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El premio literario de AENA enciende el debate por su recompensa millonaria

Las finalistas al premio Aena de Narrativa

Carmen López

7 de abril de 2026 21:45 h

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Desde que a finales del pasado mes de febrero se anunció la primera edición del Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, la lluvia de opiniones sobre la iniciativa no ha cesado. Ha sido como un monzón en el sector que se prevé que cese cuando a las 22.00 horas de este miércoles se anuncie al ganador o ganadora del galardón que tanta polémica ha desatado. Después del fallo quizá la discusión se centre en si se lo merecía o era mejor la obra de otro de los finalistas, pero no en si un millón de euros para el vencedor y 30.000 euros para cada uno los cuatro finalistas son demasiado dinero o no o si ese dinero servirá para fomentar la lectura y la escritura. Porque este ha sido, principalmente, el núcleo del conflicto.

Aena, una empresa propiedad del Estado en un 51%, obtuvo, según sus cifras, un beneficio neto de 2.136,7 millones de euros en 2025, y el premio responde a su estrategia de Sostenibilidad Social. Según fuentes del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, la compañía gasta una cantidad considerable en publicitarse cada año, y su consejo de administración ha considerado que un premio literario importante sería mucho más efectivo. Además, con este movimiento se refuerza el área de responsabilidad social corporativa.

El galardón se concede a una obra de narrativa ya publicada en lengua española o cooficial traducida al castellano. Un primer grupo de periodistas y críticos culturales y literarios hicieron la primera selección, que pasó al jurado compuesto por Rosa Montero, la presidenta; Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Fernández Díaz, Leila Guerriero, José Carlos Llop, Élmer Mendoza; y los secretarios, sin voz ni voto, Sergio Vila-Sanjuán y Jesús García Calero.

Los cinco finalistas son: Héctor Abad Faciolince por Ahora y en la hora (Alfaguara); Nona Fernández, por Marciano (Penguin Random House); Marcos Giralt Torrente, por Los ilusionistas (Anagrama); Samanta Schweblin, por El buen mal (Seix Barral) y Enrique Vila-Matas, por Canon de cámara oscura (Seix Barral). Aena dice en las bases del concurso que adquirirá “un mínimo de 5.000 ejemplares de cada una de las obras finalistas y ganadora, con un importe máximo de 1.404.000 euros, para su donación a los trabajadores de Aena y a los ayuntamientos de los territorios en los que la compañía desarrolla su actividad”.

Los cinco finalistas del primer Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, galardón con una dotación de un millón de euros

En la rueda de prensa que tuvo lugar el pasado martes, los finalistas hablaron con los medios entre otras cosas de la polémica del dinero. Marcos Giralt sostuvo que es normal que empresas públicas o semipúblicas inviertan en arte, pero, el de la literatura es “un mundo tan pequeñito y tan acanallado, que surgen estas polémicas un poco absurdas”. “Creo que el millón de euros es una manera de atraer la atención sobre el premio”, apuntó. Con la ironía que le caracteriza, Héctor Abad Faciolince comentó que: “A los tenistas, si les dan un premio muy grande por un solo partido, mucho más grande que este, el gremio de los tenistas no protesta. Pero el nuestro sí, porque estamos hechos para criticar y está bien que sea así, pero los votos de pobreza no tienen por qué ser perpetuos”. Tanto Samanta Schweblin como Nona Fernández recordaron que es importante que existan los premios porque hay lugares en los que las humanidades están siendo jibarizadas.

No será la única acción de Aena con el sector editorial, tal como avanzan desde la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), que cuentan que se pusieron en contacto con el Ministerio de Cultura para trabajar con Aena de forma conjunta. “Hemos podido reunirnos con ellos un par de veces, para tratar de encauzar esa compra de libros por las librerías, que es donde se ha de comprar los libros. Celebramos que la dirección de Aena así lo considere y esté trabajando en un concurso público que beneficie a las librerías”, anuncian.

Desde CEGAL creen que hay que dar tiempo a este premio, porque “el prestigio se gana al andar, y de momento, acaba de aterrizar en este mundo, les queda mucho camino para poder asemejarse al Goncourt”. La institución quizá hubiera “distribuido de otra manera el importe de los Premios”, pero aplaude cualquier iniciativa que visibilice el libro y la lectura.

Objetivo: igualar al Planeta

La agente literaria María Cardona, representante de autoras como Alana S. Portero, Luna Miguel o Marta Sanz, da la bienvenida al galardón. “Todo lo que sea revalorizar la literatura me va a parecer bien porque creo que no nos queda otra”, señala. Como aquí aún no existe un galardón como el Goncourt o el Booker, cree que está bien un premio que quizá consiga que algunos libros lleguen a un público que de otra manera no lo harían. Sin embargo, considera que quizá el grupo de nominados sea demasiado homogéneo en cuanto a reconocimiento. Ella conoce muy bien los entresijos del premio inglés y declara que “ahí siempre hay algún nombre muy conocido y algún debut, siempre hay algo que sorprende y esos libros sí que acaban teniendo un impacto muy fuerte en ventas”. De momento, está a la espera de ver “si realmente tiene un impacto y el libro que gane empieza a vender y llega a todas las casas, que eso sí que lo consigue el Planeta”.

