¿Por qué tu favorita de los Oscar (sea cual sea) debe ganar a Mejor Película?

A veces cometemos el error de dar demasiado pábulo a las encuestas. “La favorita de los Oscar” es una afirmación arriesgada y suele depender más de lo que creemos que van a premiar los académicos de Hollywood que de lo que nos conmueve de verdad. Por eso, en el año de la 90 edición de los Oscar, no hemos querido sentar cátedra con una sola película. Hay gustos para todos los colores y en nuestra redacción los hemos encontrado especialmente heterogéneos y cargados de argumentos.

Cada cual con una favorita distinta, nueve redactores y redactoras defendemos la que para nosotros debería ganar a Mejor Película el próximo domingo. He aquí el resultado:

Tres anuncios a las afueras

Tres anuncios a las afuerasPor Jesús TraviesoJesús Travieso

Lograr que el público se ría con una historia especialmente trágica es algo a lo que muy pocos pueden aspirar. Pocos se acordaban ya de Martin McDonagh, que sorprendió a todos con aquel estrambote llamado Escondidos en Brujas. Por medio de una actuación memorable de Colin Farrell, demostró que puede ser capaz de manipular al público para que se sienta cómodo en un argumento desagradable. Una técnica que ha llevado a la perfección en Tres anuncios a las afueras, que desde hace semanas ya es la gran favorita para hacerse con el premio más importante por distintas razones.

Uno de los motivos por los que su filme está destinado (o debería) a ganar en estos Oscar es por haber recuperado la comedia negra para unos galardones de este tipo. Que una película sin filtros capaz de ofender a numerosos colectivos se haya convertido en una de las más vistas en estos meses supone un gran mérito. El mejor ejemplo es la escena del sacerdote, a la que se suman algunas de los policías que persiguen a la madre protagonista.

El otro gran motivo es haber elegido a una mujer para contar una historia tan potente. La actuación de Frances McDormand es una de las mejores de los últimos años. Y que representa a la perfección ese perfil independiente y luchador que ha despertado en muchas mujeres tras años de silencio gracias al movimiento #MeToo. Una coincidencia perfecta para una película que tiene otra gran ventaja con respecto a las demás nominadas: ha sorprendido contando una historia relatada mil veces en el cine.

La forma del agua

La forma del aguaPor José Antonio LunaJosé Antonio Luna

La película de Guillermo del Toro no aspira a más que a contar una fábula entretenida sin aires de grandeza. Es justo lo contrario de lo que ocurre con Dunkerque y los 30 minutos de planos al entrecejo de Tom Hardy o con el descafeinado sarcasmo surrealista de Tres anuncios a las afueras, que intenta parecerse a los Coen sin ser de los Coen. La forma del agua no oculta sus debilidades abanderándose como crítica a los paletos de Missouri. Solo hay lo que vemos, sin interpretaciones entrelíneas.

Su simpleza también tiene una parte negativa: no es una obra memorable, de esas que con los años acaban en los estantes de los coleccionistas. Recuerda demasiado Amèlie con el factor Bella y Bestia (sin síndrome de Estocolmo), las tramas ya están un poco manidas, y las pocas reivindicaciones sociales que vemos tampoco es que sean tan reivindicativas. Pero, a pesar de todo, como producto cumple su función. Además, tampoco estaría mal que la Academia, para variar, reconociera a la ciencia ficción en el lugar donde La naranja mecánica, E. T. El Extraterrestre o Star Wars: una nueva esperanza pasaron desapercibidas.

Call me by your name

Call me by your namePor Francesc MiróFrancesc Miró

La victoria de Moonlight en los Oscar del año pasado supuso un hito por varias razones. Por una parte, suponía una suerte de reacción al movimiento Oscars so white, y por otra, se convertía en el primer Oscar a Mejor Película de la historia otorgado a un relato propiamente LGTBI. Curiosamente fue un drama social el que le había arrebatado aquella estatuilla a la película que más cerca estuvo de conseguirlo: Crash ganó a Brokeback Mountain y luego Spotlight ganó a Carol.

Sin embargo, la victoria de Moonlight no significa la normalización de la representatividad. Las narrativas LGTBI se han vinculado casi siempre a la estatuilla por actuación y no al premio gordo aunque fuesen, muchas veces, las mejores películas del año. Y resulta que cuando un film estaba cerca de conseguirlo, se trataba de un film con un poso dramático entorno a la diversidad afectiva. Eran historias de gente que lo pasa mal por ser homosexual, que es castigada socialmente por serlo, gente cuya condición sexual hace sufrir a los de su entorno o la lleva incluso a la muerte. Philadelphia, Brokeback Mountain, Dallas Buyers Club, La vida de Adèle, Carol, Moonlight.

