro ya venía “tocado” de años atrás, pero “no machacado”. “En la pandemia se ha repensado el modelo del consumo cultural y las librerías hemos salido ganando, porque son un lugar de resistencia y de cuidados”, dice Javier Cámara. Coincide con Mariana Sarrias, directora de la librería Byron, que abrió en Barcelona en noviembre, que señala lo contradictorio del momento: las medidas sanitarias han provocado más tiempo para leer. La idea de lugar de cuidado también es importante para esa librera, que ha creado su negocio como un espacio para que el barrio lo perciba como algo necesario.  

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