Paco Goyanes, el responsable de la librería zaragozana Cálamo, que cada año otorga un premio también al mejor libro publicado, expone que el planteamiento del premio no le parece correcto. “Creo que la cantidad con la que está dotado, no solamente el premio, sino toda la operación, me parece un despropósito. Y es una empresa de carácter semipúblico, no me parece muy correcto en general. No creo que de esa manera se promocione más la lectura. Evidentemente, el premiado y los finalistas puede ser que se vendan más, es cierto”, afirma.

Enrique Murillo, autor de Personaje secundario. La oscura trastienda de la edición y conocedor a fondo del sector editorial del país, se posiciona en contra. “La sola idea de igualar al Premio Planeta en cuanto a la bolsa de un millón de euros retrata perfectamente qué clase de premio es y qué se entiende por prestigio, por cultura, por lectura... en este país”, dice a elDiario.es. Asimismo, critica que ninguno de los libros seleccionados como finalistas se ha publicado en una editorial pequeña, lo que para él es un “fiel retrato de cómo van las cosas”. Cuatro de las obras pertenecen a los dos grupos editoriales más fuertes en España, Penguin Random House y Planeta (dos cada uno) y el quinto a Anagrama, que pertenece al grupo Feltrinelli. “Tampoco los suplementos literarios de los diarios encuentran casi nunca espacio para libros de editoriales chiquitinas”, añade.

A los tenistas, si les dan un premio muy grande por un solo partido, mucho más grande que este, el gremio de los tenistas no protesta. Pero el nuestro sí, porque estamos hechos para criticar

Héctor Abad Faciolince Escritor y finalista al premio

El escritor y editor Constantino Bértolo, exresponsable de sellos como Debate y Caballo de Troya, cree que las características económicas del premio le hacen perder “cualquier posibilidad de alcanzar dignidad literaria alguna”. Tanto el dinero que recibe el ganador como los finalistas —“ya sabemos que ninguno ha denunciado o renunciado a la parte del botín”— le parece un “asalto a las naves del Estado”, por el carácter semipúblico de Aena. Y apunta que servirá para el nombre del presidente de Aena, Maurici Lucena, quede unido “como referente cuando se hable de la política cultural de este país”.

El Booker y el Goncourt, los referentes

Aunque en España existen premios a obra publicada como los de la librería Cálamo, Finestres o Todos tus libros, no tienen el recorrido y el prestigio de otros como el Booker Prize de Inglaterra o el Prix Goncourt de Francia. Un objetivo de Aena es ponerse a su nivel, aunque parte con diferencias esenciales como el dinero: la dotación del británico es de 50.000 libras esterlinas y la del francés unos simbólicos 10 euros. Para Murillo, intentar compararse con ellos ha sido “disparar con pólvora mojada”. “De nuevo, como con el Planeta, se parte de esa idea mítica de que el premio es como sacar el Gordo de la Lotería en Navidad. Esta clase de premios nace desvinculado de la idea de ‘literatura’. Nada que tenga que ver con la seriedad, el rigor, el esfuerzo, la invención, la visión de las contradicciones sangrientas del ser humano como individuo o como colectivo”.

La sola idea de igualar al Premio Planeta en cuanto a la bolsa de un millón de euros retrata perfectamente qué clase de premio es y qué se entiende por prestigio y por cultura en este país

Enrique Murillo Escritor y editor

Hay voces en la cultura que valoran positivamente la atención que acarrea un premio como este. Pepe Verdes, director de Librotea, una web especializada en recomendación de libros activa desde 2016 y que publica bajo el paraguas de elDiario.es, considera que “tener un premio que celebre la literatura siempre es una buena noticia”. “Es un sector que constituye casi el 3,5% del PIB de España y, por tanto, necesita y merece una valoración desde cualquier industria. En este caso si viene de la industria espacial o aérea, me parece muy bien”.

Además, cree que se ha especulado de una manera “torticera” acerca de la cuantía porque aunque en el español el premio principal sea de un millón de euros, la repercusión de los otros dos es tan alta en sus países, que sus ganadores ganan aún más. “Este es un premio a un libro ya editado y aquellos son premios para vender libros, que en el caso del Goncourt y del Booker está entre 800.000 y un millón de ejemplares”, afirma y concluye que, según sus cuentas, “a cada autor le toca entre dos millones y dos millones y medio de euros”.