Call Me By Your Name propone un discurso profundamente vitalista. Narra un proceso de aprendizaje sin consecuencias negativas, sin contrapartidas. Un amor de verano cuya deliciosa puesta en escena se acerca a las texturas, a las sensaciones, al despertar sexual de una forma sinestésica. Experiencia audiovisual tierna y emocionante que nos hace vivir y revivir la confusión de los primeros escarceos amorosos como un proceso vital de formación emocional. Que nos hace llorar pero entender que no todas las lágrimas son amargas. Una película tan bella que uno quiere vivir en ella. ¿Y qué es el cine sino un truco de prestidigitador que nos hace vivir historias ajenas?

Lady Bird

Lady BirdPor Belén RemachaBelén Remacha

Se ha calificado a Lady Bird como “la típica película indie”. Yo creo que limitar a su estética un filme como este es bastante injusto. Mucho de lo que sabíamos del cine de instituto y hipster está aquí, pero Greta Gerwig le da una vuelta para demostrar que desde todos los puntos se pueden contar buenas historias, historias importantes (y la de una preuniversitaria y sus miedos, sueños y descubrimientos a estas alturas ya tenemos que saber que lo es). Además, lo hace ahorrándose el conservadurismo yanki que recordamos de Juno a cambio de un mensaje que implica género, clase y arte.

Lady Bird es un regalo para toda esa generación que ya ronda los 30 necesitada de una nostalgia de los 2000 todavía no tan explorada. Me gusta cómo dibuja la relación entre madre e hija, que se contrapone pero complementa a Tres anuncios a las afueras: menos exagerada (y por tanto menos concluyente) pero con la que nos podemos identificar más.

También que Saoirse Ronan (¿quién no se parece a ella o tiene una amiga que le recuerda a ella?) sea la verdadera anti Manic Pixie Dream Girl, la que vomita borracha sin resultar mona o tiene desastrosas experiencias sexuales. Y pensar que lo tiene fácil por ser “la película de mujeres” de estos primeros Oscar de la era post Weinstein es no haber entendido nada (sobre todo, porque realmente no tiene ninguna posibilidad de ganar).

Los archivos del Pentágono

Los archivos del PentágonoPor Ander Iñaki OlidenAnder Iñaki Oliden

Pongamos que quien escribe esto no es periodista, que no se ha manchado con la tinta de un periódico recién salido de una rotativa o que no ha sentido la mezcla de vértigo y orgullo que produce publicar ciertas informaciones. Y aún así, restándole las inevitables punzadas de emoción que implica ver una oda a la profesión, The Post (Los archivos del Pentágono) sigue mereciendo el Oscar.

Steven Spielberg ha cuajado una película con hechuras de clásico que casi actúa de precuela de la mítica Todos los hombres del presidente. El guion consigue explicar unos hechos históricos tremendamente complejos con la agilidad, la tensión, la emoción y las dosis de humor necesarias para enganchar al espectador durante casi dos horas que acaban haciéndose cortas. Y el reparto lo lleva más allá: Tom Hanks, al que le conocemos ya todas las muecas, sorprende para bien; Bob Odenkirk clava a un periodista con todas las horas y más de oficio; y Meryl Streep hace un trabajo impresionante con una Katherine Graham que no solo es la protagonista de la historia, sino el personaje con mayor arco dramático y más matices. Es su nominación número 21, pero debería ser su cuarto Oscar.

Por tanto, sí, The Post es una gran película y merece el Oscar por sí misma, pero añadamos, además, el contexto: es un buen momento para reconocer el valor de la libertad de prensa frente a un poder político capaz de cualquier maniobra con tal de acallarla, y también es hora de encumbrar la historia de una mujer que con todo en contra y mucho que perder se impuso en un mundo de hombres.

Dunkerque

DunkerquePor Mónica ZasMónica Zas

Christopher Nolan no estuvo demasiado diestro a la hora de gestionar los tiempos del estreno de Dunkerque ni invisibilizando a los soldados indios que lucharon junto al ejército británico. Pero nada de eso ha impedido que, ocho meses después de pasar por la cartelera, sea tomado en cuenta en los premios de cine más importantes del planeta. Y no es casualidad.

