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Cerveza en una ermita del siglo XVIII para reactivar un pueblo de 12 habitantes

Interior de la ermita de San Roque, donde se realizan los primeros trabajos de restauración

Cuando los 12 habitantes de Valdelagua del Cerro cumplieron el rito de las doce uvas en la medianoche del pasado 31 de diciembre, a la mayoría se les debió de colar entre sus deseos para el nuevo año ver en pie la nueva fábrica de cerveza con la que el municipio soriano pretende desafiar al drama de la despoblación. Como todos los retos en Valdelagua son mayúsculos, pero los números son mínimos, el llamativo proyecto aspira a crear en 2022… un empleo. Sí, un solo empleo, pero revolucionario. Teniendo en cuenta que el Ayuntamiento tiene en nómina únicamente a una trabajadora —la secretaria, que acude cuatro horas a la semana—, el futuro empleado multiplicaría por ocho los actuales registros. 

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Más allá de la chanza que permiten los números, el verdadero protagonista del proyecto radica en el lugar elegido para lanzar la fábrica: una ermita del siglo XVIII. Cuando el alcalde Ruymán Domínguez era solo un niño asistió a las últimas fiestas en el templo. La tradición anual del traslado desde la iglesia de las imágenes de san Roque y san Sebastián y la rifa de rosquillas que hoy recuerda con dificultad se perdió allá, en los años ochenta. Desde entonces, el edificio —un pequeño inmueble de una sola nave y cabecera recta— no ha parado de mostrar síntomas de agotamiento. El regidor, empeñado en que la ermita no acabe viniéndose abajo, ha logrado convencer al propietario, la diócesis de Osma-Soria, de que le cedan el inmueble, ya desacralizado, con el objetivo de producir cerveza artesanal.

Aunque este propósito no era el inicial. “Cuando llegué al Ayuntamiento hace diez años, la idea era crear un salón social o lo que fuera, con tal de no perder nuestro patrimonio”, rememora Domínguez. Tras seis años de negociaciones con la Iglesia, Valdelagua logró, y hasta superó, su objetivo. “Inicialmente pedíamos una cesión de 90 años y nos han concedido 99”, precisa el alcalde. La operación contrasta con la todavía poco escuchada propuesta de otros colectivos, como “Románico sin techo”, de dar un uso alternativo a los templos en ruinas, previa consolidación, para que no desaparezcan. En Valdelagua, mientras tanto, primera meta alcanzada, pero nada conseguido: la ermita de San Roque aguarda nuevos logros en un extremo del pueblo.

¿Por qué cerveza?

En paralelo al proceso de cesión, el propio alcalde maduraba junto a otras personas la idea de abrir una fábrica de cerveza artesanal. Un proyecto interesante en un sector que no para de crecer: el número de productores se ha multiplicado por diez en la última década, hasta las más de 500 fábricas actuales en España. “Era un proyecto personal, pero, pensando en el pueblo, en la despoblación y en la falta de empleo, decidimos que era una buena opción que lo liderara el Ayuntamiento y que se desarrollase en la ermita, en lugar de una nave de nueva construcción”, argumenta Ruymán Domínguez. Porque, desafortunadamente, Valdelagua del Cerro es uno de esos pueblos paradigmáticos de la España vacía. “Nos hace gracia que se hable de los problemas de municipios de 3.500 habitantes; aquí tenemos censados 18 vecinos y solo 12 residen habitualmente”, ironiza el alcalde.

Así que la fórmula elegida sería la creación de una sociedad limitada, con un capital inicial de 120.000 euros que se está recaudando entre vecinos y no vecinos. Relatan los responsables que los accionistas, que deben aportar 200 euros por cada participación, están llegando desde el pueblo y la provincia de Soria, pero también desde fuera. El caso más llamativo, el de vecinos de Barcelona sin ningún tipo de vinculación con Valdelagua del Cerro, que han decidido arriesgar su dinero únicamente por empatía con el proyecto.

“Ganamos sí o sí”

Como el objetivo prioritario es salvar la ermita de San Roque, incluso aunque la fábrica no siguiera adelante, en Valdelagua del Cerro creen que habrá merecido la pena. Una apuesta por el caballo ganador, entre el “sí” y el “sí”. “Si el proyecto sale bien, el espacio se quedará pequeño. Si sale mal, habremos ganado el patrimonio”, argumenta el regidor. En el primer caso, el del éxito de la nueva empresa, el Ayuntamiento se ha reservado el control de la firma, con el 21% de las acciones que ningún inversor podrá superar. No quieren en el municipio que la idea fructifique y que un día abandone el corazón de la España del interior donde ha sido concebida. Y en cuanto a la creación de empleo, Ruymán Domínguez prefiere la cautela. La sociedad echará a andar con un trabajador —mínimo requerido— y el futuro dirá si la producción de cerveza artesanal en un pueblo de 12 habitantes merece crecer, consolidarse y sumar trabajadores. 

Asimismo, dentro del panorama de prosperidad del sector —que genera en el país más de 3.000 empleos directos—, Valdelagua del Cerro quiere erigirse en la única fábrica de cerveza artesanal cuya producción se realice al 100% en la localidad. Es decir, que todo, salvo la levadura, será “made in Valdelagua”. De hecho, ya se han practicado ensayos para el cultivo de la cebada y en el pueblo son optimistas a la hora de importar con éxito la producción de lúpulo, dado que “tenemos unas condiciones climatológicas y de altitud parecidas a la zona de León en la que se cultiva el mejor lúpulo del mundo”, explican. Se refieren a la ribera del río Órbigo en la provincia leonesa, en la que se cosecha casi todo el lúpulo español, con 250 explotaciones agrícolas y casi mil toneladas anuales de una planta esencial en la elaboración de la cerveza. 

Y llegados a este punto, lo demás será cuestión de marketing. Se equivocarían en el municipio soriano —y son conscientes de ello— si no reflejaran en las etiquetas de los botellines la esencia de esta historia. Quizá ya tengan en mente lanzar al mercado una cerveza que se llame “España vacía”, “Soria despoblada” o “12 habitantes”. Hasta la fecha, el pueblo ha dado sobradas muestras de ingenio. Como el sistema de pago inventado durante la pandemia actual. Ni en el bar ni en la tienda se utiliza el dinero convencional, sino un llavero magnético prepago con el que tomar un café o comprar el pan. No está mal para un pueblo de 12 habitantes cuyo alcalde, con 43 años, es la persona más joven. 

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