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Christian Petzold, cineasta: “Los efectos de los sistemas autoritarios se aprecian en grupos pequeños, como las familias”

El director alemán Christian Petzold estrena su nueva película 'Espejos nº3'

Javier Zurro

8 de abril de 2026 22:59 h

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Carlos Saura decía que analizar una familia era la mejor forma de radiografiar una sociedad. Las dinámicas de sus miembros, sus rencillas y dardos eran el reflejo de lo que ocurría fuera de las paredes de esa casa. Fue así cómo el director burló la censura franquista y logró ofrecer obras maestras como Ana y los lobos, La prima Angélica o Cría cuervos, estrenada apenas un año después de que Franco muriera.

Era de presuponer que un cineasta tan culto como el alemán Christian Petzold conociera el cine de Saura, pero hasta parece que asume sus mismos preceptos en su nueva película, Espejos nº3, que llega este viernes a los cines y en la que, a través de las grietas de una familia, consigue hablar de un mundo en descomposición. Lo hace sin subrayados ni monsergas, con su habitual elegancia tanto en lo narrativo como en la puesta en escena. Petzold, que se popularizó hace años con sus películas sobre la historia de Alemania (como En tránsito o Bárbara), lleva unas cuantas películas centradas en un presente desde el que sigue arañando las heridas de su país.

El festival D’A de Barcelona dedicó a Petzold su retrospectiva Focus de este año, y durante todo abril la Filmoteca de Catalunya mostrará todos los trabajos de uno de los autores más interesantes del cine europeo. En conversación con elDiario.es, Petzold confirma que por supuesto que conoce a Saura, y que “tiene toda la razón” en su forma de concebir la familia en el cine. 

Recuerda que junto a Harum Farocki, miembro destacado del nuevo cine alemán y colaborador junto a Petzold en los guiones de sus primeras películas, escribieron un manifiesto que todavía guarda y en el que hablaban de “cómo los efectos de los sistemas opresores, de los sistemas autoritarios, se aprecian mejor en la presión que ejercen sobre grupos pequeños como las familias, los sindicatos o incluso el amor”, pues “el amor cambia bajo los sistemas opresores”. “Ahí descubrí que la familia era el mejor lugar para contar lo que estaba pasando en el mundo, y en este caso he escogido a una familia que está al margen de las familias”, explica.

Un anti 'Teorema'

De alguna forma, Espejos nº3 funciona como el reverso del Teorema de Pasolini. Mientras que en aquella película un elemento externo, un joven seductor, llegaba a una familia para destrozarla a golpe de sexo, en esta ocurre lo mismo… pero al revés. También hay un elemento externo, esa joven a la que interpreta Paula Beer, que repite con Petzold. Es una joven que sobrevive a un accidente de coche en el que muere su pareja y que se queda a vivir unos días, sin motivo aparente, en la casa de la mujer que la socorrió.

Mientras que el filme del director italiano mostraba la decadencia de la familia burguesa y abogaba por destruir ese pilar clave en el neoliberalismo y la sociedad de clases, Petzold construye un Teorema para los tiempos actuales, donde solo la solidaridad y la empatía pueden cambiar las cosas. De hecho, él mismo confiesa que su filme nació cuando fue a ver Teorema a la filmoteca de Bolonia hace dos años y medio.

Foto de 'Espejos nº3', de Christian Petzold

“Allí se me ocurrió la historia de la película porque pensé que Pasolini hizo Teorema en un momento en el que el mundo estaba congelado y en el que la solución pasaba por la destrucción. Pero ahora los fascistas de todos los países están destruyendo el mundo y nos están llevando a una crisis permanente, así que pensé que si Teorema volviera a existir, lo que tendría que pasar es que viniera para reparar una estructura que está muy dañada”, argumenta sobre el fondo de su película. 

En lo que incide es en uno de sus tropos favoritos, las identidades suplantadas, algo que ya utilizó en filmes como En tránsito y que sigue usando porque para él “las identidades son siempre construcciones”. “No me interesa la identidad en sí, sino cómo se construye. Ver cómo se crea y cuánto disfrutan las personas construyendo sus identidades. Piensa en cuántas imágenes hay en la historia del cine de alguien falsificando su pasaporte. Esa alegría que se siente al salir de la propia identidad y adoptar otra. En esta película, una joven es encontrada por otra, y ninguna de las dos le pregunta su apellido, su profesión ni de dónde es. Yo sería muy feliz si alguien simplemente me preguntara mi nombre y me aceptara tal como soy. Me encantaría estar en una fiesta donde la segunda pregunta no sea: '¿A qué te dedicas?'”, opina.

Las películas en sí mismas son políticas. Hay una cita preciosa de Edwyn Collins que dice que ‘Hay demasiados cantantes que protestan, pero no hay canciones protesta’. La política está en el cine

Christian Petzold Cineasta

Todo ello con un toque de cuento de adultos. Una especie de Hansel y Gretel, con esa joven que entra en una casa de la que no sabe nada y donde todo parece ser más sospechoso de lo que aparenta. Petzold recuerda que la protagonista le preguntó por qué su personaje no tenía un pasado, y él le dijo que pensara en Alicia en el país de las maravillas, donde nadie sabe de dónde viene Alicia hasta que cae por la madriguera. Por eso enumera que hay más elementos de cuentos de hadas, como “la zapatilla perdida de la Cenicienta, la bruja de la casa o el hombre que mete a los niños dentro”, pero también detalles de otras películas, y menciona “el descapotable rojo de El desprecio de Godard”.

Petzold se muestra partidario de hacer un cine político, pero no le gusta dar discursos respecto a los problemas del momento. Habla claro de lo que dicen sus obras, pero nunca se le verá en una rueda de prensa opinando sobre ello. De hecho, dice con claridad que discute con sus amigos actores y artistas que sí que expresan “sus opiniones políticas”.

“Me parece absurdo que un director se suba a un escenario y tenga que responder preguntas sobre la guerra de Gaza, o que una actriz proteste ahí contra la mutilación genital femenina en Yemen. Creo que las películas en sí mismas son políticas. Hay una cita preciosa de Edwyn Collins que dice que ‘Hay demasiados cantantes que protestan, pero no hay canciones protesta’. Para mí, la política está en el cine. El cine es política”, zanja.

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