Nolan maneja como nadie el arte de crear sensaciones en la butaca. A veces no se necesita más que el sonido de los cascotes de los barcos o del corazón desbocado de un chaval para sumergir al espectador en esta impresionante y sangrienta operación militar. En mi opinión, el guion de Dunkerque está lejos del nivel de Interestellar u Origen en originalidad, pero en cambio ofrece esa sobriedad y el hermoso poderío visual que -por desgracia- solo tienen las peores masacres.

El británico ha compartido una historia personal y dolorosa (su abuelo falleció en las orillas de Dunkerque), y como recompensa podría llevarse fácilmente este Oscar. No será una opinión muy popular, pero la figura del director tampoco lo es y eso no evita que coseche una taquilla prodigiosa con cada una de sus peliculas.

Déjame salir

Déjame salirPor Lorenzo AyusoLorenzo Ayuso

Déjame salir no necesita tanto el Oscar como los Oscar necesitan a Déjame salir. A diferencia de otras contendientes de este año, de cualquier año, la ópera prima de Jordan Peele no tendrá que terminar la noche abrazado al eunuco dorado para justificar su mera existencia. Su presencia en la terna a mejor película es una bendita brecha del sistema.

Sumido Estados Unidos en la histeria trumpiana, esta furiosa sátira racial será la más enérgica representación de estos tiempos de desconfianza que encuentre Hollywood en esta nonagésima edición. Premiarla sería también la azotaina más oportuna que pueda propinarse la institución para seguir corrigiendo décadas de condescendencia hacia los artistas negros.

La estatuilla sería una recompensa justa a la colosal proyección obtenida por una obra tan pequeña como afilada; una cortesía a un género tan vilipendiado como lo ha sido siempre el terror. Sus méritos son inapelables... Pero a un filme como este no le hacen falta trofeos para trascender. Para incomodar. Qué demonios, que no gane. Así siempre tendremos oportunidad de oír a algún inicuo académico afirmar que “hubiera votado dos veces Déjame salir al Oscar como mejor película de haber podido”.

El instante más oscuro

El instante más oscuroPor Marta GastónMarta Gastón

No nos vamos a engañar. La cinta del británico Joe Wright se sitúa a la zaga de Tres anuncios a las afueras, líder en las quinielas, a pesar de contar con argumentos de peso para alzarse con la estatuilla dorada.

No en vano, si por algo destaca El instante más oscuro, al margen de la portentosa actuación de Oldman, es por su excelente banda sonora, su fotografía, y su cuidada puesta en escena, elementos que posibilitan la fiel recreación de uno de los momentos más delicados de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque Wright se toma algunas licencias históricas (muy comentada ha sido la escena en la que Churchill se adentra en el metro para preguntar al pueblo si debe claudicar o continuar luchando contra el nazismo), el resultado es igual de efectivo:

El retrato íntimo de un político que ejemplifica a la perfección cómo hacer frente al odio y la intolerancia; o, lo que es lo mismo, cómo ejercer el liderazgo en tiempos de crisis, algo que en la era de Trump y el Brexit no puede ni debe ignorarse en una ceremonia tan reivindicativa como los Oscar.

El hilo invisible

El hilo invisiblePor Raúl GonzálezRaúl González

Casi todos creemos tener nuestra propia concepción de lo que significa o representa el amor en la vida. A pesar de lo complejo que resulta definir la palabra. El hilo invisible se encarga de romper por completo con el arquetipo que siempre ha triunfado en Hollywood y nos presenta uno nuevo. Lo hace mientras enfrenta, en la mente de Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis), los distintos tipos de amor que el personaje conoce.

Una batalla interna para descubrirse a sí mismo y saber qué es lo que debería prevalecer: el amor a su madre, tan rígida con él en su niñez que aún la tiene presente; el amor al trabajo, por el que vive y que lleva ejerciendo con pasión toda su vida; o el amor por su pareja, Alma (Vicky Krieps), a la que acaba de conocer y que está desmontando sus esquemas.

La dirección de Paul Thomas Anderson combina todos los elementos de manera magistral y sumerge al espectador hasta el fondo. Transmite cómo el amor por Alma supone para Woodcock algo más inquietante que confortable. Y muestra cómo en un mundo de lujo y aparentemente perfecto, en el Londres de los 50, estos nuevos sentimientos afloran como algo a lo que temer. Todo dentro de una mansión impoluta donde la tensión se palpa en el ambiente.

Una película digna de dar la sorpresa para llevarse los grandes premios de la noche del domingo. Y en la que si Daniel Day-Lewis resulta premiado, agrandaría su leyenda como intérprete más galardonado de la historia de los Oscar, con cuatro estatuillas a Mejor Actor.