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Julieta Serrano: "Soy tímida, insegura, trabajadora, tenaz y un poco cobarde"

Madrid —

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Madrid, 28 jun (EFE).- "Tímida, insegura, trabajadora, tenaz y un poco cobarde" así se define Julieta Serrano, gran dama del teatro con más de 70 años de tablas sobre los hombros, días antes de recibir el XXI Premio Corral de Comedias del Festival de Almagro por su amplia trayectoria en la que ha abordado un vasto patrimonio del Siglo de Oro.

"Con la edad he empezado a ser menos exigente conmigo misma", ha dicho este lunes en una entrevista con EFE Julieta Serrano, quien se muestra "satisfecha" con su carrera.

"Me siento muy querida, fíjate la cantidad de premios que me están dando. ¿Me merezco tanto?", se pregunta entre risas al mismo tiempo que se contesta: "Bueno, algo tiene el agua cuando la bendicen, pues eso, algo debo de tener".

"El teatro es pura vida y alimento para el alma, genera emoción y ayuda a entender quién eres y qué es la vida", explica con entusiasmo e ilusión esta actriz nacida en Barcelona en 1933.

Una ilusión que mantiene intacta desde que comenzara en este oficio, que le ha ayudado a vencer su timidez y autorrepresión de niña de posguerra.

Empezó a trabajar a los 15 años como dibujante en el Taller Morató para ayudar en la economía familiar. "He sido buena copista, podría haber sido una buena falsificadora", dice con sorna.

Con buenas aptitudes artísticas, sus padres le apoyaron para que dirigiera su futuro hacia el dibujo, "el teatro era un trabajo inseguro, no era de esas empresas en las que entras como botones y te jubilas en ella", explica la actriz al tiempo que reflexiona: "Fíjate, ahora ningún trabajo ya es para toda la vida".

En esos años, ella cumplía con la obligación laboral. Después se volcaba en el teatro de aficionados, allí "me sentía plena", dice la actriz que recuerda que ha crecido en una familia que amaba el teatro, "mis abuelos tenían una compañía de zarzuela, mi padre fue actor frustrado, llevo el teatro en mis genes".

A los 13 años actuó en un Don Juan en su barrio natal; la oportunidad profesional le llegó de la mano de Miguel Narros y de José Luis Alonso, "mis padrinos teatrales".

Su primer estreno en Madrid, bajo la dirección de Narros, fue "La rosa tatuada" de Tenesse Williams. Después, también con él, descubrió el teatro clásico. "No lo conocía, era una ignorante y analfabeta en ese sentido", puntualiza la actriz quien reconoce que Narros le hizo entender que el teatro clásico era "algo vivo, de risa, de llanto, de humor y lo que significaba en la cultura española".

En esa época no existía el Festival de Almagro, "pero sí el Corral de Comedias, en el que debuté con 'La dama duende'", cuenta Serrano quien asegura que a partir de ese momento "lo he vivido y disfrutado (el teatro) en toda su plenitud".

"Encantada y feliz" con este premio, mira hacia atrás y se da cuenta de la suerte que ha tenido. "Cuando llegué a Madrid tuve la fortuna de caer en gracia, gusté y comencé una carrera que me ha llenado de alegría".

Bien es cierto que también ha pasado por momentos difíciles, oscuros, "era una angustia esperar la llamada de un nuevo proyecto, pensar si podía vivir de la interpretación, jamás imaginé que pudiera vivir de este oficio".

Se siente orgullosa de su tenacidad. "Siendo tímida, medrosa y miedosa, quizá por la época que viví, he sido muy trabajadora", cuenta una de las actrices de la película "Dolor y gloria" (2019).

Le hubiera gustado hacer algunas cosas de otra manera, "soy una insegura y, claro, me arrepiento de cosas". Serrano también confiesa haber dudado mucho de mí misma, además de hacer grandes esfuerzos para creer en sí misma, "para quererme, soy una persona sensible".

Siete décadas de trabajo en la que se incluyen hitos que han marcado el teatro y también el cine español. "Empecé con muy buen pie con los hermanos Ozores, todos me pronosticaban un carrerón en el cine", recuerda Serrano, que no pasa por alto su trabajo junto a Jaime de Armiñan en la película "Mi querida señorita" (1972), "me abrió la puerta".

En esos años realizó proyectos, "pero no eran grandes papeles", dice sin queja. "He hecho cosas en el cine muy bonitas y con directores que me han gustado mucho, pero el cine ha sido esquivo conmigo".

"No daba el perfil. Mi belleza no deslumbraba, tampoco tenía una vis cómica como la gran Rafaela Aparicio, era demasiado seria, estaba encasillada en lo dramático, no encajaba en las películas del destape de aquella época".

Hasta que llegó Pedro Almodóvar. "Primero apareció como amigo, luego como director", cuenta.

Ahora, a sus 88 años, saborea la vida y espera que le llegue un nuevo proyecto, "un autor nuevo, joven con talento, algo novedoso que me colme de alegría".

Carmen Martín

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Publicado el
28 de junio de 2021 - 14:52 h

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