Jean-Baptiste Del Amo, escritor: “En los 90, los discursos racistas o patrióticos ocupaban menos espacio de debate”
Aunque, a veces, a las comparaciones literarias haya que restarle uno o dos grados de entusiasmo, si los referentes son Stephen King, David Cronenberg o Lovecraft, la cosa pinta bien. Es el caso de La noche devastada, la última novela de Jean-Baptiste Del Amo que la editorial Seix Barral acaba de publicar en España con traducción de Lydia Vázquez. En esta ocasión, el multipremiado autor decidió utilizar el género del terror para indagar en las preocupaciones de un grupo de adolescentes en los años 90 a las afueras de Toulouse.
Si se revisa su biografía, se puede comprobar que hay muchas coincidencias con su libro: creció en el mismo sitio, en esa época y tuvo inquietudes parecidas a las de Alex, Mehdi, Max, Thomas y Lena, los protagonistas. Del Amo explica que él fue un gran fan del cine y la literatura fantástica en esa edad, lo que le ayudó a dibujar la atmósfera de ese periodo. “Creo que si hubiese hecho un texto puramente realista, no habría conseguido decir algo de una manera tan abstracta y subjetiva de lo que fue crecer para mí en aquellos años”, dice a elDiario.es en Barcelona, donde afirma que este es su trabajo más autobiográfico: “He escogido lugares propios, personajes con los que conviví y he puesto mucho de mi propia experiencia, sobre todo en el relato de los cinco protagonistas”.
En La noche devastada aparece un escenario clásico de las obras de este tipo de literatura: la casa. Los chavales no pueden resistirse a la fascinación que les provoca ese edificio abandonado en el barrio donde viven y no hacen caso al lector que les dice con el pensamiento: “No entréis ahí”. En la vida real, muchos de estos espacios abandonados son puntos de reunión de jóvenes o incluso de refugio si su realidad familiar no es la deseada.
“En la historia de la literatura o del cine de terror la casa encantada siempre ha sido el castillo o la casa gótica. O sitios más modernos, pero un poco al margen de la sociedad como, por ejemplo, un hospital psiquiátrico abandonado, y yo quería el contrapunto de esto, escogiendo un escenario en el centro de la normalidad de un barrio residencial”, especifica. Así pudo explorar el entorno y los miedos que conformaron parte de su experiencia vital.

Él se identifica como “persona queer” y reconoce que en la década que rememora tuvo que establecer su propia relación con la masculinidad, un tema que ya había aparecido en títulos anteriores. “En aquel momento no tenía muchos puntos de referencia y sentí rápidamente lo que me separaba de otros chicos de mi edad. Dentro de su marco había cosas que prácticamente hacían que la comunicación fuera imposible”, comenta. Encontró su lugar en la compañía femenina, donde la sensibilidad estaba autorizada: “Esto sin duda aparece en La noche devastada, porque el terror me permitió encarnar de una forma física y con imágenes muy potentes este tipo de temáticas”.
Además, en la cultura halló espejos en los que mirarse o respuestas que llenaban sus vacíos. Como aficionado al género que escogió para su última novela, habla de obras con “personajes de mujeres fuertes, potentes, que tenían que luchar contra una amenaza que, en realidad, era la encarnación de la violencia machista patriarcal. Como Sarah Connor en Terminator o Ellen Ripley en Alien”. Así descubrió que “había heroínas que se rebelaban, y creo que para los jóvenes queer encarnaron una especie de ideal, porque mostraban que frente a la violencia del mundo era posible la resistencia”.
Un momento más peligroso
Del Amo considera que el panorama actual es bastante peor que el de los años 90 en Francia, porque entonces no vivían amenazados por conflictos bélicos, mientras que ahora gran parte del planeta teme la proximidad de una guerra. “Ha habido una globalización de la violencia. En aquel momento, como mucho se podía intuir un poco, pensábamos que se había llegado a una forma de equilibrio geopolítico” afirma. Y añade que el conservadurismo y el extremismo político han surgido como una reacción a los avances sociales conseguidos desde entonces, como el reconocimiento de los derechos de las mujeres y las minorías queer.
Asimismo, señala el aumento del rechazo a la inmigración: “Esto quizá es más específico en el caso de Francia que en España, porque ambos países no tienen la misma historia respecto a este asunto”, reflexiona y añade: “El tema de la seguridad ahora es central en el debate político francés y no era así en los años 90, los discursos racistas o patrióticos no ocupaban el mismo espacio en el debate público. En cambio, hoy la gente asume sin tapujos el poder votar a la extrema derecha”.
Ha habido una globalización de la violencia. En aquel momento, como mucho se podía intuir un poco, pensábamos que se había llegado a una forma de equilibrio geopolítico
Sus abuelos paternos emigraron a su país por la Guerra Civil española desde Ciudad Real. Pero tuvieron que adoptar sus usos, costumbres e idioma, así que apenas le llegó nada de esa herencia cultural. “Mi padre se llama Pedro, pero en las cartas que recibía de la administración francesa le llamaban Pierre”, rememora. “Cuando yo era adolescente le decía que avisara para que se lo cambiasen, pero él me respondía que daba igual, que era lo mismo”, añade. Así, parte de su identidad española quedaba escondida. “Yo, por ejemplo, lamento no haber escuchado español en casa cuando era niño”, manifiesta. Ese requerimiento de abrazar la cultura del lugar al que llegan y el olvido de la propia no difiere tanto del actual que requiere a los migrantes que ‘se integren’. Para Del Amo, en Francia pasa por la renuncia a la propia lengua.
Un futuro de creación
Su próxima obra estará, precisamente, ambientada en España. Señala que quizá se ha adelantado un poco al hablar de ella porque aún no está acabada y nunca se puede estar seguro de si un libro se escribirá por completo hasta que sucede. Pero confiesa que tenía muchas ganas de escribir una trama que se desarrollase en este país, ya que para él es un territorio imaginario muy íntimo: “Yo he proyectado mucho en esta parte misteriosa de mi historia familiar”.
En esta visita ha podido pasar unos días en Madrid, lo que le ha permitido “enfrentarse” a la topografía de la ciudad. “Es una novela que tiene lugar en la época contemporánea y que va a ser como un viaje por España a nivel de territorio y hay una exploración imaginaria de los fantasmas”. En esta ocasión “la historia girará en torno a la temática del amor homosexual y la memoria”, mantiene.
Del Amo es un escritor con una buena ristra de premios a sus espaldas (ganador del Premio Goncourt con su primera novela, finalista del mismo en otra ocasión y galardonado con el Premio Fnac, entre otros). En su país, el Estado ofrece cierta protección a la edición y al cine –y, por lo tanto, a los artistas–, pero siente que un posible gobierno de extrema derecha en las próximas elecciones presidenciales podría terminar con ella. Además, percibe que “la lectura se está polarizando. Hay toda una parte de la literatura que podría desaparecer y escritores que están precarizados”, afirma. “Mido con precisión la suerte que tengo hoy de vivir de mi escritura y no considero que esta suerte o libertad la tenga que dar por sentado. Yo tengo 44 años y si mañana no puedo vivir de mis libros, la verdad es que no sé de qué lo voy a hacer”.
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