Cómo fomentar la lectura

Otro de los vértices de la polémica es si este galardón servirá realmente para la promoción de la lectura. Paco Goyanes no está muy convencido, ya que piensa que es una repetición de lo que ocurre en muchas ocasiones con el dinero de las instituciones públicas: se invierte mucha cantidad en un evento en concreto y luego falta para otras cosas también necesarias. María Cardona, por su parte, considera que al tratarse de una empresa pública quizá podrían realizarse otras iniciativas como dar becas o crear residencias literarias para ayudar a los escritores.

La escritora Rosa Montero, presidenta del jurado del Premio AENA de Narrativa Hispanoamericana, da a conocer los nombres de los finalistas de galardón este miércoles en la librería La Mistral de Madrid. Los finalistas son: Héctor Abad Faciolince (Colombia), Nona Fernández (Chile), Samanta Schweblin (Argentina) y los españoles Enrique Vila-Matas y Marcos Giralt Torrent. EFE/ Sergio Perez

La asociación Mi Pueblo Lee ganó el Premio Nacional al Fomento de la Lectura en el año 2024, dotado con 30.000 euros. Su presidenta, Maribel Medina, recuerda que el eco del premio fue “brutal” y que gracias a todas las colaboraciones que consiguieron han estado casi hasta ahora sin tocar ni un céntimo de lo que recibieron por parte del Ministerio de Cultura: han llegado a nuevos pueblos en Canarias, han organizado la segunda edición de un festival sobre violencias machistas en el mundo rural, han pasado su club de lectura de virtual a presencial y han apoyado otras asociaciones. “Somos ahorradoras, todavía nos queda dinero para gastar”, admite.

En cuanto al premio Aena, se muestra indecisa: le parece bien que se vayan a comprar libros y le parece que el jurado está muy bien escogido “y su presidenta”, ya que confiesa que Rosa Montero no es solo su amiga, sino “una persona cultísima”. Le chirría que la cantidad que se lleve el ganador o ganadora sea la misma que la del premio Planeta porque lo considera marketing. Para ella, la mejor manera de impulsar la lectura es: “Ahondar en las personas no lectoras, porque si haces un acto en el que va a ir alguien muy famoso, el público lector ya lo tienes asegurado, y ese alto tanto por ciento de la población que no lee no acudirá”.

Enrique Murillo cree que “la promoción de la lectura hay que hacerla cambiando radicalmente el sistema de enseñanza de la literatura en las escuelas, quitando del aula la tableta y volviendo al libro en papel y suprimiendo premios supuestamente literarios que convierten la escritura en un circo”. “Abaratando el precio de los libros, sobre todo ahora que el alquiler de la vivienda está por las nubes”, añade. Para él, mientras que en España la venta de libros de bolsillo no alcance el 30% del total, la lectura no será tan popular como en la parte de Europa en la que se lee.

Todo lo que sea revalorizar la literatura me va a parecer bien porque creo que no nos queda otra

María Cardona Agente literaria

“Para que haya mucha lectura los libros han de ser baratos. Nosotros tenemos un índice inferior al 10% en la parte que representa el libro de bolsillo en el total de ventas del sector. En España, nos hacemos trampas jugando al solitario”, continúa. Murillo señala también que las encuestas del índice de lectura que publica el Ministerio de Cultura son “una engañifa” porque con ‘lectores frecuentes’ se refieren a aquellos que leen un libro cada tres meses. “Dentro cinco años (si dura tanto) el Premio Aena no habrá hecho subir en absoluto ese índice. Quizás aumente algo, pero el libro ganador no hará que haya más lectores, sino que concentrará la compra de libros en una única novela”, concluye.

Lucía Nistal, Doctora en literatura por la Universidad Autónoma de Madrid, considera que el premio Aena es una estrategia de marketing que no sirve para promocionar la lectura. Para esto hace falta “más dotación para bibliotecas, aulas con menos ratio que permitan trabajar más y mejor la lectura, o que no se arrincone cada vez más a las humanidades en las universidades públicas”. “Sobre todo, necesitamos tiempo para leer, que no es una cuestión individual, es social, depende de cómo está organizada la sociedad, del tiempo que nos vemos obligados a trabajar, de los desplazamientos hasta el trabajo, de la precariedad, de las tareas de cuidados… Y así el debate pasa de ‘la gente no lee’, a ‘qué condiciones tenemos para poder leer’”, zanja.

Su pensamiento está en la misma órbita que el de Constantino Bértolo, quien cree que este premio beneficia sobre todo al “capital editorial” multinacional. El exeditor recurre a una escritora feminista de referencia para reflexionar sobre el fomento lector: “Para leer, como diría Virginia Wolf, se necesita una habitación propia y un tiempo propio. El mejor fomento de la lectura posible sería reducir la jornada laboral y acabar con la especulación inmobiliaria”.

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